Seis toros, seis. Eso es a lo que se enfrentará El Cordobés por una buena causa: recaudar dinero para el Banco de Alimentos. Lo hace porque, las circunstancias que vivió de niño, le hacen sentir empatía hacia aquellos que hoy no tienen para comer.

El próximo día 14 de junio El Cordobés se encierra con seis toros en la plaza de Parla con un objetivo claro: recaudar lo máximo posible para el Banco de Alimentos. Junto a su mujer, Virginia Troconis -aquí puedes leer su entrevista-, se ha empeñado en dar lo mejor de sí para que no le falte comida a nadie. Con este motivo nos abren las puertas de su finca, El Cerro Negro, a las afueras de Sevilla, donde han creado su paraíso particular.
 
Corazón. La causa lo merece pero enfrentarse a seis toros no deja de ser jugarse la vida.
Manuel Diaz. Es verdad que podía haberlo hecho de otra manera, pero desde que vi un anuncio en el que un padre no sabia con qué rellenar el bocadillo de sus hijos no paré de pensar cómo podía ayudar. Decidí usar mi fama para ser un hilo conductor de la gente con el hambre que se vive hoy en España, según las estadísticas uno de cada cinco españoles, y de ahí que decidiera matar seis toros para recaudar fondos. Es mi homenaje también a los voluntarios que se dejan la piel en ayudar a otros y conseguir alimentos.
 
C. Además, lo hace en plena temporada taurina. ¿Como está siendo la de este año?
M.D. Mejor que antaño y se nota que estamos saliendo adelante. Torear es una forma de vida, llevo 23 años, pero me gustaría al menos cumplir los 
25 como torero. No me desvincularé del todo de este mundo, ya que es mi vida y siempre que me reclamen para un festival ahí estaré. Pero tengo mucho respeto al traje de luces y al público. La vida son etapas.
 
C. Y eso que los toreros hoy se cuidan como deportistas y están en plena forma aunque pasen los años.
M.D. En mi casa la vida gira en torno al mundo del toro. Da mucho vértigo pensar que, algún día, todo se acabará pero es ley de vida. Hay que ser coherente y valiente para hacerlo. Tengo muchos proyectos en la cabeza y la gran suerte de que mis hijos me necesitan y puedo apoyarles. Aun no sé si es bueno o malo que mi hijo no haya seguido mis pasos. Por un lado tengo añoranza, pero, por otro, siento tranquilidad.
 
C. Pero su hijo Manuel tiene solo diez años y quién sabe lo que pueda pasar.
M.D. Eso es cierto y noto que, aunque le encanta el fútbol, cuando quiere celebrar el cumpleaños siempre me pide que traiga una vaquilla. Se ha dado cuenta que impresiona. Siento que me admira y, muchas veces, me pregunta sobre mi profesión. Hasta hay días que, cuando de noche me pongo con el capote, se pone a mi lado con el suyo. Prefiero no darle importancia y dejar que las cosas fluyan de forma natural.
 
C. Lo cierto es que es padre de tres hijos, su hija Alba de 15, Manuel y Triana, la pequeña, de siete.
M.D. Lógicamente, la mayor empieza a descubrir la vida y eso claro que me preocupa. Soy de los que piensa que cada cosa tiene su tiempo, por eso intento hablar mucho con ella y explicárselo bien. La vida avanza y no se puede frenar. Hay que adaptarse a ellos y no a la contra para no quedarnos antiguos.
 
C. ¿Se imagina cuando le venga Alba con un novio?
M.D. Mi idea es observar mucho y aceptar a la persona, pero estar siempre muy presente, aunque creo que no tiene edad de complicarse. Es normal que le empiece a gustar algún niño, pero tiene que vivir como una niña.
 
C. Hablamos de usted como padre. No sé si habrá tenido algún cambio con el suyo, Manuel Benítez El Cordobés.
M.D. El cambio es que ya estoy más decepcionado y lo he dejado por imposible. No veo que vaya a darse algo. Creo que los pasos que he dado han sido lo más elegantes que he podido. Nunca he querido ni molestar a su familia ni a él, ni tan siquiera de forma judicial. Pero veo que no hay solución. Mi lucha es porque busco una explicación, tal vez un gesto. A mi edad, ya no busco un padre, pero sí una aceptación de mi labor como ser humano.
 
C. ¿Qué le preguntan sus hijos sobre su abuelo?
M.D. Como no le han conocido no le echan en falta, pero cuando mi hija Triana me pregunta cuándo va a conocer a su abuelo, intentas dar respuestas de forma natural. No quiero reprocharle nada ni buscar culpables. Lo que me da pena es que dos almas gemelas no puedan tener la oportunidad de estar diez minutos juntos. No le voy a pedir nada, solo quiero estrecharle la mano y preguntarle por qué me tiene miedo y qué es lo que no le gusta de mí.
 
C. A cambio de la ausencia de un padre tiene todo el cariño de la gente que le ha 'adoptado', porque en la calle le adoran.
M.D. Lo mejor que te puede pasar es que la gente te aprecie y valore. Sé que, como mi caso hay muchos, y peores, padres que rechazan a sus hijos, y eso te marca. Tengo mis vacíos interiores y de ahí que mi estabilidad, a veces, se tambalee. Hay cosas dentro de mí que prefiero no moverlas. Me niego a vivir en el drama.
 
C. Hablamos de su padre, pero su historia está marcada por su madre.
M.D. Mi madre vivió cosas muy fuertes en su vida, no fue fácil ser una madre joven en esos años con un abuelo muy recto. Se encontró con la responsabilidad de un hijo y la puerta cerrada de un padre que, después con el tiempo, cambió y la prueba es que después adoraba a su nieto. Mi madre también tiene sus vacíos y me quiere tanto que siempre noto que me está pidiendo perdón, tiene un sentimiento de culpabilidad conmigo. Yo le explico que ella vivió un amor y no tengo que reprocharle nada. Tiene mucho que contar, pero por no perjudicarme, ha preferido callar. Y eso que hemos pasado por momentos muy difíciles. Recuerdo que con mi primer sueldo le compré una casa, porque no quería que la echaran de más pisos. Yo sé lo que es la penuria e ir a una tienda a comprar comida con un anillo de ella. Sé lo que es que falten las cosas y entiendo a la gente que hoy se coloca en una cola de un comedor social. A mí también me han ayudado a comer. Hubo días que ni comía, pero por dignidad, no lo decía.
 
C. Cuentan que de niño su madre sí le llevó a conocer a su padre. 
M.D. Tengo un recuerdo muy vago, de niño, cuando mi madre hablaba con Manolo, mientras me lavaba las manos. Estaba de espaldas, pero sentí como mi padre me metía dinero en un bolsillo. Hubo un par de intentos. Lo que no olvidaré es la gracia que tenía mi abuela cuando se emocionaba al decirle a la gente quién era mi padre. Fue la que más me animó a coger el capote.
 
C. ¿Y qué haría usted si un día le aparece un hijo secreto?
M.D. Si fuera cierto, intentaría solucionarlo. En la vida hay que ser valiente. Creo que en esta vida, si uno ha hecho algo, debe afrontarlo.
 
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