Annie Leibovitz: "Me habría gustado fotografiar a Elvis"

  • La fotógrafa abandonó por un tiempo los retratos para iniciar un viaje en solitario en busca de paisajes. Un peregrinaje que recoge en su libro 'Pilgrimahe'. Ahora, ya de vuelta a su vida y sus citas con personajes ilustres, nos da sus impresiones sobre esa huída.

Lejos de las extravagancias de Hollywood Annie Leibovitz nos recibe en su casa de Greenwich Village, en Nueva York, donde se encuentra su estudio. Sincerarse no es su fuerte.

Cuando busca las palabras, su mirada recorre las fotos que tapizan las paredes: Yoko Ono y John Lennon abrazados, Demi Moore embarazada, Whoopi Goldberg riendo en un baño de leche… Está superando unos años terribles durante los que perdió a sus padres, Marilyn y Samuel, y a sucompañera, la intelectual Susan Sontag.

También se encontró con una deuda de 24 millones de dólares. Para sacar fuerzas, ha acudido a la fotografía y ha abandonado a su enjambre de asistentes y se lanzó a la carretera sola, en un viaje a los lugares que soñaba con visitar desde hacía tiempo y que ha recogido en 'Pilgrimage', su último trabajo.

Hoy Corazón: Este es un trabajo distinto a todo lo anterior, ¿necesitaba ver la vida de otro color?
Annie Leibovitz:
Este libro es una exploración de lugares históricos. Es una especie de cuaderno de notas, porque intentaba traducir en fotos la atmósfera del lugar. Tengo una casa para mis tres hijos, pero a mí me gusta echarme a la carretera y conducir con la música a tope.
H.C.: ¿Necesitaba renovarse?
A.L.:
Me sentía hastiada. Cuando empecé en 1970 con Rolling Stone, a ninguno de mis amigos le parecía bien, porque era fotografía comercial. Yo pensaba que era una situación de ensueño. Desde entonces, me ha gustado mucho trabajar para otras revistas, pero, hoy en día, la presión es mayor, la portada se ha vuelto estratégica. Si la revista no se vende, las miradas se vuelven hacia ti. Cuando empecé, nadie se preguntaba si la foto de portada mejoraría las ventas.
H.C.: ¿Le ha gustado trabajar sola?
A.L.:
Sí, como en mis comienzos. No estoy dotada para trabajar rodeada de gente. Me cuesta entender por qué no captan las mismas cosas que yo. Afortunadamente, estoy rodeada de gente formidable que me soporta.
H.C.: Sus hijas tienen entre 6 y 10 años. ¿Qué piensan de su trabajo?
A.L.:
Para ellas, soy mummy. Conocen mi profesión, pero no les interesa. Si acuden a una sesión, se aburren pronto y quieren regresar a casa.
H.C.: Recientemente ha fotografiado a George Clooney, Matt Damon y Daniel Craig. ¿Cómo hace para que no haya conflictos de ego?
A.L.:
Se trata de profesionales que quieren lo mismo que yo: una buena imagen. Cuando se sientan delante del objetivo, las estrellas han llegado ya a un acuerdo con la revista. Craig es un hombre carismático y cortés. Para Clooney y Damon, que son amigos en la vida real, me inspiré en Butch Cassidy con Paul Newman y Robert Redford. Esa portada fue una especie de compuesto, donde reuní en una imagen a tres actores que estaban en distintas partes del mundo.
H.C.: ¿Le gusta volver a ver a quiénes han sido sus modelos?
A.L.:
¡Por supuesto! Por ejemplo, acabo de fotografiar de nuevo a Vanessa Redgrave. Es emocionante poder verles año tras año.
H.C.: ¿Tiene una foto preferida?
A.L.:
Considero mis fotos como un conjunto que me gusta. Hasta mi último día seguiré haciendo retratos de gente, conocida o no. La fuerza de Pilgrimage es que me ha permitido cambiar de aires. A través de los retratos que he realizado después, me he dado cuenta hasta qué punto me había regenerado. Por desgracia, ha durado poco. Ya vuelvo a ir corriendo a todas partes.
H.C.: ¿Va a cubrir la campaña presidencial americana?
A.L.:
Cuando Obama fue elegido viajé mucho a Washington y, este verano, Anna Wintour, que ama la política, me encargó una serie sobre el candidato republicano, Jon Huntsman. Me gustaría hacer nuevos retratos de Obama porque ha envejecido mucho comparado con Bush, que al final de su mandato parecía salido de un spa. Sus rasgos no llevaban el peso de su cargo, nada parecía afectarle.
H.C.: ¿Hay alguien a quien le habría gustado fotografiar y no ha podido hacerlo por alguna causa?
A.L.:
Cuando eres joven, no piensas que la gente va a desaparecer y dejas pasar el tiempo. Me habría gustado fotografiar a la bailarina Martha Graham y a Elvis. Habría podido pero, en los años 70, era el hazmerreír de todos.
H.C.: ¿Aceptaría fotografiar a Sarkozy y Bruni con su bebé?
A.L.:
Si alguien me pide una foto histórica que es importante para él, estoy encantada de tomarla. Les conocí durante una sesión en el Elíseo y forman una pareja fascinante. Fue una superserie, con una Carla acostumbrada a posar, gracias a su carrera de modelo, y el Elíseo de fondo.
H.C.: Háblenos de sus problemas de dinero. En 2009, se encontró con deudas por 24 millones de dólares.
A.L.:
Siempre he producido mucho y pensé que eso bastaría para no tener problemas de dinero. Otros se encargaban de mis finanzas y,
actualmente, uno de ellos cumple 11 años de cárcel.
H.C.: ¿Ya está superado?
A.L.:
Ahora, me encargo yo misma de mis finanzas. Fui tonta e ignorante por no preocuparme. Pero hace poco, tomé conciencia del valor de mis archivos. Quiero hacer una selección de fotos para tener un mayor control sobre el mercado de las tiradas.
H.C.: ¿Tuvo muchos apoyos cuando ocurrieron estos problemas?
A.L.:
Conocí lo peor de la humanidad. Descubrí antes que los demás el verdadero rostro de Wall Street. Me vi obligada a negociar con buitres que solo veían lo que podían sacarme. Por otro lado, también tuve mucho apoyo, pero lo que entendí fue que la solución vendría de mi trabajo.
H.C.: ¿Hay algún modelo que le haya causado desazón?
A.L.:
Suele haber muchas razones por las que las cosas no se desarrollan bien: la meteorología, el lugar, etc. No siempre es la persona quien dificulta la toma. Dicho esto, no esperes que diga nombres. ¡Pretendo seguir en la profesión algunos años más!
H.C.: En su penúltimo libro, At Work (2008), cuenta una sesión con Isabel II en 2007. Se ha dicho que la Reina abandonó antes del final.
A.L.:
Es una serie fantástica. La Reina nunca abandonó antes de que yo le dijera: ‘Gracias, hemos terminado’. Permaneció durante más de 35 minutos, que es mucho para un jefe de Estado. En cualquier caso, tiene tanto sentido del deber que nunca se habría marchado en mitad de una cita. Llegó de mal humor y se fue tranquilizando poco a poco. En resumen, fue como si acudieras a fotografiar a tu tía abuela y le impidieras ver su programa de televisión preferido.
H.C.: ¿Con Lady Gaga, fue fácil?
A.L.:
Es una artista de performance, una exhibicionista. Solo capturé el 10% de su personalidad. Le encanta desvariar, es perfecta para mí porque no tengo que hacer nada. Para este tipo de personajes, preparo la escena y espero que se hagan con el show. Y Lady Gaga es la reina del género.