Nieves Herrero: "La presión de las audiencias no está pagada"

  • Su última novela es un éxito y triunfa en canal 13 con un programa dominical. Nieves Herrero nos habla del dulce momento que atraviesa. también en el terreno personal.

Lleva 60.000 ejemplares vendidos de su libro 'Lo que escondían sus ojos'. Y esa es la mejor manera de comenzar el 2014. El éxito de ventas y la suerte de presentar las tardes de los domingos en Canal 13 hacen de Nieves Herrero una mujer muy afortunada.

Corazón ¿Cómo se siente tras saber que su novela es todo un éxito de ventas?

Nieves Herrero Con un subidón impresionante. La historia de mi marquesa, una mujer que creo no encajaba en los años 40, ya que podría ser de plena actualidad, es fascinante. Cuando me encargaron un libro de  una aristócrata de la posguerra busqué por varios sitios y todos me conducían a ella. Desde las entrevistas que hice a Gloria Ridruejo y Elio Bernhayer a los archivos de ABC, donde he pasado muchísimas horas documentándome. Mi marquesa hablaba con Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, su íntimo amigo Álvaro de Laiglesia, Tono… Todos se lo pasaban genial con ella: era ocurrente, divertida y tenía opinión. Nada que ver con el resto de mujeres de su época. Tenía todo en la vida salvo lo esencial: el amor. Por eso cuando conoció a Serrano ya no hubo más ojos que mirar. De ahí que al nacer su hija –Carmen Díez de Rivera Súñer–, lo que más le decía cuando era una niña era que llamara al tío Ramón. Eso es lo que su hija nunca le perdonó. Que le ocultara que tío Ramón era su padre. Con ese silencio dejó que se enamorara de quien creía era un amigo, cuando la realidad era que se trataba de su propio hermano. Ese secreto les amargó la vida a la hija y a la madre.

 

C. ¿Cómo ha sentado entre la familia de los Llanzol que cuente este secreto de familia?

N.H. Antes de morir Carmen Díez de Rivera ya contó su vida en unas memorias. Paco Umbral hablaba muchísimo en sus columnas de esta historia. En manuales de historia internacional se habla del cese de un ministro de Franco a causa de los amores que tuvo con otra mujer –hay que señalar que Serrano Súñer era cuñado de Franco–. Siempre me interesó este drama y, realmente, lo que he hecho es recoger todo lo que ya se había contado y novelarlo. Me acerqué a la familia al principio, concretamente a Sonsoles, hija de mi protagonista, y he de decir que fue muy generosa dándome datos. En ese momento yo aún estaba buscando mi personaje. Hoy mi único contacto es por e-mail.

 

C. ¿A qué cree que se debe la demanda de los lectores?

N.H. No solo a la historia, sino también a la intrahistoria que se narra. Eso es lo que me dicen muchas personas. El retrato de un ambiente, época y aristocracia que a la gente le interesa. Yo he novelado la vida de la marquesa al estilo de Vivian Leigh, no he querido hacer caso de las críticas que recibió en su día. Es más, justifico las vivencias de los protagonistas de esa época. Como me dijo Aline de Romanones, había muchas dobles vidas en esos años, muchos pisos con amantes, lo suyo no fue algo tan extraordinario. Realmente este libro es el retrato de la aristocracia de esos años. Cómo eran, cómo vivían. Me recuerda también a la vida de la duquesa de Alba cuando Eugenia en su día me confesaba que ella se había criado con la nanny, ya que sus padres siempre estaban o de viaje o de cenas. La sorpresa es que hay cinco productoras interesadas en llevar esta novela a las pantallas. Hasta Garci me dijo que si tuviera dinero hacía una película.

 

C. ¿Cómo se ha organizado para desconectar de todo y zambullirse en los años 40?

N.H. Me ha costado casi tres años de trabajo. Sobre todo documentarme. Muchas entrevistas, libros, la hemeroteca de ABC, donde me pasaba todas las mañanas… Hubo momentos de desesperación porque veía que la perfección era imposible. Hasta que empecé a escribir, que era lo que más me apetecía. Fue muy lento y tuve que rectificar mucho al principio.

