Amanda Lear: "Dalí no tenía relación sexual alguna porque era impotente"

  • La relación de esta modelo con Salvador Dalí, fallecido tal día como hoy hace 24 años, fue tan comentada como algunas de las extravagancias del pintor. Coincidiendo con la realización de una retrosprectiva sobre el artista, Ella habla sin tapujos sobre su relación con el genio.

El centro Pompidou de París y el museo Reina Sofía de Madrid han organizado una muestra conjunta dedicada al genio de Cadaqués. Más de 200 pinturas de Dalí se exponen en el centro francés hasta el 25 de marzo y llegarán a España el 24 abril. Una muestra que deja patente sus influencias y obsesiones. Amanda Lear, quien fue su musa nos hace un retrato del artista: el de un hombre galán y tirano, sobrio y excéntrico, pero, ante todo, entrañable.

Hoy Corazón Usted estaba enamorada de Dalí. Sin embargo, cuando entró en su vida, allí estaba Gala, su mujer.
Amanda Lear
¡Yo no sabía que estaba casado! Yo estudiaba en la Escuela de Bellas Artes y salía con Brian Jones, guitarrista de los Rolling Stones. Tenía 17 o 18 años cuando nos cruzamos por primera vez en Castel y él me gritó: «Tienes la calavera más bonita que he visto nunca» y me sentí molesta. Él se dio cuenta y me explicó: "Querida, un esqueleto de buena calidad es la cosa más importante de la vida". Para mí era un gilipollas, pero como quería conocer a Brian Jones, nos invitó a almorzar al día siguiente. Dado que Brian estaba, como siempre, demasiado colgado, acudí sola. Allí descubrí a otro hombre. Recitaba poemas de Lorca, me miraba y decía: «Nunca más nos separaremos».

H.C. ¿Le echaba los tejos como si hubiera estado soltero?
A.L.
Exactamente. Y una tarde, me anunció: "Mañana, llega mi mujer. Te la presentar"». Y añadió: "Hay que tener mucho cuidado. Gala es especial". Me explicó cómo debía vestirme y comportarme. Cuando llegó ella, me vendió como un comerciante. Yo desfilaba ante ella, pero veía la consternación de Gala.

H.C. Es comprensible.
A.L.
Eso se arregló cuando fui invitada a Cadaqués. Llegué sin maquillaje y Gala me vio al natural. Le gustó mucho. 15 días después, me llevó a su dormitorio porque se marchaba a Grecia con un gigoló y dejaba a Dalí a mi cuidado. "Nunca lo he hecho. Si le pasa algo, serás la responsable", me dijo. Yo estaba inquieta, porque además Dalí quería ir de fiesta a Barcelona. Una vez allí, se compró unos zapatos con los que resbalaba. Así que hice unas muescas en las suelas y resolví el problema. Dalí se quedó atónito. Me veía como una modelo etérea y así descubrió mi parte terrícola y llamó a Gala para contárselo. Ella estaba emocionada.

H.C. ¿Hablaron de esta forma tácita de compartir a Dalí?
A.L.
No compartíamos. Dalí no tenía relación sexual alguna porque era impotente. Decía que los genios no deben reproducirse: "¿Te imaginas al hijo de Miguel Ángel conduciendo un taxi?". Con Gala, vivía un amor cerebral. Sin ella, estaba perdido. Y ella lo aceptaba todo de él. Un día pincharon una rueda y ella la cambió sola porque Dalí le dijo: "Soy un genio, no puedo arriesgarme a estropearme un dedo". Yo era la segunda compañera, así que existía como un baile entre nosotras: cuando yo llegaba, Gala se marchaba. Y cuando ella regresaba, yo volvía a Londres. Pero siempre pasábamos la Navidad los tres juntos en Maxim’s.

H.C. Las sesiones en su taller, ¿también las hacían en trío?
A.L.
No. Yo estaba sola con él. Era muy disciplinado. Empezaba después de desayunar. Después íbamos a dar una vuelta, almorzábamos y dormíamos la siesta. A las 16 horas, regresaba al trabajo. Hacia las 20 horas, llegaban los amigos. Recuerdo que le vendió un pelo de su bigote a Yoko Ono por 10.000 dólares. En realidad, era una brizna de hierba, porque temía de que le echara mal de ojo ya que la tomaba por bruja.

H.C. Tenía fama de mentiroso, de racista y cruel. ¿Es cierto?
A.L.
Le gustaba provocar, no podía evitarlo. Habría sido capaz de gritar "viva Hitler" con tal de llamar la atención. Pero no pensaba todo lo que decía. Pretendía ser antirreligioso y, sin embargo, poco antes de fallecer, pidió que el Papa bendijera su Biblia.

H.C. ¿De qué huía Dalí?
A.L.
Le tenía un miedo terrible a la muerte y a la pobreza, puesto que Gala y él conocieron las penurias. Pero ganaba mucho dinero y, sin embargo, nunca me ofreció ni un céntimo… "Si te doy dinero, dirán que eres mi amante y, de eso, ¡ni hablar! Estoy casado, soy católico y no puedo tener una amante", decía. Por eso, era Gala quien me pagaba los viajes y hoteles.

H.C. ¿Tampoco le ofreció nunca un lienzo?
A.L.
Una sola vez. Porque estaba agujereado. Y cuando te ofrecía algo, había que firmar un papel en el que te comprometías a no venderlo en una subasta.

H.C. ¿Sufría Dalí por llevar el mismo nombre que su hermano, fallecido joven?
A.L.
Era su drama y una obsesión. Cada vez que oía su nombre, no sabía si hablaban de él o de su hermano. Fue un trauma para él. De ahí vienen sus extravagancias, sus gritos. Para clamar que estaba vivo.

H.C. Cuando usted se casó, ¿cómo se lo tomó él?
A.L.
Mal. Me envió una corona mortuoria… y organizó una cena en la que Gala estuvo odiosa y Dalí miraba a mi marido por encima del hombro. Me sentí herida. Además, la gente me pedía autógrafos, así que existía por mí misma y Dalí no lo soportaba. Nuestra relación cambió. Más tarde, sintiendo que se acercaba su fin, Gala me llamó a su dormitorio y me dijo: "Pronto ya no estaré aquí, quiero que te cases con Dalí". Pero yo no quería ni oír hablar de eso.

H.C. ¿Cuándo lo vio usted por última vez?
A.L.
Durante los últimos años, era difícil hablar con él. Arturo, su criado, me contaba horrores sobre la bandada de buitres que revoloteaba a su alrededor. Dalí no quería verme. No quería que yo asistiera a su decadencia. Insistí y al final, aceptó, pero solo en la oscuridad.

H.C. La muerte de Gala marcó su final, ¿no es así?
A.L.
Ella lo controlaba, lo calmaba, lo animaba. Él podía entregarse a sus delirios. Una vez desaparecida Gala, sus capri-
chos acabaron por angustiarlo. Poco después, el Parkinson lo atacó y su entorno le echó el guante. Como ya no era capaz de firmar, tuvieron la idea de tomar su huella digital y hacer un sello con ella. Además él quería ser enterrado en el cementerio de Cadaqués y en lugar de eso, está en el centro de su museo. Resultado: hoy en día, la gente lo pisotea, literalmente.

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