Son organizadoras a domicilio. Ayudan a tirar, redistribuir, encontrar lo perdido y hacer hueco. Una profesión insólita, para una nueva necesidad. 

Todos sabemos que el orden nos facilita la vida. Pero de ahí a que podamos llevarlo a cabo, va un trecho. ¿Por qué nos invade tan a menudo el caos? ¿Por qué lo que a las madres de antes parecía resultarles tan sencillo a las nuevas generaciones les causa tanta angustia? Aparejada a los nuevos estilos de vida, al consumo generalizado y, a veces, desbocado; y a los mini tamaños de las casas, ha aparecido una nueva figura profesional: personas que te ayudan a encontrar un orden y una armonía en tu hogar y que se hacen llamar, a falta de una palabra mejor, organizadoras.

¿Y qué es lo que hacen? El trabajo varía en función de lo que necesita el cliente. Se las puede llamar para hacer una mudanza, organizar una biblioteca o un vestidor, cambiar la temporada de los armarios o ayudar a controlar el papeleo. Incluso para limpiar casas de parientes con síndrome de Diógenes. Su objetivo es que logremos convivir en armonía con lo que nos rodea. Un reto tanto espacial y estético como emocional, y para el que trabajan desde el sentido común aplicando diversas materias: análisis de espacio y de hábitos de consumo, creación de sistemas de organización, interiorismo, psicología aplicada, asesoría de imagen...

En España esta figura suele ser autodidacta, pero los países con más profesionalización son Estados Unidos, con sus enormes casas y su amplísimo nivel de consumo, y Japón, un país con un serio problema de ratio espacial por habitante y una cultura donde reina la estética de la austeridad y la simpleza. Y es que el orden no entiende de tamaños, sino de formas de vida y vínculos íntimos con nuestras pertenencias.

De hecho, si el orden nos parece hoy tan importante es porque nuestra sociedad ha cambiado. Antes solía estar en manos de las amas de casa, pero cuando la mujer llegó al mercado laboral pasó a incumbir a cada individuo. Además, la democratización de unos altos estándares de consumo ha multiplicado por mil la cantidad de objetos que cada persona puede poseer con respecto a nuestros antepasados. Y estos bienes demandan un espacio y una ubicación. Si antes la propiedad de una casa, la misma y para toda la vida, era lo común, ahora se tiende a la movilidad y al alquiler.Y, por si fuera poco, retrasamos la llegada de los hijos y la convivencia: ya no se crea un hogar en común, se suman dos hogares que ya existían antes (y a veces se necesita un mediador para saber con qué nos quedamos, lo tuyo o lo mío). Confiar en un profesional para que nos organice la vida es, paradójicamente, otra opción de la sociedad de consumo.

Ana Bermejillo

Esta periodista madrileña acaba de publicar el libro 'Crear Espacio: Casa nueva, vida nueva' (Plataforma editorial). Ana reconoce que se dio cuenta de la importancia del tema en la Feria del Libro de Francfort, cuando vio que había una fiebre de manuales sobre el orden, pero su verdadera epifanía llegó cuando se quedó embarazada de gemelos: "Vivía con mi pareja en un piso de 50 metros, así que había que hacer hueco". En su libro, Ana comienza por la limpieza, a la que asocia netamente con nuestra relación con el espacio, y dice que nadie nos enseña ni a limpiar ni a organizarnos bien. "Cuando yo era pequeña, gracias al feminismo, no estaba bien visto que te dedicaras a la casa, pero es que las madres tampoco se lo han inculcado a ellos. Así que mi generación está perdida".

Fiel a la máxima de que una casa en orden transmite paz, su libro narra su experiencia personal. "Alguna vez me han acusado de que lo mío es tirarlo todo. Pero no es así: apuesto por deshacerte de lo que realmente te sobra. Y no es tirar, puede ser donar o regalar", y en esto coincide con las demás profesionales, que afirman que parte de su trabajo es fomentar la segunda vida de todo lo que retiran de las casas. Ana reconoce que su sistema le ha funcionado, más ahora que espera su tercer hijo. "El problema occidental es realmente de consumo: compramos demasiado, poseemos cosas de escaso valor que atesoramos inexplicablemente."

