(Crónica) Sexo, conejitas y cintas de vídeo en primer festival erótico de Oriente Medio

La ciudad de Tel Aviv ha sido el escenario elegido para el "Sextival", el primer festival erótico que se celebra en Israel y en todo Oriente Medio y que ha despertado el lado más íntimo de un público ávido de emociones fuertes. En un hangar industrial del puerto de esta cosmopolita urbe mediterránea, decenas de empresas dedicadas a la industria de la pornografía, el erotismo y los productos relacionados con la creación de un entorno propicio para la sexualidad presentaron esta semana sus últimas novedades. Todo estaba al alcance de la mano en las estanterías de los puestos: desde las tradicionales cintas de vídeo pornográficas hasta consoladores y vibradores de todos los tamaños, formas y colores, pasando por las bolas chinas y excitadores de clítoris. Tampoco faltaban fustas y látigos para los más atrevidos, artículos fetiche como lencería de encaje en colores vivos, columpios "para adultos", aceites y lubricantes aromáticos, incienso estimulante, bombones de temática sexual, afrodisíacos, camas de agua y hasta una bañera de hidromasaje. La vagina artificial, para muchos la sensación de la feria, fue de los únicos utensilios destinados exclusivamente al público masculino. Y tuvo gran éxito, apuntó Ifat, agente comercial del artilugio, antes de explicar minuciosamente la versatilidad y las posibilidades del dispositivo. El programa incluyó espectáculos de streepers, y puestas en escena sadomasoquistas, como una pareja en la que ella, vestida de cuero negro, antifaz y botas de tacón muy afilado, estrujaba, pegaba con una fusta y tiraba de los pezones con una cadena a su víctima, encapuchada e inmóvil ante las agresiones de placer. También hubo lugar para la conciencia y, así, una conocida marca de preservativos se publicitó mediante un condón de plástico gigante con varios espermatozoides humanos que pedían desesperadamente al público, sobre todo a las esculturales modelos israelíes, que les ayudasen a salir de él. Una de las empresas patrocinadoras del evento ha sido Playboy Israel -de hecho, entre los asistentes se sortearon entradas para visitar la mansión del magnate de la firma, Hugh Hefner, en Los Ángeles-, y dos de las inevitables "conejitas" llenaban de glamour la sala donde fueron entrevistadas por los canales eróticos locales. El festival abrió sus puertas el pasado martes y los organizadores confían en que cuando se clausure esta noche haya visto pasar a 30.000 visitantes, algo que de convertirse en realidad mostraría que la iniciativa tiene futuro. "Festivales como este tienen lugar en distintas partes del mundo, y de maneras muy variadas, como en Berlín o Las Vegas. Pensamos en la idea de traer algo así a Israel durante casi cuatro años y hoy creemos que el público está preparado para ser receptivo a la idea", declaró a Efe la organizadora del proyecto, Nitzan Kirshemboim. Ex modelo de 32 años y madre de dos hijos, la responsable se mostraba excitada ante el interés despertado y apuntaba que "pese a que la gente joven en Israel está bien enterada de lo que sucede en el mundo, hay quienes consideran aún el sexo como algo vergonzante". Ante la posibilidad de que el "Sextival" pudiera despertar protestas por parte de grupos radicales judíos, explicó que no ha encontrado gran oposición a su idea, aunque quizá sí algún recelo por parte de las empresas a la hora de publicitar el evento. "Yo respeto la vida privada de todo el mundo, incluidos los religiosos", apostilló Kirshemboim. Con todo, cree que "el hecho de que se hable del festival es lo que queríamos, crear debate, poner la cuestión sobre la mesa y decir que el sexo entre dos personas adultas de forma consensuada está bien, es sano y forma parte de la vida". Kirshemboim espera que el "Sextival" siga su andadura y pueda abrirse camino para a partir de ahora celebrarse cada año, aunque preguntada sobre la posibilidad de trasladarlo a Jerusalén disiente de plano: "No creo que podamos hacerlo". Tel Aviv es la ciudad más laica y liberal de Israel, y punta de lanza del turismo homosexual en un estado donde la ortodoxia judía domina gran parte de la sociedad civil.