Ha estado callado más de medio siglo. Pero ahora, Scotty Bowers rompe su silencio para contar algunos de los secretos mejor guardados del viejo Hollywood. En una polémica autobiografía, el que fuera el ‘gigoló’ más famoso de Los Ángeles cuenta cómo compartió cama y confidencias a cambio de dinero con estrellas como Cary Grant, Rock Hudson, Vivien Leigh o Édith Piaf. Pero hay más. También profana uno de los romances más míticos de la historia del cine: el de Katharine Hepburn y Spencer Tracy.

Su existencia era un secreto a voces en los mentideros del Hollywood dorado. Se sabía que se llamaba Scotty Bowers, que había combatido en la Segunda Guerra Mundial, que era un joven seductor de ojos azules y que complacía a las estrellas de ambos sexos a cambio de un módico precio.

Fue el gigoló más famoso de Los Ángeles durante más de tres décadas. Pero aunque muchos intentaron contar su historia, nadie consiguió arrancársela. Scotty era una tumba. Ni si quiera Tennessee Williams, uno de sus numerosos amantes, logró convencerle cuando en 1960 escribió un relato sobre él y sus correrías con las estrellas.

"Me hizo parecer una reinona loca que volaba por Hollywood Boulevard en su escoba", cuenta Bowels. A Scotty no le gustó el retrato que Williams dibujó de él y le pidió que lo quemara.

Quizá precisamente por eso, 50 años más tarde, ha decidido contar su historia en primera persona. Por eso y porque los secretos de su explosiva caja de pandora solo pueden derribar un puñado de mitos del celuloide, pero ya no pueden perjudicar a las personas.

"He estado callado todos estos años porque no quería herir a nadie. Finalmente, he decidido hablar porque ya no soy tan joven y la mayoría de mis clientes famosos están muertos. La verdad ya no puede hacerles daño", se justifica Bowers, de 88 años, para explicar por qué ha decidido contarlo todo en su polémica biografía 'Full service: My adventures in Hollywood and the secret sex lives of the stars' ('Servicio completo: Mis aventuras en Hollywood y los secretos sobre la vida sexual de las estrellas').

Los orígenes
Scotty Bowers tuvo una infancia desdichada en una granja de Illinois. Cuenta que empezó a prostituirse siendo un adolescente a manos de varios hombres en Chicago. No les culpa. Recibía dinero a cambio y sabía lo que estaba haciendo, escribe en su libro. Luego, se alistó en la Marina.

En 1946, Scotty acababa de regresar de la Segunda Guerra Mundial, donde combatió contra los japoneses, se enfrentó a los horrores de la guerra e incluso perdió a un hermano.

Quizá para olvidar, Scotty, un adonis de ojos azules y sonrisa perfecta, solo quería una cosa: "Tener cuanto más sexo, mejor". Consiguió un trabajo en una gasolinera de Hollywood Boulevard, cerca de los estudios Paramount. Un día, el actor Walter Pidgeon se bajó de su Lincoln deportivo y le hizo una proposición. "¿Qué vas a hacer el resto del día?".

Le ofreció un billete de 20 dólares por pasarlo con él y Bowers aceptó la oferta. Pidgeon le invitó a su casa de Beverly Hills, donde les esperaba su amante. Ambos hombres estaban casados y después de compartir una apasionada tarde con Scotty, le pidieron que guardara su secreto.

Aquel encuentro fue el principio de una nueva vida para Bowers, que estaba casado con su primera mujer, Betty, pero aburrido de una vida convencional junto a ella y su hija, Donna. Aquella tarde Pidgeon se divirtió tanto que les habló de Scotty a sus amigos y pronto el apuesto trabajador de gasolinera era famoso en toda la ciudad.

La mejor tapadera
Eran los tiempos de las brigadas antivicio y los bares gays no eran un lugar seguro para nadie. Mucho menos para las estrellas. Su gasolinera se convirtió, sin quererlo, en la tapadera perfecta. "A veces venía la policía, pero creo que nunca me pillaron porque guardaba todos mis datos en la cabeza. No llevaba una agenda".

Así es como su 'negocio' empezó a florecer hasta que en 1950, dejó de trabajar en la gasolinera para ganarse la vida poniendo copas y satisfaciendo a su clientela. "Podía hacer realidad las fantasías de cualquiera. Daba igual lo extravagantes que fueran los gustos de la gente, yo sabía exactamente lo que necesitaban. Heterosexuales, gays, bisexuales, mujeres, hombres, viejos o jóvenes, yo tenía algo para todos ellos", explica Bowers en su libro.

