Vinos riojanos para la Nochebuena en la base española de la Antártida

Charcutería de ibéricos, marisco gallego y rape en salsa, regados con Albariño y caldos de la Rioja y de la Ribera del Duero, es el menú que se servirá esta Nochebuena en la Base Antártica Española (BAE) Juan Carlos I. Un sorbete de limón, con cava, y filloas, crepes rellenos o tarta de Santiago -el postre aún está por determinar- completan los manjares navideños con los que el cocinero de la Juan Carlos I, Ángel Miguel Montes, tratará de saciar, si no las nostalgias, al menos los estómagos de sus colegas en la Antártida. Turrón, mazapanes, peladillas y uvas en lata pondrán la guinda a una noche tradicionalmente familiar que los científicos y técnicos españoles pasarán a miles de kilómetros de casa. Pero su mesa, con mantel blanco y su servicio completo, la compartirán, como es habitual desde hace años, con sus vecinos de la base búlgara de San Clemente de Ohrid, situada en una cala adyacente y a sólo quince o veinte minutos en zodiac. "Sólo nos faltan los mariachis", bromea Montes, que ha pasado veintidós de sus cuarenta años en los fogones de la Marina Mercante, en declaraciones a Efe desde la base. ¿Y velas?. "De velitas nada", apunta este gallego de pro, aunque con apenas acento, y argumenta entre risas su negativa: "Aquí sólo hay hombres y con las burbujas alguno se puede poder romántico". Lo que sí hacen es decorar la base con espumillones, bolas navideñas, un árbol de plástico, que "se abre como un paraguas", y un belén, que tiene "un niño Jesús, un San José, una Virgen y un pastor" y al que añaden algunas "piedrecitas", según Montes. También tienen gorros de Papá Noel y se intercambian regalos con sus colegas búlgaros. El jefe de la BAE, Daniel Alcoverro, prefiere guardar el secreto sobre los presentes de este año, pero Montes da pistas: El pasado año obsequiaron a sus vecinos con camisetas de la Juan Carlos I y una bandera de la Unión Europea, en la que Bulgaria ingresó en enero de 2007, y ellos correspondieron con gorras con el emblema de su base. Y como colofón de la velada siempre hay alguien que se arranca con "un par de villancicos", acompañados con el sonido de una guitarra y de una botella de chinchón con vieiras, según Montes. Asegura que los búlgaros acostumbran a entonar el "canta y no llores", una típica canción de las tunas universitarias que han adoptado incluso como himno de su base. La Nochevieja se organiza a la inversa -los invitados pasan a ser los anfitriones- y, por supuesto, los sabores cambian: Un pastel de queso, una ensaladilla y carne empanada y marinada con una salsa muy fuerte componen los platos principales de una comida búlgara que "está muy rica, aunque resulta un poco pesada", según Montes. Dos estampas entrañables para salir de la rutina del trabajo en esta época navideña que se pone un poco cuesta arriba ya que buena parte de los miembros del equipo tienen hijos pequeños. El truco -dice Montes, que tiene una hija de trece años y un niño de cinco- es dejarles los regalos comprados y suplir la ausencia con conversaciones telefónicas y con mensajes a través de internet. Tras ocho campañas en la Antártida y su segunda como jefe de la BAE, Alcoverro, biólogo de la Unidad de Tecnología Marina del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y con tres retoños de corta edad, volverá este año a casa por Navidad. Tiene previsto regresar a Barcelona la próxima semana para disfrutar de un merecido descanso tras la puesta a punto de la Juan Carlos I, que en enero próximo cumple su veinte aniversario. Especialmente dura ha sido este año la apertura de la base y del campamento de Byers, que se encuentran en la península Hurd de Isla Livingstone, debido a que la nieve está fundiendo más tarde en este verano austral y un mes después de llegar aún quedan cajas de material por desembalar. Ochenta y dos investigadores y veinticinco técnicos rotarán hasta el 10 de marzo en las bases antárticas españolas Juan Carlos I y Gabriel de Castilla, gestionadas la UTM del CSIC y por el Ejército. De los veintiún proyectos, en su mayoría financiados por el Ministerio de Educación y Ciencia, diecisiete se llevarán a cabo en esas bases y en los buques de investigación oceanográfica (BIO) "Hespérides" y "Las Palmas", y los cuatro restantes en instalaciones de Argentina, Chile y Reino Unido. "Mira, te puedo decir que desde la ventana veo que el ochenta por ciento de las cumbres está aún cubierto de nieve", explica Alcoverro en conversación telefónica con Efe. Montes confirma: "Esta campaña -es su segunda- está siendo más difícil. Cualquier desplazamiento se complica y te hundes hasta las rodillas". Pero este cocinero de la Marina Mercante no lo duda, prefiere los fogones en tierra firme y, por eso, volverá a la Antártida "hasta que el cuerpo aguante".