Lo más granado de la realeza europea se reúne en el bautizo de la princesa Stelle de Suecia.

Como estaba previsto, sobre las 11 de la mañana empezaban a llegar al Palacio Real de Estocolmo los primeros invitados al bautizo de la pequeña Stelle. Y menudos invitados, porque allí han estado representadas la mayoría de las casas reales europeas -en el caso de la española, cuyos Príncipes Herederos cumplen hoy su octavo aniversario de boda, no hubo representación-.

El último príncipe azul, Guillermo de Luxemburgo, llegaba con la que el próximo 20 de octubre se convertirá en su esposa, Stèphanie de Lannoy. Hacían lo propio Marta Luisa de Noruega, del brazo de Ari Benn y Matilde de Bélgica y su esposo.

No podía faltar una de las princesas más simpáticas del panorama real europeo, Máxima de Holanda, con sus 41 años recién cumplidos, y su marido el príncipe Guillermo.

Y no podía faltar, entre otras cosas, porque su esposo era uno de los dos padrinos que tendrá la criatura. ¿La otra? Mary de Dinamarca, que en esto de bautizos, entre hijos y sobrinos, tiene ya casi un máster. Sus suegros, Margarita y Felipe de Dinamarca, que ya estuvieron de bautizo el fin de semana pasado, se apuntaron a la gran fiesta.

Sin duda, la llegada que más espectación levantó fue la de la homenajeda en brazos de su madre, Victoria de Suecia, y al lado de su padre, Daniel Westling, con una sonrisa de oreja a oreja.

Y la nota curiosa, que los abuelos, Carlos Gustavo y la reina, Silvia de Suecia, permitieron que las parejas plebeyas de sus dos otros hijos, Chris O'Neill, novio de Magdalena, y Sofia Helqvist, novia de Carlos Felipe, acudieran a este acto.

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