Para unos sigue siendo un enigma. Para otros representa el soplo de aire fresco que necesitaba la monarquía británica en su peor momento. Sea como sea, la duquesa de Cambridge ha conseguido hacerse un hueco en el corazón de sus futuros súbditos. La biografía ‘Kate’, que se publica ahora en España, nos acerca a ella.

Nació en enero de 1982, en mitad de una tormenta de nieve que casi impide a sus padres llegar al hospital. Fue un invierno durísimo. Fue quizá también una señal del largo camino que Catalina tendría que recorrer para que su relación con el heredero al trono británico llegara a buen puerto. O sea, al altar de la abadía de Westminster después de ocho años de noviazgo. 

Pero esta historia empieza mucho antes y la periodista Marcia Moody se remonta varias generaciones atrás en 'Kate. La biografía' (ed. Aguilar), que esta semana llegará a las librerías. Tiene gracia pensar, por ejemplo, que durante más de un siglo los ancestros maternos de la actual duquesa trabajaron como mineros en durísimas condiciones para la familia de la reina madre. Por vía paterna, en cambio, resulta que Catalina y Guillermo están emparentados y tienen un antepasado en común: sir Thomas Fairfax, miembro del parlamento en el siglo XVII.  

Catalina nació ya en el seno de una familia de clase acomodada que poco a poco iría prosperando en la vida, gracias a la empresa de artículos para organizar fiestas que sus padres crearon y para la que los tres hermanos –Catalina, Pippa y James– de una forma u otra han trabajado. Los tres también han estudiado en colegios elitistas, aunque eso, al menos en el caso de Catalina, no siempre fue bueno. 

Nos referimos a uno de los episodios más duros de su vida, cuando a los 13 años sufrió acoso escolar en Downe House, centro exclusivamente femenino en el que la matricula anual sobrepasaba los 26.000 €. La pequeña, al parecer, resultaba demasiado dulce y responsable para algunas de sus compañeras que se comportaban de una forma mucho más adolescente y macarra, lo que la convirtió en el blanco de sus burlas o de sus desprecios. El problema se resolvió con un cambio de colegio, al que se adaptó de maravilla, aunque el recuerdo de esta época permaneció con ella y, de hecho, entregó parte de los donativos que recibió el día de su boda a una organización que lucha contra el acoso escolar. 

Su primer novio
La Catalina adolescente siguió creciendo y demostrando esa sensatez y ese sentido de la responsabilidad que siempre destacan quienes han tratado con ella. La hoy duquesa de Cambridge prefería practicar cualquier tipo de deporte a salir y emborracharse con sus amigas. Tampoco se mostraba muy interesada en los chicos ni ellos en una Catalina que todavía no había dado el gran cambio para convertirse en la atractiva jovencita que muy pronto iba a ser. Dicha transformación se produjo a los 17 años, cuando Catalina viajó a Brasil y Argentina con su equipo hockey. En esa época también se enamoró de otro Guillermo: Willem Marx, una relación que luego dio pasó a una buena amistad. 

Y por fin llegó la universidad. ¿Se matriculó ella en St. Andrews buscando precisamente encontrarse con Guillermo como algunos han sugerido? No según esta biografía, ya que Catalina hizo su matrícula antes de que se supiera que el príncipe iba a asistir a esta universidad. 

Dentro de St. Andrews, ambos compartían residencia y fue en sus instalaciones donde se conocieron. Ella tenía fama de ser la más guapa del edificio y años más tarde recordaría así lo que sintió al ver al príncipe por primera vez: «Me puse muy roja y me escabullí, me sentí muy cohibida». 

Guillermo, sin embargo, tuvo claro que esa chica le interesaba: «La primera vez que vi a Catalina supe que era muy especial. Supe que había algo en ella que yo quería explorar, pero acabamos siendo amigos durante un tiempo». Amigos y confidentes que iban estrechando cada vez más los vínculos que les unían mientras mantenían relaciones con otras personas. 

Guillermo, por ejemplo, acababa de romper con Arabella Musgrave antes de entrar en la universidad, aunque la seguía teniendo muy presente, y luego inició una relación con Carly Massy-Birch. Catalina, por su parte, salía con Rupert Finch, uno de los mejores partidos de St. Andrews. Tal y como recuerda un compañero de esa época: «Todo el mundo quería salir con Kate y Rupert era todo un personaje que tenía muchas admiradoras». 

Una buena amistad
Entonces llegó el famoso desfile benéfico en el que ella recorrió la pasarela con un vestido transparente. Guillermo había pagado más de 200€ por un asiento en primera fila y un amigo que tenía a su lado recuerdo que le oyó decir: «¡Uau, Kate es sexy!». Este mismo amigo, Michael Choong, comentaría mucho después: «Yo no esperaba que Kate se pusiera algo de ese estilo, para nada iba con su forma de ser». En la fiesta posterior, el príncipe intentó besarla, pero ella se resistió. Según Marcia Moody: «Todavía no era el momento». 

