Natascha Kampusch ve su futuro en periodismo soportando aún lastre del pasado

Natascha Kampusch, la joven que escapó en agosto del año pasado de ocho años de cautiverio en un sótano a las afueras de Viena, ve su futuro en el periodismo, pero sigue soportando las consecuencias psíquicas del secuestro. Kampusch, que acaba de lanzar su página web y tendrá a partir de febrero un programa propio en la emisora de televisión privada austríaca Puls 4, se ha propuesto invertir el papel de entrevistada a entrevistadora, tras haber salido en la prensa un sinfín de veces. Formulará preguntas relacionada con la vida que llevan o sus experiencias a personalidades conocidas o de interés, según declara al semanario "News", al que explicó que se ha propuesto "profundizar en lo esencial sin violar la intimidad de los entrevistados". Admite que sigue precisando aún mucha atención psicológica y lamenta la pérdida de su pubertad, ya que estuvo cautiva en el sótano de una casa unifamiliar cercana a Viena ocho años, hasta los 18 años. Kampusch procura llevar una vida normal y estudia con gran ambición para los exámenes escolares, que no pudo concluir por estar secuestrada, y se ha impuesto "rendir al 150 por ciento" en las clases particulares que recibe. Explica al semanario que será propietaria de la casa en Strasshof, cerca de Viena, donde estuvo retenida por su secuestrador Wolfgang Priklopil, y asegura que no la venderá para evitar que el edificio sea dedicado a fines ajenos a su voluntad. El aniversario de su liberación, en agosto de este año, lo pasó junto con su madre, sus hermanas y sobrinas en el santuario alpino de Mariazell y lleva una vida retirada, porque le molesta que haya mucha gente alrededor de ella y sale de su casa en muy raras ocasiones. Dijo sentir compasión por los padres de la niña británica Madeleine, desaparecida en mayo de este año en Portugal, de los que se ha sospechado ser culpables del destino d su hija, y explicó que algo parecido ocurrió a su propia madre, a la que se llegó a acusar de su desaparición. La joven se ofende cuando la gente le pregunta por qué aguantó ocho años en un zulo y no huyó antes, y explica que una vez intentó zafarse de Priklopil cuando iban en coche, pero que él la sujetó firmemente por la muñeca y le impidió la huida. También pide que se le respete más y que la gente deje de acercarse a ella de una manera superficial fingiendo un interés personal por su estado de ánimo.