 

C. Y ahora ha vuelto a la televisión, a Canal 13, donde tiene el programa Hoy Nieves los domingos por la tarde.

N.H. No imaginas la cantidad de gente que nos ve. Estamos haciendo un magazine muy interesante, con gente que normalmente no va a los platós. Es una ventana abierta al entretenimiento. Tenía ganas de salirme del debate político y económico y ver la vida con más alegría. Hay que reírse y disfrutar.

 

C. Su trayectoria dice que sabe adaptarse a los tiempos: ha presentado espacios de máxima audiencia y luego ha pasado a cadenas más pequeñas. Eso no es muy normal en el mundo de la tele, donde la gente suele enloquecer con la popularidad y las audiencias.

N.H. Hay que recordar que yo me bajé en marcha de la tele. Me ofrecieron hacer las tardes de TVE y mi pregunta fue si no podía ser en la radio. Me avisaron que iba a cobrar menos, pero era lo que quería. Estuve casi diez años y he sido muy feliz. La presión de las audiencias en televisión es durísima, no está pagado por mucho que digan.

 

C. Una etiqueta que parece nunca se quitará es la de haber presentado el programa de las niñas de Alcásser, sin duda, uno de los espacio que más críticas ha levantado en la historia de la televisión.

N.H. Las etiquetas son difíciles de quitar. Siempre seré chica Hermida, como siempre llevaré a mis espaldas aquel nefasto programa de Alcásser, pero también me gusta que se diga que soy la primera que dio una oportunidad en televisión a Alejandro Sanz. O la que juntó en el escenario a María Dolores Pradera con Carlos Cano, a Raphael con Imperio Argentina…  Poder sacar del corredor de la muerte a una persona fue también una labor en televisión al crear una corriente solidaria para conseguirle una buena defensa. Yo también soy esa. O como cuando conseguimos 500 millones de pesetas para las víctimas del huracán Mitch. Te puedo asegurar que de la gente percibo mucho cariño.

 

C. ¿Qué falló en ese programa?

N.H. Que no me escucharon. Estábamos más de cien personas, Olga Viza, Lobatón… Al cuarto de hora de comenzar, mi equipo sabe que empecé a despotricar, a soltar tacos que jamás he dicho. Quería irme a negro, y nadie me hizo caso. Cada uno tiene que asumir sus cosas, pero si somos justos, mis jefes saben que a los minutos de empezar pedí que adelantaran el programa de Pedro Ruiz, con la mala suerte de que estaba grabando. No podía respirar, tenía un pueblo entero allí sentado…

 

C. ¿Cómo ve hoy las crónicas de sucesos en televisión?

N.H. Ocupan muchísimo espacio en determinadas franjas horarias, incluido el prime time. Es verdad que en televisión todo es muy criticable, pero no es menos cierto que en papel y radio también esas historias llenan su espacio.

 

C. Es madre de dos hijas universitarias que no parece vayan a seguir sus pasos como periodistas...

N.H. La mayor está acabando Derecho y ADE, en Icade y la segunda hace ADE en inglés. Me hace gracia que para esta última su ídolo sea, desde muy niña, la empresaria Rosa Clará. Les gustaba el Periodismo, pero les hablé y les avisé si estaban dispuestas a sacrificar toda su vida por el trabajo.

 

C. Lleva 15 feliz con su marido, Guillermo Mercado. ¿Siente no haber tenido hijos con él?

N.H. Sí, pero las niñas eran muy pequeñas y pensé que iba a distorsionarlas con otro niño y me gusta atenderlas. Las he llevado siempre muy de cerca y me siento orgullosa de saber lo que piensan y de ellas. Tienen los pies en la tierra, no son nada consumistas y son muy sensatas. Sí es verdad que me ha faltado tiempo, y el poco que dispongo es para ellas.

 

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