Su pasión por la naturaleza le ha hecho merecedora del título de ‘duquesa granjera’ entre su círculo más íntimo. diseñada para disfrutar con la familia y amigos, nos abre las puertas de su finca en la sierra madrileña, una casa donde el paisaje se funde con la decoración.

Cada fin de semana, Patricia Olmedilla, duquesa de Terranova, abandona la urbe y se pierde por el paisaje rocoso de la Sierra de Guadarrama. Patricia se desenvuelve igual de bien en las cenas de alta sociedad que en el campo: "En los eventos también hay mucho bicho suelto y me siento como en casa", cuenta entre risas.

Asegura que su verdadero hábitat está en la naturaleza con su familia y rodeada de animales, pero nada mejor que visitar su casa rural para conocerla con las botas puestas. La mujer de Gonzalo de la Cierva nos ha abierto la puertas de su finca ‘El Cerro de las Cabezas’. 

"Es un enclave único, de flora y fauna protegida, situado cerca del pueblo de El Escorial. Fue el coto de caza de Felipe II. Por el camino que accede a la casa pasó la comitiva que portaba los restos mortales del emperador Carlos I, que iban a ser trasladados al panteón real del Monasterio de El Escorial. La finca se encuentra dentro del Parque Regional del curso medio del río Guadarrama. También forma parte del itinerario conocido como Ruta Imperial de la Comunidad de Madrid", cuenta Olmedilla. 

Un zoológico en casa

Patricia es una aristócrata poco convencional, todoterreno cuya verdadera pasión son los animales, más de 250 de diferentes especies campan a sus anchas por las más de cien hectáreas que tiene la finca. "Me gusta disfrutar de este minizoo doméstico, aunque de procedencia exótica. Hay vacas escocesas de los Higlands, ovejas de Jacob de cuatro cuernos, cabras Girgetanas, caballos de pura raza española, ponis, burros, cisnes y gallinas". 

Si Isabel I levantara la cabeza podría comprobar que su vigesimotercera nieta no vive en un palacio, sino en una granja. Con asombro evidenciaría que esta mujer, de 37 años, licenciada en Marketing y Publicidad, propietaria y directora de la agencia Doblemente y madre de dos hijas, lo mismo viste de Alta Costura que salta la valla de piedra para rellenar de agua los bebederos.

La hija del conde de Cerrajería y nieta de la marquesa de Rocamora contrajo matrimonio en este lugar hace siete años con el empresario Gonzalo de la Cierva, duque de Terranova y marqués de Poza. "Gonzalo había comprado la hacienda antes de casarnos y la rehabilitamos para celebrar aquí nuestro matrimonio. Muchos de los regalos de boda acabaron aquí, como el espejo de la chimenea o las dos mesas de billar", cuenta. 

Patricia afirma que la línea divisoria entre el exterior y el interior no existe. "¿Cómo no disfrutar de este privilegio creando diferentes espacios para vivir al aire libre? Dentro y fuera, fuera o dentro, disfrutamos de cada rincón", matiza. Lo cierto es que la duquesa ha heredado de su madre el arte de recibir y en la casa siempre hay invitados: "Les recibimos con un aperitivo en el mirador, la comida se sirve cerca de las dos barbacoas exteriores; y así vamos cambiando de escenario hasta llegar al porche para los postres, el café y las copas", explica Patricia. 

La vejez soñada

Para la decoración interior de la vivienda, Patricia contó con el gusto y la ayuda de su amiga Andrea Zarraluqui. Los tonos tierra se mezclan con estampados florales y vegetales. "Me divertía la idea de que el paisaje exterior atravesara las puertas hasta dentro. Buscamos telas y objetos que consiguieran esta sensación". En el mobiliario destaca una joya: el comedor con sillería Luis XVI tapizada en aubusson, que formó parte de uno de los salones del castillo de Viñuelas, cuando era propiedad de los duques del Infantado.

Ahora con el buen tiempo, Patricia y su familia se instalan en la finca, pero no se plantea dejar la ciudad para vivir en el campo: "¡No, eso no! Soy muy joven y necesito la ciudad y el ruido, pero me gustaría envejecer en este lugar". 

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