A pesar de su juventud, tiene muy claro lo que le pide a la vida: ser una persona íntegra y tranquila que pueda disfrutar, como ella lo hace cada día, de un trabajo que le llena de satisfacciones. Nos reunimos con Paula Prendes en el Hotel Urso de Madrid, uno de los sitios de moda de la capital 

De presentadora a actriz, como muchos de sus compañeros en la pequeña pantalla. Paula nos recibe, en el Hotel Urso, en pleno centro de Madrid y uno de los enclaves de moda de la capital. Así es su vida ahora, que triunfa en B&B.
 
Corazón. ¿Lo ha pasado bien en esta sesión de fotos?
Paula Prendes. Cada día disfruto más poniéndome delante de la cámara de un fotógrafo. No estoy acostumbrada a sacar esa parte de mí que, sinceramente, ni yo misma conozco. Diríamos que es un reto, porque no tengo experiencia en este sentido y descubro que posar también requiere una enorme dosis de concentración. 
 
C. La concentración es, precisamente, una de las claves de su trabajo. 
P.P. Sí, como actriz de televisión tengo que estar muy concentrada en lo que hago, porque no hay espacio para la improvisación. Es cierto que hoy no he tenido que prepararme con antelación, pero te aseguro que he descubierto que hacerse fotos es algo más que pura diversión. Si no te lo tomas en serio no sale. 
 
C. ¿Cómo le va en B&B, la serie que ya está en su segunda temporada?
P.P. Estoy muy feliz por continuar en la serie. Interpreto a Martina, una chica sensata y con buenos valores que, en la primera parte de la serie, comenzó siendo una gran sufridora. Era alguien que llevaba una vida dramática al estar enamorada de la persona equivocada. Sin embargo, ahora, en la segunda entrega, se ha desdramatizado, porque ha cambiado el desamor por una relación bonita con otro personaje. 
 
C. Pertenece a esta nueva hornada de actrices y actores que comenzaron como presentadores ¿Dónde se encuentra más cómoda, en la realidad o en la ficción? 
P.P. Lo cierto es que antes no se empezaba de esta manera, incluso me atrevería a decir que no estaba bien visto. ¿Dónde estoy más a gusto? Eso es como cuando te preguntan si quieres más a tu padre o a tu madre… No te puedo decir. Solo sé que me gustaría desarrollar mi carrera profesional en ambos campos, siempre que haya proyectos interesantes.
 
C. ¿Qué le aportan cada uno de ellos?
P.P. Creo que la tele es una proyección hacia fuera, en la que puedes y debes ser tú misma, ya que eres tú la que estás comunicando y transmitiendo algo. En la ficción, por el contrario, la comunicación es hacia dentro y en ella puedes tocar aspectos  emocionales, es decir, con poco puedes dar mucho desde la introspección. 
 
C. Y andar de un lado para otro, cuesta… ¡porque hay que cambiar el chip!
P.P. Totalmente de acuerdo. Cuando te acostumbras a ser un personaje, después es complicado volver a ser natural y a expresar lo que tú realmente sientes, pero eso es lo bonito de esta profesión. 
 
C. ¿Echa de menos Gijón?
P.P. En realidad me fui de mi casa con 18 años para estudiar Periodismo en Salamanca. Después, hice un año de Erasmus en Roma y un máster en Comunicación Audiovisual en RTVE. Desde entonces solo vuelvo para ver a mi familia. Mi casa está en Madrid. Añoro la vida que hacía en Asturias, porque en un día te da tiempo a hacer miles de cosas. 
 
C. ¿Tenía claro que quería dedicarse a la televisión?
P.P. Siempre me había gustado el periodismo, pero no soy una persona vocacional. Sabía que quería probar cosas. Hice la carrera para enfocarme. 
 
C. Pero no puedo creer que de pequeña no fuera una niña teatrera.
P.P. Pese a lo que parezca, no lo era. Era una albóndiga a la que solo le gustaba ver la tele y comer (risas). Era una chica muy tranquila, gordita hasta la adolescencia, que siempre estaba con mis padres. No apuntaba maneras en absoluto. Di el cambio en la Universidad y, claro, mis padres, al principio, no entendieron nada. 
 
C. ¿Es hija única?
P.P. No, tengo dos hermanas mayores que no tienen que ver con mi profesión. Una es economista y la otra psicóloga. La vena de artista no me viene por ningún lado. 
 
C. Hablando de familia, ¿le gustaría formar la suya?
P.P. Me encantaría. Lo que sí tengo claro es que me gustaría formarla con la persona adecuada y no a toda costa, es decir, si tiene que ser, será. Yo lo contemplo como un proyecto de máxima implicación entre dos personas. 
 