Pero aunque también había escritores, peluqueros o diseñadores de decorados en su agenda, su especialidad eran las estrellas cuyos nombres brillaban en luces de neón. La lista era infinita.

Por un lado, estaban los 'sospechosos habituales' de llevar una doble vida: actores masculinos y mujeriegos en la gran pantalla y homosexuales encerrados en el armario fuera de ella.

Bowers confiesa que compartió "travesuras sexuales" con Cary Grant, del que cuenta que era afable y pulcro, o que conoció a Rock Hudson en la gasolinera, cuando uno de sus amantes gays le llevó allí. «Llenó el depósito y charlamos. Cada dos o tres días, volvía para que le echara cinco dólares de gasolina más. Terminamos conociéndonos muy bien», escribe Scotty.

También compartió una velada memorable con uno de los hombres más poderosos de la época: el director del FBI J. Edgard Hoover. Scotty recuerda que le conoció en una cena privada a la que Hoover acudió travestido. «No era guapo ni cuando estaba vestido de mujer», escribe para contar que acabó teniendo relaciones con él y otros dos hombres aquella noche.

Pero Scotty, que afirma que siempre le gustaron más las mujeres, también mantuvo 'affaires' con algunas estrellas femeninas de la época. De Édith Piaf, con la que compartió una apasionada relación de un mes, cuenta que cantaba en francés mientras hacían el amor.

Sobre Vivien Leigh escribe que era "una amante increíble" y que se acostó con ella cuando la actriz rodaba 'Un tranvía llamado deseo' y su marido, Sir Laurence Olivier, estaba ocupado dirigiendo otra película.

A Rita Hayworth no le tenía tanto aprecio. "Nunca tuvimos la oportunidad de irnos juntos a la cama", escribe para detallar que aunque era una mujer preciosa, la actriz era "mala persona".

Todo un 'negocio'
Pero él, que llegó a acostarse con más de 30 personas cada semana, no solo ejercía de gigoló. También organizaba citas y encuentros sexuales para las estrellas, aunque dice que nunca cobró por ello. "Jamás fui un chulo", se defiende.

Al compositor Cole Porter le mandaba marines a su casa y al actor Desi Arnaz le proporcionaba compañía femenina. Cuando su mujer, la actriz Lucille Ball, se enteró, se lo reprochó en mitad de una fiesta. "Sé exactamente quién eres y lo que haces", le dijo después de soltarle un tortazo.

Hasta los 'playboys' más reputados de Hollywood le pedían ayuda. "Soy Errol Flynn. Esa gasolinera tuya tiene muy buena reputación", recuerda Scotty sobre la llamada de teléfono que recibió del actor.

Flynn quería conocer a mujeres que aparentaran ser menores de edad. O"s voy a hacer el amor como nunca lo habéis hecho antes", les decía. Pero el actor casi nunca cumplía su promesa. Según Scotty, Flynn siempre estaba demasiado borracho para acostarse con ellas y era él quien terminaba haciéndolo.

Tracy y Hepburn
Pero quizá el testimonio más escandaloso de todos es el que pone en entredicho una de las historias de amor más legendarias de Hollywood: la que unió a Spencer Tracy y Katharine Hepburn durante 25 años.

"Después de vaciar una botella de whisky, se empezó a desnudar y me rogó que no le dejara solo", cuenta Scotty sobre una de las noches que, supuestamente, compartió con Spencer Tracy y que describe sin escatimar detalles explícitos.

Según Bowers, se trataba de una relación de conveniencia para contentar a los estudios, pues Tracy era homosexual y Hepburn prefería la compañía femenina. "Conozco tu reputación, Scotty. Cuando puedas, ¿crees que podrías buscar alguna chica de melena oscura para mí? Una que no esté muy maquillada…", cuenta que le pidió la actriz, a la que, según él, acabó consiguiéndole más de 150 chicas en sus muchos años de amistad.

Pero su boyante negocio terminó en los 80, cuando el sida lo convirtió en una profesión de alto riesgo. "De pronto, fue obvio que esa vida tenía que terminar. Se había convertido en un juego demasiado peligroso". Se retiró y en 1984 se casó de nuevo y sentó la cabeza.

Hay quien le acusa de haber exagerado los detalles de su historia y de aprovecharse de que su clientela, la mayoría fallecida, no puede defenderse. Otros, le creen a pies juntillas. Como el escritor Gore Vidal, amigo suyo desde hace más de 50 años que asegura que Scotty no miente.

Es más, quizá no lo haya contado todo. Los abogados de la editorial le aconsejaron dejar algunos pasajes fuera del libro. "No solo hice todas esas cosas que cuento en el libro, hice muchas más", confiesa.