Felipe ha cumplido dos años en el trono. En estos 24 meses, muchas son las cosas que han cambiado en Palacio... y en la familia real que estos días festejaba así el aniversario. 

Cuentan en Bruselas que mientras era príncipe, al ahora Rey Felipe le tenían por un hombre anodino e incapaz de manejar los asuntos que rodean al trono. Esta corriente –según la prensa francesa, impulsada por los independentistas flamencos– parece no adecuarse a la imagen que tienen de él dos años después de su llegada al trono. El hombre insulso que intentaban retratar ha resultado ser todo lo contrario. Ahora hay quien le reprocha su autoritarismo, algo que según la revista 'Point de vue', le granjeó el sobrenombre de ‘El virrey’ por parte del que fuera jefe de la Casa Real en tiempos del Rey Balduino. Claro que, el hecho de que Felipe le relevara de su puesto tras tres décadas, pudo inclinarle a buscar un apodo.

Padre rey, hijo rey
Sea como fuere, el caso es que ese celo del que hablan no solo se refiere a los asuntos de Estado, también a su familia. Empezando por los reyes Alberto y Paola, que apenas han aparecido en actos públicos desde su abdicación, a excepción de contadas ocasiones, como el funeral de Estado por la reina Fabiola.

Las malas lenguas aseguran que este desplazamiento de la vida pública no se debe tanto al descanso de la jubilación, como a una decisión del actual rey, cuya relación con su padre no sería del todo buena. Dicen que le reprocha las ausencias durante su infancia. Pero son rumores, como lo son los que elucubran que desde su abdicación, Alberto podría padecer una depresión. Según 'Point de vue', el monarca se siente aislado e incomprendido. En horas bajas o no, lo cierto es que el rey emérito ha reducido su actividad y también ha tenido que apretarse el cinturón.

Al levantarse del trono, dejó de percibir los más de 11 millones de euros que el erario belga destina al soberano para pasar a cobrar 923.000 euros. Una nada desdeñable suma que, sin embargo, parece que no resulta suficiente para mantener su ritmo de vida. El diario belga 'Le soir' apunta que el padre del actual rey ya se ha quejado en alguna ocasión del montante, una cantidad de la que además hay que descontar la parte destinada a impuestos. El gobierno aprobó en 2013 que hasta el propio soberano los pagase. Así pues, Felipe, el rey mejor pagado de Europa gracias a esos 11.651.000 euros anuales, destina unos 700.000 euros a cumplir con la administración.

Nuevos aires
La fiscalidad de la casa real no es el único cambio introducido con el reinado de Felipe: también las personas de confianza. La vieja guardia de palacio ha sido relevada por nuevas personas en esas funciones, pero no desconocidos: la reina Matilde conserva a su lado a quienes eran sus consejeros cuando era princesa.

Sin embargo, ese relevo generacional que también se ha producido en otras monarquías –en la española, sin ir más lejos, los nuevos Reyes cuentan en su equipo con personas de su confianza que les acompañan desde hace tiempo– ha propiciado cambios que han levantado ampollas en los salones de palacio.

En abril de 2014, nueve meses después de subir al trono, Felipe de Bélgica cesó a Vincent Pardoen, estrecho colaborador de su padre, y nombró en su lugar a Peter Degraer como jefe de la Casa del Rey. El motivo: se extendió la idea de que había sido él quien filtró al diario Sudpress una carta de la reina Paola en la que explicaba los motivos por los que ella y su marido habían tardado tanto en acudir al hospital cuando el menor de sus hijos, Laurent, estaba ingresado por una pulmonía.

El fulminante despido de alguien tan cercano al anterior rey fue interpretado por la prensa de diferentes formas: mientras para unos fue un golpe en la mesa, para otros, como Le soir, se trataba de un intento «por mantener el control del palacio». Un palacio en el que, mientras el rey Felipe y la reina Matilde se esfuerzan en dar una imagen de estabilidad y de cumplimiento del deber, sus detractores dibujan un escenario dividido con historias casi de folletín en las que se habla de demandas de paternidad, homosexualidad y escándalos. Casi todos los miembros de la familia salen mal parados con los rumores. Solo hay una que se libra: la princesa Astrid. 

Los hermanos del nuevo rey
La hermana del rey es la más querida y mejor valorada de todos los miembros de la casa real belga. Su matrimonio con el archiduque Lorenzo de Austria ha dado como resultado cinco hijos que parecen seguir los pasos de su madre, a quien el pueblo ve como una digna representante. Tanto es así, que en un país en silencioso desacuerdo entre las tres regiones que lo componen, es la única capaz de caer bien tanto a belgas como a valones y  flamencos. Lleva una vida tranquila, centrada en su familia y en su labor como presidenta de la Cruz Roja belga entre otras instituciones.

Nada que ver con Laurent, el otro hermano del rey, conocido por sus múltiples escándalos. Casi una decena, según los que conoce la prensa. Y los hay para todos los gustos: desde la negociación de una exclusiva con una revista por el posado con sus mellizos recién nacidos, hasta un escándalo a bordo de un avión

Pero, sin duda, la más llamativa de sus salidas de tono ha sido verse en medio de una acusación de desvío de fondos. Varios empresarios y militares se habrían apropiado de 2,2 millones de euros de los fondos de la Marina. En 2006, alguno de ellos aseguró que el príncipe había participado en el desvío de fondos. Él, en un acto sin precedentes, tuvo que acudir en 2007 a declarar.

No son sus únicas tropelías. Acumula varias multas de tráfico, y se vio en el ojo del huracán por viajar al Congo en contra de la opinión del gobierno y de su familia. De hecho, el rey promovió tras ese suceso que cada viaje de la familia real tuviera que ser aprobado por el Parlamento.Ante este panorama, su padre le aplicó un correctivo en 2011: ni él ni su mujer, Claire –a quien los medios nacionales califican de ‘santa’–, participarían en los actos de la Fiesta Nacional. 


Una fecha señalada
Este año esa fiesta ha vuelto a celebrarse entre rumores. Los de mala relación entre padre e hijo y los de la duda de si, pese a la autoridad que le atribuyen, el rey Felipe será capaz de cumplir la que se supone que es su misión principal: servir de nexo entre tres regiones que se miran sin reconocerse como país y lograr que su hija, Isabel de Brabante, sea algún día reina de todos los belgas.

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