Aunque ese rechazo inicial no enfrío la relación. Al contrario. Ella lo dejó con Rupert, él también recuperó su soltería y planearon que el año siguiente se irían a vivir a un piso junto con otros dos compañeros. Las primeras fotos no tardaron en llegar. Los paparazzi sorprendieron a la pareja mientras veían un partido de rugby. El padre de Catalina, preguntado por la prensa, respondió: «Puedo confirmar que no son más que buenos amigos». 

Guillermo y Catalina vivieron la primera etapa de su noviazgo llenos de ilusión, pero también de dudas. Ambos eran demasiado jóvenes y él no estaba dispuesto a comprometerse tan pronto. A diario, la pareja compartía piso mientras muchos fines de semana se escapaban al cercano Balmoral. 

En abril de 2004, por fin la relación se hace pública, con unas fotos en las que ambos aparecen de la mano en una de sus escapadas para esquiar a Suiza. La primera crisis, sin embargo, no tardará en llegar. Ese mismo verano, la pareja rompe y cada uno se va de vacaciones por su cuenta. Ella decide ponerse a trabajar en una tienda y él viaja a Estados Unidos y a Grecia, donde intenta ligar con la actriz y aristócrata Isabella Anstruther-Gough-Calthorpe, que le rechaza y que años después se casará con Sam Branson, hijo del fundador de Virgin. 

Esta primera ruptura duró sólo dos meses y ambos retomaron la relación al volver a la universidad. Aunque las cosas iban a ser aún más difíciles cuando abandonaran St. Andrews. Ya no vivirían juntos ni estarían blindados frente a la prensa. Él se incorporaría al ejército y a ella los medios la empezarían a llamar con un apodo que siempre odió: «Kate la que espera». No tenía escolta ni asesores de la casa real que le ayudaran en su relación con la prensa. Tampoco podía tomar sus propias decisiones como cualquier otra joven de su edad y debía cuidar cada uno de sus pasos. 

«¡Soy libre!»
Por supuesto, la críticas no tardaron en llegar, tanto hacia Catalina como hacia su familia. La revista 'Tatler' apodó a la futura reina y a Pippa como «las hermanas glicina» porque eran: «altamente decorativas, olían muy bien y tenían la increíble capacidad de trepar». La dudas de Guillermo, encima, aumentaron y él empezó a hacer tonterías, como en cierta ocasión que se filtró a la prensa que había estado coqueteando con otra en un local público. 

La segunda ruptura se produjo en abril de 2007 y al príncipe le sentó de maravilla. Según varios testigos, Guillermo bailó sobre una mesa al grito de «soy libre» y luego le propuso a sus amigos que se lo bebieran todo. Aunque la euforia le iba a durar poco. Tan poco como tardó en darse cuenta de que ella había empezado a mostrarse más activa, más divertida y más guapa que nunca. «Creo que en ese momento no estuve muy contenta, pero me volví una persona más fuerte», dijo Catalina años después sobre esta etapa. Bastaron dos meses para que Guillermo volviera con ella.  

Por fin la boda
La siguiente etapa de su relación fue mucho más tranquila y poco a poco dieron los pasos para llegar el altar. Ella, por ejemplo, conoció a la reina en la boda de Peter Phillips, primo de Guillermo. La abuela era la única que le faltaba por conocer. Posteriormente, ambos empezaron a vivir juntos en la isla de Anglesey (Gales), donde él trabajaba como piloto de helicóptero y ambos llevaron una vida muy sencilla. Ella se encargaba de cocinar y de hacer la compra, iban de vez en cuando a un pub cercano y por las noches veían la tele o algún DVD. 

Y por fin, en el trascurso de un viaje a Kenia, él le regaló un anillo de su madre y le pidió que se casaran. Se había acabado la espera y todo el país empezó a prepararse para una boda más sencilla de lo habitual en estos casos. Más sencilla, sí, pero con 2.000 invitados. A partir de entonces, todo ha cambiado en la vida de Catalina, que se ha incorporado a la agenda de la casa real, ha realizado viajes oficiales y ha desarrollado una intensa actividad en favor de varias organizaciones benéficas. 

Quizá lo más sorprendente es la estrechísima relación que la pareja mantiene con los padres de Catalina. Con ellos, por ejemplo, celebraron sus segundas navidades como matrimonio y la duquesa de Cambridge se trasladó a casa de su familia después de dar a luz a su primer hijo, al que llamaron Jorge Alejandro Luis. 

Ocurrió el 22 de julio del año pasado. Fue el día más caluroso del año. Guillermo bromeó con la prensa y dijo que el pequeño tenía más pelo que él. Todos se rieron. Ella, al abandonar el centro con el niño en sus brazos, lucía un vestido azul con lunares blancos, parecido al que llevaba Diana cuando presentó a Guillermo recién nacido. Todos lo interpretaron como un claro homenaje de la princesa a la madre de su marido.

Síguenos en Twitter: @hoy_corazon