C. ¿Qué busca en su pareja?
P.P. Pensé que nunca llegaría a decir esto, pero para mí lo importante es que me deje ser yo misma. Creo que una persona debe aceptar también lo malo o lo que menos te gusta de la otra. Encontrar a esa persona que lo acepta es difícil y por eso lo valoro tanto. ¡Ah, y que tenga cabeza, por favor!
 
C. Y la belleza… ¿le parece importante?
P.P. Te voy a ser sincera: sí. Me enamora y prefiero ver por casa a alguien guapo y con un buen cuerpo. 
 
C. ¿Es romántica? ¿Le gustaría celebrar una boda de cuento de hadas? 
P.P. No soy romántica ni me gustan los convencionalismos. Es más, estos días atrás estuve en una boda y yo no me veo en un momento así. El matrimonio está muy bien, pero no sueño con ello. 
 
C. ¿Es usted coqueta?
P.P. Jamás me maquillo o me arreglo el pelo, porque prefiero mi imagen natural. Bueno, y porque tampoco sé cómo hacerlo. Como a cualquier chica, me gusta estar guapa, pero me fijo más en mi estilismo y, concretamente, en los tacones que me pongo para salir a la calle. Tengo un par de trucos para tener buena cara. El Touch Eclat de YSL y un bálsamo hidratante con color para los labios. 
 
C. ¿Le gusta la moda?
P.P. Me encanta, pero no soy ‘gastona’ ni me gusta salir de compras. Creo que en esta profesión no puedes derrochar, porque no sabes dónde estarás mañana. Voy tirando de mi fondo de armario y de esas buenas inversiones que hice en el pasado.
 
C. ¿Y de nuestra Reina, que es asturiana como usted, qué opinión tiene?
P.P. ¡Me encanta! Es periodista y asturiana, como yo y eso une mucho. Además, creo que es una mujer muy preparada, austera y que, aunque no fue educada en la realeza, sabe estar a la altura de las circunstancias en todo momento. No es una consorte y, sobre todo, tiene una historia de amor verdadera.
 
C. ¿Cómo se cuida usted?
P.P. Lo mío va por temporadas. Hago deporte y voy al gimnasio de vez en cuando. En lo que si me cuido mucho es en la alimentación. Llevo una vida muy ordenada y sana. Como poco muchas veces al día y duermo. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que estoy guapa cuando descanso mucho y estoy tranquila. Además, confío mis tratamientos de belleza a Paz Torralba, de The Beauty Concept. Manicura, pedicura, faciales y, sobre todo, carboxiterapia, para reducir abdomen que es mi punto débil. 
 
C. ¿Que cosas le preocupan?
P.P. Sobre todo, las cosas que están dentro de mi terreno, mi expectativa y mi visión. Mira, llevo un tatuaje en la muñeca que dice «paz». Te seré sincera, sueño con la paz mundial, pero cada día me preocupo más por mi paz interior, que también cuesta conseguirla y por la buena relación con los míos. Pienso que la que empieza en uno mismo se extrapola a los demás.
 
C. ¿Cambiaría algo de su vida?
P.P. Algunos errores pasados, cosas de mi vida que no hubiera hecho. Pero ahí están y hay que asimilarlos. 
 
C. ¿Cuál el estado actual de su espíritu?
P.P. Tranquila, contenta y serena. Es decir, no estoy eufórica, como lo he estado otras veces. No me puedo quejar después de haber pasado una etapa mala.
 
C. ¿Se refiere a la pérdida de su padre?
P.P. Así es. Falleció hace ocho meses y es lo peor que te puede pasar. Era muy joven y un hombre  realmente maravilloso. 
 
C. Me contaba que hacer viajes con su familia…
P.P. Viajé mucho con mi familia por todo el mundo y lo echo de menos. Creo que viajar es uno de los mejores ejercicios que puede hacer una persona. Ahora me apetecería escapar lejos y si es por trabajo, mejor. 
 
C. Madrid ¿Le gusta?
P.P. Es una ciudad increíble y como vivo a las afueras, venir al centro es siempre agradable. Me fascina el teatro y probar restaurantes, como el del Hotel Urso, que tiene la particularidad de que va cambiando de chef y de decoración. Ahora hay uno asturiano, como yo, que se llama Diego Fernández y, claro, una fabada en el centro de Madrid, en The Table by Regueiro, es una delicia. 
 
C. ¿Cómo se lleva ser la famosa de su pandilla de amigos de siempre?
P.P. Al principio lo llevaba peor, porque nunca me salvaba de las preguntas típicas sobre mis compañeros de reparto. Ahora todo se ha normalizado y ya me vuelven a tratar como Paula, la de siempre.

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