Manuel Díaz 'El Cordobés': "Lucho para poder dar un abrazo a mi padre"

El Cordobés, un hombre al que le gusta que su mujer le cuide “Me gusta compartir mi hogar, que mi mujer sea la gallinita que nos lleva a todos debajo de sus plumitas”, nos cuenta ...

En pleno estado de forma, El Cordobés participó en la aventura de Land Rover Discovery Challenge y compartimos con él la experiencia. Además de su simpatía, comprobamos que es un hombre con una enorme sensibilidad.

Asus 45 años, el torero se encuentra en un momento espléndido. De su buena forma física dio cuenta en la Land Rover Discovery Challenge que se ha celebrado en Tenerife. Quedó en segundo puesto, pero fue el ganador absoluto en cariño y simpatía. Este hombre tiene un don y es el de ganarse a la gente. Lo siento por su padre, él se lo pierde.

 

Corazón Ha aprovechado sus vacaciones tras acabar la temporada taurina para apuntarse a la aventura de la Land Rover Challenge. No es muy dado a estos retos. ¿Qué le animó?

Manuel Díaz ‘El Cordobés’ Me cuesta trabajo separarme de mi mujer y mis hijos, pero justamente ha sido Virginia la que me ha animado a que viniera. Y ha acertado. Primero porque es para una causa muy buena al ayudar a gente que hoy tanto lo necesita -son siete equipos para siete organizaciones benéficas españolas- y también por lo divertido que ha resultado todo, la gente que he conocido y la ilusión que hemos puesto.

 

C. ¿Qué ha sido lo más duro?

E.C. No ha habido nada a lo que no me haya atrevido. Lo cierto es que me ha sorprendido para bien lo organizado que estaba todo y eso me ha dado mucha tranquilidad. He aprendido mucho, hasta a manejar un iPad. Incluso me he tirado en tirolina o practicado paddle surf. Fue como cuando vi que tenía que construir una balsa con dos barriles, unos tablones y unas cuerdas. Nunca imaginé que podríamos conseguirlo y que flotara. En esta experiencia me he dado cuenta de lo duro que puede ser un reality. Además, todos queríamos ganar para que la asociación que representábamos se llevara el premio. Imagínate cómo será cuando compites por un plato de comida.

 

C. ¿Tiene espíritu competitivo?

E.C. En algunos aspectos sí. A veces tienes que competir incluso contigo mismo. No soy mal perdedor, ya que intento aprender cuando no gano. De la misma manera, intento triunfar con mi logro, no con el fracaso de los demás.

 

C. ¿Cuál cree que es su mayor triunfo?

E.C. Encontrar el camino donde me he sentido a gusto y tener una vida que no estaba predestinada para mí dadas las pocas posibilidades que tuve de pequeño. Parte de mi triunfo ha sido ser un hombre honesto, justo, cariñoso, buen amigo, que me entrego con la gente y, sobre todo, agradecido con el público. Durante estos días en Tenerife la gente me ha saludado con palabras muy bonitas.

 

C. ¿Qué sintió cuando un admirador se le acercó para decirle que había visto torear en los años 60 a su padre?

E.C. Me hace ilusión que me identifiquen con él. En cierta manera estoy manteniendo vivo también su mito, soy ese eco. La leyenda del siglo XXI soy yo. Él fue un hombre tan importante en España que hasta yo he podido beneficiarme en cierta manera de esa fama. Fue un ídolo, un hombre que comandó una época. Me siento dichoso de que me identifiquen con él.

 

C. ¿Pero qué siente por dentro al escuchar esas cosas?

E.C. Nunca te acostumbras. Intentas mantener cierta distancia, no sea que luego te suelten otra cosa. Pero la verdad es que la gente me lo dice con cariño. Siento algo en el cuerpo que me dice: «Tú eres él para la gente». No necesitas un papel que lo ponga ni nadie que lo reconozca. El público es quien te lo dice. Es algo interior. Como saber quién eres o la gente que te importa. Siempre he dicho que todo lo que me interesa está a tres metros de mí. El día que muera estarán los que me interesan en esos tres metros. No te hace falta más. Si eres capaz de ver el mundo en esos metros que necesitas todo lo demás es una pequeñez al lado de esa gente tan grande que tenemos cerca.

