(Crónica) Iglesia quiere como primer santo boliviano a escultor de Virgen de Copacabana

La Iglesia boliviana puso en marcha esta semana el proceso para beatificar al indígena andino Tito Yupanqui, escultor de la imagen de la Virgen de Copacabana, pueblo situado a orillas del lago Titicaca, que podría ser el primer santo del país. Yupanqui vivió hace más de 400 años y talló una de las vírgenes más famosas del mundo, la de Copacabana, cuya elaboración fue para él todo un "calvario" y "una demostración de fe". La beatificación es el paso previo a la santificación y Yupanqui, de prosperar la campaña, podría convertirse en el primer boliviano de nacimiento en llegar al santoral católico. Los bolivianos tienen también a la beata Sor Nazaria Ignacia, que vivió en este país a principios del siglo XX y cuyos restos descansan en la localidad andina de Oruro, pero ella nació en España. El reverendo Hans van der Berg, de la comisión promotora de la beatificación de Yupanqui, presentó este jueves el inicio de la campaña, que incluirá una profunda investigación histórica sobre su vida y una recolección de firmas de fieles. La campaña para beatificar a Yupanqui comenzó en realidad hace meses, cuando Jesús Juárez, obispo de El Alto, ciudad aledaña a La Paz, presentó en el Vaticano, ante la Congregación para las Causas de los Santos, una solicitud para "continuar hasta el final la investigación sobre la vida y virtudes" del escultor indígena. Tanto El Alto como Copacabana están en el altiplano andino, a 4.000 metros sobre el nivel del mar. Copacabana es una localidad turística enclavada en una pequeña península en el Lago Titicaca, cuyo párroco, René Vargas, tiene una "sincera fe" en que Yupanqui ya "goza con el señor" y ahora "falta el veredicto de la Iglesia". El milagro que requiere la beatificación es para Vargas "lo que hace María de Copacabana, un icono a la que se atribuyen milagros, signos de la gracia de Dios, por esto se puede considerar que la obra de él es uno de los mayores aportes a la evangelización del pueblo". A mediados del siglo XVI, en Copacabana se pensó en fundar una cofradía, pero el pueblo se encontraba dividida entre quienes deseaban consagrarla a la Virgen de Candelaria y los que querían hacerlo a San Sebastián. Tito Yupanqui esculpió en barro una imagen de la Virgen que fue despreciada por el sacerdote que llegó a Copacabana. Despechado, se trasladó a Potosí, donde aprendió a esculpir y a tallar madera con el maestro Diego Ortiz. Tras tallar su imagen a partir de una virgen de Candelaria, pero con rasgos indígenas, regresó a Copacabana y logró su sueño de entronizar su imagen en el altar mayor de la capilla de su pueblo. Cuenta la leyenda que Yupanqui dejó en Potosí una copia fiel al original, que fue adquirida por un comerciante portugués que trabajaba entre esa ciudad boliviana -por entonces más poblada que París- y Río de Janeiro. Así la virgen de Yupanqui terminó dando nombre a la playa carioca de Copacabana, una de las más famosas del mundo. De la vida del tallador tras su regreso a Copacabana poco se sabe; ni siquiera dónde y cuándo falleció; lo único que Van der Berg cree comprobado es que recibió una pensión vitalicia de los agustinos, por su precaria situación económica.