Guillermo de Luxemburgo y la tradición de la boda dinástica

  • Guillermo de Luxemburgo, el último heredero europeo soltero, se casará el 20 de octubre con la condesa Stéphanie de Lannoy recuperando la tradición de la boda dinástica.

Antes de que termine el año, el 20 de octubre, Guillermo, el primogénito de los grandes duques de Luxemburgo dejará de ser el último heredero europeo soltero y sin compromiso, y se convertirá en uno de los pocos de la nueva generación de príncipes que ha recuperado la tradición de la boda dinástica.

Su prometida, la condesa Stéphanie de Lannoy, pertenece a una vieja familia aristócrata belga, cuyo linaje se remonta a las cruzadas. Su familia emparentó en el siglo XVI con la Casa Nassau, reinante en Luxemburgo y en los Países Bajos.

Su linaje es tan prestigioso que, cuando las tropas españolas derrotaron a las franceses en la batalla de Pavía en 1525, el Rey de Francia, Francisco I, exigió formalizar su rendición entregando su espada al antepasado de Stéphanie, Charles de Lannoy, virrey de Nápoles, al servicio de la Corona de España, ya que Flandes en aquellos tiempos pertenecía a los dominios de los Habsburgo.

La elección de Guillermo no hubiera llamado la atención si no fuera porque se ha convertido en casi una excepción en las monarquías actuales. Y es que la mayoría de los príncipes de su generación han tenido que abrir el abanico de las opciones para hacer compatibles las razones de estado con las del corazón, en lugar de ceñirse a la realeza y a la aristocracia, como habían hecho mayoritariamente sus antepasados durante siglos.

Es el caso de los príncipes Guillermo y Máxima de Holanda, Haakon y Mette-Marit de Noruega, Federico y Mary de Dinamarca, Victoria y Daniel de Suecia, Alberto y Charlene de Mónaco y de los Príncipes de Asturias.

También el príncipe de Gales, tras su fracaso con Lady Diana, se casó con Camila, que pertenece a la clase social denominada 'gentry' en el Reino Unido, no a la alta aristocracia. Y su hijo, el príncipe Guillermo de Inglaterra, contrajo matrimonio con una joven burguesa sin sangre real en sus venas, Catalina Middleton.

Frente a esa tendencia mayoritaria, Guillermo de Luxemburgo se ha alineado con el grupo minoritario de herederos europeos que se han casado con aristócratas: Felipe de Bélgica, cuya esposa, Matilde, es hija de nobles, y el príncipe Alois de Liechtenstein, casado con Sofía, descendiente del último Rey de Baviera.

Lo mejor de la elección de Guillermo es que no ha estado condicionada por ningún tipo de presión. De hecho, su padre, el gran duque Enrique, se casó en 1981 por amor con María Teresa Mestre, perteneciente a una familia de la alta sociedad cubana anterior a la revolución.

Quizá Guillermo haya conocido en la intimidad los esfuerzos que tuvo que hacer su madre para ser aceptada, entre otros, por su suegra, la gran duquesa Josefina Carlota, que siempre receló de los orígenes de su nuera. Pero parece que, en este caso, las razones de estado han coincidido con las del corazón.

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