Coge tu cesta y todo lo que te hace falta, incluido el buen tiempo y el “radiocasete”, para pasar un día al aire libre. Y, como se trata de disfrutar y no de sufrir, hemos seleccionado desde el menaje hasta la tumbona para una siesta a la sombra. Vamos, un picnic con todas las comodidades y a prueba de riesgos (lee nuestras tres reglas).

Equipo básico

¿Cesta de mimbre o nevera de última generación? ¿Cubiertos de plástico o platos de porcelana? Todo es válido, siempre que tus accesorios tengan estilo o hagan un guiño a un modelo vintage. Para comerse un bocadillo, una ensalada o un carpaccio, la clave es ir bien equipada y rodearte de cosas que te hagan sentir como en casa. ¡Que no te falte de nada!

¿Mesa o manta?

Como dice la canción, depende. Por comodidad, no hay nada como una mesa, pero tirar la manta al suelo y sentarse a lo indio siempre tiene su encanto, además implica no tener que transportar sillas y mesas. Pon  música ( y sólo no de pájaros) de fondo.

 

Tres reglas para el picnic perfecto:

1. Hielo, agua, pan y servilletas no pueden faltarte. Especialmente si has decidido poner tierra por medio y el chiringuito o restaurante más cercano está a kilómetros de distancia. Una buena alternativa a las bolsas de hielo son las de gel helado.

2. Sé práctica y deja las recetas que necesitan cuchillos especiales (para carne, por ejemplo) y los platos (pescados o carne) con salsas. Recurre a alimentos como la pasta o el arroz, que aguantan bien y ofrecen muchas posibilidades. Otra cosa renuncia a todo aquello que se derrita con el calor, desde queso hasta chocolate, y a lo que contenga huevos, no corras riesgos innecesarios.

3. Si vas a algún sitio especial 'domingueros' no olvides el refrán: a quien madruga... Ponte en marcha temprano para no acabar aparcando en el pueblo de al lado, coger un sitio con sombra (lo agradecerás cuando apriete el sol) y, a ser posible, sin vecinos a un metro a la redonda. Para vecinos, ya tienes la ciudad.