María Gallay

"Tengo obsesión por el orden desde que nací", reconoce esta experta que, hace 14 años, decidió cambiar su trabajo de redactora publicitaria por otro de horarios flexibles, que le permitiera dedicar más tiempo a sus hijos. A María Gallay, una argentina emigrada a Madrid, la avisó una amiga recién llegada de Nueva York de que existía un trabajo que encajaba a la perfección con su personalidad. "En Estados Unidos había una eclosión de organizadores de espacios y estaba todo ya muy implantado: tenían cursos, congresos y hasta programas de televisión. María reconoce que el suyo es un terreno bastante híbrido, "que abarca desde el trabajo de un ama de llaves, al interiorismo y la psicología aplicada admite. Y es que los problemas de orden no los generan las cosas en sí, sino los dueños de las cosas y la relación que establecen con ellas. Mucha gente no está cómoda en su entorno y no es muy feliz, pero tampoco puede deshacerse de lo que le sobra. Tenemos vínculos emocionales difíciles de explicar con los objetos".

Su trabajo implica una relación de confianza, porque "el organizador entra en tu casa sin juzgarte y con un acuerdo de confidencialidad. Más que reeducar a las personas, que no somos sargentos, lo que hacemos de forma conjunta es una revisión de hábitos". En sus años de experiencia, María ha encontrado de todo: desde ejecutivos sin tiempo a jóvenes parejas que tienen que vivir juntos en un espacio donde no cabe todo lo que acumulan entre los dos. También ha buscado escrituras perdidas y diseñado vestidores. "Incluso me han contratado para evitar que una pareja se dé cuenta de lo desordenado que es su futuro marido", ríe.

Un tema aparte son las personas con un trastorno acumulativo, los llamados Diógenes. "Me suelen llamar sus familiares, porque amigos y parejas ya no tienen. Es un proceso muy delicado y lento, y realmente solo se inicia si la persona está ya en tratamiento. Es muy difícil que de otra forma te deje entrar en su casa. Lo habitual es trabajar mano a mano con el psicólogo que lo trata, para no forzar las cosas". Organizaciondelorden

Cloti Martínez Peinado

Cloti se atreve con todo, pero tiene conocimientos en asesoría de imagen y su especialidad son los armarios: "Es lo más habitual, porque la gente suele llamarte para que les organices su vida empezando por la ropa, un problema que afecta tanto a hombres como a mujeres. Aunque pensemos que ellos tienen menos, al final acumulan un volumen similar, pero toda igual. Además, por lo general son más desordenados y guardan camisetas de hace 20 años. El gran problema femenino suelen ser los zapatos y los bolsos. No sabemos lo que tenemos, así que al final en todos los trabajos oigo lo mismo: ¿Pero tenía este vestido?. No falla. Para mí en un ropero la visibilidad es primordial: si algo no se ve, no lo vas a usar jamás".

Cloti tiene muy claro que trabajar en España no es lo mismo que hacerlo en Japón o en EE.UU.: Allí tienen todo tipo de recursos. Aquí hay pocas empresas y los precios son más altos. Al final, echas mano a tu imaginación, reconoce. Como también que no es lo mismo ordenar en Extremadura que en Cataluña, donde ella tiene su base de operaciones: Cada región tiene su idiosincrasia y las soluciones funcionan para individuos que son una suma compleja de aspectos biográficos, sociales, culturales y psicológicos. Cloti defiende que el suyo es siempre un trabajo a medida, y que esa persona ha de encontrar su comodidad en el nuevo orden sin forzar nada. "Esto es como ir al médico: si tienes algo que te molesta, es lo primero que me tienes que contar. Olvida la vergüenza porque trabajamos desde la confidencialidad". Reorganizarte.