Valladolid vive su segunda revolución ferroviaria siglo y medio después

La ciudad de Valladolid, con la llegada mañana a esta capital del Tren de Alta Velocidad (AVE), no sólo se incorpora de pleno a la red de altas prestaciones, sino que experimenta la segunda gran revolución ferroviaria en casi un siglo y medio desde que en 1860 recibió a un convoy por primera vez. Fue el 8 de julio de 1860 cuando dos locomotoras, que arrastraban otros tantos coches donde viajaban las autoridades y 56 vagones cargados con material, arribaron hasta el primitivo edificio de la misma estación adonde mañana llegará en el denominado "Tren Pato" el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. La terminal originaria, donde en 1895 se inauguró el actual edificio, se levantó sobre la huerta de un antiguo convento de frailes franciscanos capuchinos que en 1820 cesó su actividad y que, a partir de la Desamortización de Mendizábal (1836), sucesivamente albergó un presidio, un cuartel de la Guardia Civil y un hospital para dementes. Desde aquellas pesadas locomotoras de vapor, que circulaban a una velocidad media de 50 kilómetros por hora, hasta el actual AVE (S-102), que puede alcanzar los 300, ha transcurrido casi un siglo y medio en una ciudad entonces caracterizada por una economía agraria de subsistencia y ahora convertida en una moderna e industriosa capital, también de servicios, la más poblada de Castilla y León. Han mediado 147 años entre aquel humeante convoy perteneciente a la línea Madrid-Irún, que culminó en 1864 la Compañía de Ferrocarriles del Norte, y el "Tren Pato" que, a través de Segovia, desplazará mañana desde la capital de España a una comitiva de la que también formará parte la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. Cuatro años, comprendidos entre 1856 y 1860, duraron las obras de construcción del itinerario férreo Valladolid-Burgos, adjudicadas inicialmente a la Sociedad Crédito Mobiliario Francés, una de las tres que constituyeron en 1858 la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, responsable ésta de la línea Madrid-Irún. Las obras fueron adjudicadas a esa sociedad francesa el 20 de febrero de 1856, como así lo recuerda el callejero de la ciudad (Calle del Veinte de Febrero), y fueron visitadas el 26 de abril siguiente por el general Espartero, entonces presidente del Consejo de Ministros, a quien la ciudad dedicó por esa razón una placa (Calle del Duque de la Victoria). Dos días antes, el 24 de abril, los alcaldes constitucionales de Valladolid -Dionisio Nieto, José Fernández Serra y José Semprún- dictaron un bando de prevenciones para apelar a la "sensatez, proverbial cordura y patriotismo de los habitantes de esta capital", para que "ningún accidente desagradable" turbara "el regocijo público" con motivo de la visita del "invicto Duque de la Victoria". Centuria y media después, el actual alcalde, Francisco Javier León de la Riva, ha publicado otro bando en el que, al igual que hicieron sus antecesores en el cargo, reconoce las ventajas que reportará para la capital la llegada del "ansiado tren", aunque "lo hace de manera diferente a lo que todo hubiéramos deseado", en superficie y no soterrado. "Con todo, la llegada del AVE es digna de celebrarse. Nos sitúa mucho más cerca de Madrid y Segovia, abriendo todo un universo de oportunidades y también de retos", señala en su escrito De la Riva.