Serrat y Sabina en Quito: explosión de música, humor, picardía, guerra al ego

Una explosión de música, amor, humor, picardía y una guerra al ego y a la competencia a punta de bromas, dejaron en Quito los españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina en su concierto "Dos pájaros de un tiro", al que asistieron 15.000 fanáticos, que no les dejaban ir del escenario. Desenfadados, Serrat y Sabina iniciaron el concierto a hora puntual y durante dos horas y media derrocharon alegría, ternura y ritmo desde un escenario en el que al parecer sentían como en la sala de su casa, por lo cómodos que aparecían. Con sonido impecable, las voces de los españoles y dos coristas, más los instrumentos de sus ocho músicos retumbaron en un coliseo lleno -como se dice- hasta la bandera, y en el que hubo lágrimas, besos, abrazos, gritos y de cuyo público también salió un sujetador que fue a parar a manos de Serrat. "Hoy puede ser un gran día imposible de recuperar..." recordaba el dueto español, encaramado en un escenario impecable con una inmensa pantalla al fondo dividida en cinco rectángulos, además de cuatro pantallas gigantes a los costados. Tras bromas entre los cantantes e ironías de ida y vuelta, "Porque te quiero a ti" arrancó aplausos y gritos entre los aficionados en los que había de todo: niños, jóvenes y no tan jóvenes que vibraban, saltaban, gritaban, sufrían, amaban... Cuando entonaban "Tu nombre me sabe a hierba", llegó el presidente ecuatoriano en funciones Lenín Moreno, fanático confeso de Serrat, artista que poco después se adueñó del escenario para criticar con sutil ironía a quienes "se arman hasta los dientes en nombre de la paz". Los que aman, y los que ya no, recordaron cuando las casas se convierten en emboscada sin la presencia del ser amado, hecho retratado, y desgarrado, en "..Y sin embargo". Serrat y Sabina se metieron al público en el bolsillo al hablar de equipos locales de fútbol, de artistas y montes ecuatorianos, al coquetear desde el escenario cuando hablaban de las musas. Con el humor como ingrediente básico, escucharon carcajadas cuando Sabina dijo que los catalanes "son muy inteligentes porque se inventaron el amor para no tener que pagar por tirar", a lo que Serrat sumó que también inventaron "el consolador para que tus mujeres (de Sabina) noten algo entre las piernas". Fue el preámbulo de "No hago otra cosa que pensar en ti" en la que, otra vez, se repitieron las alusiones al sexo y se burlaron de sus debilidades, de la salud y el celibato. Cómodos, como en casa propia con miles de invitados pendientes de ellos, los españoles se burlaron de su respectiva virilidad y Sabina comenzó a buscar quién le "ha robado el mes de abril", canción que una emocionada fotógrafa compartió con su hijo de cinco años con quien, gracias al celular, coreó la canción. Como ella, muchos otros marcaban sus celulares, dependiendo de las canciones y los dejaban abiertos para compartir el concierto en el que se escuchó "Princesa" o "Contigo" en donde los ´amores que matan no mueren´ y también "Señora". Hábiles, Sabina y Serrat hicieron del público sus cómplices y jugaron a ser fotógrafo y traductor, respectivamente: Con una cámara antigua en una esquina del escenario simularon retratar a sus fanáticos, antes de cantar "Aquellas pequeñas cosas" y "Ruido". A los músicos los presentaron entonando canciones, cambiando letras, corriendo por el escenario, donde bailaron, se abrazaron, jugaron y se declararon compañeros-socios "y pese a ello, amigos". Con "Penélope", "El bulevar de los sueños rotos", "Noches de boda", "Mediterráneo", "19 días y 500 noches" una marea humana se mecía de un lado a otro, con los brazos en alto y el corazón en las gargantas, que se estremeció más con "locos bajitos" y "Más de cien motivos". "Y nos dieron las diez", "Cantares", "Lucía", "Para la libertad" y referencias a un adiós presagiaban el fin del concierto lleno de alegría, al que tuvieron que volver tres veces ante un público al que se rindieron al escucharlos en coro: "Una más y no jodemos más". Volvieron vestidos de piratas, con un Serrat que equilibró un bastón en su nariz y, paseando "Por la calle de la melancolía", esos "dos pájaros" españoles se llevaron "de un solo tiro" lo que faltaba del corazón de sus fanáticos.