 

C. ¿Cree que algún día su padre y usted serán capaces de darse un abrazo?

E.C. No dejo de lucharlo, porque creo que sería justo. Para él también. Creo que lo necesita. Pienso que saldría como una rebelión por dentro y diría: «¿Y por qué no? ¿Qué malo tiene que haya tenido este otro hijo? ¿A quién hice daño?». El daño se lo está haciendo a sí mismo al no ser capaz de quitarse esa losa de encima. No lo pensará todos los días ni a todas horas, pero de vez en cuando seguro que le viene a la mente. Y lo digo porque a mí me pasa. Son pensamientos inevitables. De la misma manera que a mí me dicen que han visto a mi padre seguro que a él le dirán que han visto a su hijo. Y aunque no queramos hay algo que nos une, pero a la vez nos separa. Fíjate, me habría encantado participar en la Challenge con él. ¿Te imaginas a los dos manejando el iPad para buscar pruebas de la gynkana? Habría sido la bomba.

 

C. Hoy ha creado su familia después de su matrimonio fallido con Vicky Martín Berrocal, con quien protagonizó una separación ejemplar, ya que siempre se han llevado bien para suerte de su hija Alba. Es completamente feliz con su mujer Virginia y sus tres hijos. ¿Era vital tener su propia familia?

E.C. Con Virginia, mis hijos, mi madre, mi hermano, mi familia política de Venezuela… Yo soy hombre de casa, de hogar que huela a puchero y que los niños salten por todas partes. Eso se describe muy bien en la biografía que me hizo Jaime Royo-Villanova. Tenía necesidad de que mi madre contara su parte de esta película y pensé que era muy elegante hacerlo a través de mi biografía, que empieza cuando estoy en su vientre. Jaime se vino a vivir con nosotros y ya le avisé que iba a flipar. Escribía en el office y los niños saltaban por encima de él. Así somos. Me gusta compartir mi hogar, que mi mujer sea la gallinita que nos lleva a todos debajo de sus plumitas. Estamos juntos las 24 horas del día. Por eso creo que cuando lleguemos a las bodas de plata serán como las de oro por todo el tiempo que pasamos uno al lado del otro. Yo le llevo 11 años y por eso le digo que tengo que aprovechar el tiempo, estar siempre a su lado, aunque me gusta pensar que el hombre tiene la edad de la mujer con la que duerme. Eso hace que ahora sea como un treintañero. En cuanto a los niños, son una maravilla. Manuel es un deportista, un luchador. Ahora me quedo flipado de cómo hablan inglés, no sé ni lo que lo que dicen. Yo no creo que pueda aprender nunca. Hay que poner la boca muy rara y se me va el aire por todas partes (risas). En cuanto a Alba, ya es una adolescente y ahora voy a tener que estar pendiente de con quién va, los chicos, sus amigos… Y con Triana se me cae la baba a chorros.

 

C. ¿Vendrán más hijos al hogar?

E.C. Yo creo que no. Ya hemos pasado la etapa del bebé y ahora estamos disfrutando de poder llevarles, por ejemplo, a Disneyland. Con el bebé es otro ritmo. Creo que ahora nos toca disfrutar de otra etapa.

 

C. También hay que saber sacar tiempo para la pareja. ¿Lo consiguen?

E.C. Ahora vamos a viajar los dos solos a Venezuela para ver a la familia de Virginia y, sobre todo, voy a aprovechar para estar con mi mujer, que llevamos cinco años sin viajar solos. Estos días también nos van a servir para celebrar nuestro aniversario de boda que, como es en febrero, en esas fechas nunca puedo porque estoy toreando. Será un gusto levantarnos tarde, dejar las hamburguesas y las costillas por el sushi, por ejemplo. Luego iré a torear en enero a América y después comenzará la temporada en España.

 

C. ¿Se ha planteado en algún momento su retirada?

E.C. Todos los días. Lo pienso, pero luego decido que no. Hay que saber cuándo decir basta, pero es que ahora estoy viviendo un momento muy dulce tanto en lo profesional como en lo personal. He encontrado el equilibrio. Durante muchos años he toreado arrastrando el tema personal que tenía con El Cordobés. Me he sacrificado mucho por ese personaje, por ese torero. Y dentro de mí existe otro tipo de toreo que estoy sacando. Estoy siendo más yo y la gente me lo está aceptando. Ahora está saliendo la madurez de la persona que está tranquila, que no significa que no esté preocupado. Pienso que hoy los héroes no son los toreros ni artistas sino los padres y madres que se levantan cada mañana para llenar la nevera de sus casas. Por eso cuando digo que estoy tranquilo no significa que no esté preocupado. Tengo muchos amigos pasándolo mal. Le doy gracias a Dios de tener un trabajo e intento mentalizar a los míos de ser generosos. En casa colaboramos con distintas organizaciones y llevo a los niños a algunos centros de ayuda para que sean conscientes. Esos son los valores que hay que inculcarles. También me gusta que me vean torear y respeten lo que hago o cuando me preguntan cómo pueden ayudar a otros niños.

 

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