Sofía de Habsburgo: "La fe fue esencial para superar la muerte de mi hijo"

La vida le dio el golpe más duro al perder en  un accidente de tráfico a su hijo Fernando Alexis, príncipe de Windisch-Graetz, a los 18 años. Pero su fe la ayudó a superar esa ausencia y a no perder la ilusión. Ahora, la princesa de los ojos azules vive feliz en Roma y triunfa en la moda con una colección de bolsos que lleva su nombre. Hoy Corazón Acaba de inaugurar un ‘corner’ en El Corte Inglés. ¿Cómo empezó esta aventura empresarial? Sofía de Habsburgo Hace algo más de tres años. Llevaba tiempo diseñando bolsos porque no me gustaba lo que veía. Tenía un artesano que los realizaba y mis amigas solían pedírmelos. Al final me animaron a que lanzara mi propia línea. Empecé poco a poco y ya tengo dos colecciones al año que se pueden encontrar en casi todos los países. Pero es mucho trabajo, ya que solo somos dos personas. H.C. ¿Se ve con fuerzas para seguir con ese volumen de trabajo como hasta ahora? S.H. Creo que al principio es mejor hacerlo todo sola. Tanto la gestión como la parte creativa, aunque la burocracia quite tiempo. De momento es mejor así. Más adelante ya veremos. H.C. ¿Qué tipo de mujer lleva los bolsos que usted diseña? S.H. ¡Espero que todas! Tengo algunos clásicos que siempre funcionan y también diseños para las jóvenes. Aunque de momento no quiero pensar en abrir más frentes, porque ya me angustié cuando empecé. H.C. ¿Cómo es su vida actualmente en Italia? S.H. En mi familia tenemos dos lugares donde ser felices: a diario en Roma y los fines de semana en el campo, cerca de Nápoles. Para mis hijos, si no vamos allí los viernes, es un drama. Tienen 21y 14 años y sienten locura por esa casa. H.C. Es una suerte que quieran seguir pasando el fin de semana fuera de Roma. S.H. Menos mal. Recuerdo que mis hijos varones a los 15 y 16 pedían ir a plaza Navona a tomar algo con sus amigos y no puedes negarte. Pero su pasión por las motos ha podido con la discoteca. Es más, suelen llevarse amigos. ¡Hasta he ido con minibuses cuando eran pequeños! Tengo fotos graciosísimas de todos desayunando en mi cama como hacía mi abuela los domingos con nosostros. Siguiendo su ejemplo, una vez llegué a tener 12 niños desayunando en nuestra cama. H.C. Es una mujer muy familiar. ¿Imaginaba su vida así? S.H. Es lo que en el fondo buscaba. Cuando nacieron mis hijos pensé que no iba a poder sacarlos adelante, que me faltaría amor. Pero al final aprendes con ellos y sacas lo que tienes dentro. Mi suerte es que tengo un marido fenomenal que entiende que hay que tener intimidad en familia. Llevamos 21 años juntos y te diré que en lo importante no ha cambiado nada, porque los motivos por los que me casé siguen vigentes. H.C. ¿Cómo han conseguido no caer en la rutina? S.H. Hablamos mucho y tenemos un buen equilibrio. Cuando yo flojeo él me empuja, y al contrario. Hacemos un buen equipo, aunque es fundamental la fe que compartimos. Cuando no encuentras remedios para encontrar la paz, ahí está la fe. H.C. ¿Desde cuándo tiene esa fe de la que habla? S.H. Me eduqué en ella, pero fue en España donde la reencontré, después de pasar por una crisis de identidad. Entonces llegó a mi vida la 'madonna' de Schoenstatt. Cuando apareció en mi casa la madonna peregrina (el ritual es que por cada diez familias hay una figura de la Virgen que va pasando temporadas en cada casa) solo con mirarla me sentía bien. Fue el camino espiritual que he seguido trabajando con mi marido. No quiero decir que seamos unos santos, pero sí que estamos juntos en esto con nuestros hijos. H.C. ¿Su fe fue fundamental a la hora de encajar la tragedia de la muerte de su hijo? S.H. Esencial. Sin esa fe no hubiera podido vivir. Poder estar con Dios te hace sentirte acompañada, no tienes ese vacío. Mi marido y yo nos hemos sentido muy apoyados. Durante cinco días estuvimos junto a Alexis (murió en el hospital al quinto día del accidente) e hicimos el pacto de estar los tres juntos siempre con Dios. H.C. Me impresiona usted. S.H. Hoy continuamos con el grupo Schoentatt y el sacerdote que nos lo mostró. Cuando falleció mi hijo, el primer mensaje que mandé fue para ese cura. Le pedí que viniera porque no podía superarlo. Estaba llena de dolor y gracias a él pudimos seguir adelante. H.C. ¿Cómo lo vivieron sus otros dos hijos? S.H. Tengo que decir chapó por ellos. Son fuertes y buenos. Aunque me consta que hay vacíos enormes que no me cuentan, lo llevan con bastante naturalidad. Mi hijo mayor estaba muy unido a su hermano y por eso le parece tan difícil encontrar a alguien con quien tener esa confianza. Yo le digo que esa persona llegará. Hay que abrirse, conocer y que el tiempo ayude. H.C. Sus hijos siguen con ustedes en casa pero un día volarán. ¿Está preparada? S.H. No lo sé. Reconozco que, de vez en cuando, necesito mi soledad, pero no sé cómo será cuando se vayan. H.C. ¿Qué recuerdos le quedan de sus años en España? S.H. Fueron nueve años. Había estudiando en Inglaterra y París pero sentí que quería otra cosa. Tenía unos tíos en España y decidí irme con ellos. Entonces me convertí en alguien famoso, pero no me encontraba a mí misma. Hasta que mis amigos me ayudaron a llegar hasta mi fe. Ahora viajo a España por los bolsos y porque ahí viven mi hermano, su mujer, y sus tres hijos, a los que adoro.