(crónica) Mussolini, de dictador a reclamo comercial

La figura del dictador italiano Benito Mussolini, fusilado hace más de seis décadas, sobrevive convertida en un icono que, además de protagonizar sitios web, sirve de reclamo para todo tipo de negocios. Al igual que otros líderes afines y antagonistas ya fallecidos, como Adolf Hitler o Ernesto Che Guevara, la cabeza pelada de "Il Duce" es un motivo recurrente en los cientos de artículos que venden algunas web dirigidas a los nostálgicos de la dictadura fascista y sitios de subastas en línea. Sin embargo, si los compradores no hacen un uso exclusivamente privado podrían tener problemas con la Justicia en Italia, donde una ley de 1952 recoge el delito de apología del fascismo. Estos sitios web, reconocibles por su estética de extrema derecha, no descuidan los detalles para la estrategia comercial, pues apenas se da el primer clic, una pequeña ventana aparece para anunciar el catálogo de ofertas para Navidad. Entre las promociones hay un "pague tres y llévese cuatro" en camisetas con estampados donde abunda la bandera tricolor de Italia y el rostro del dictador, junto a mensajes como "italiano se nace, no se hace" o frases célebres del fascismo como "creer, obedecer, combatir", entre otras. En los sitios de subastas, además de estos artículos, se pueden encontrar rarezas como un autógrafo de Mussolini, en un documento oficial que también lleva la firma del rey Víctor Manuel III, o una fotocopia de su hoja militar de servicios, por la que se puede pujar desde 3,99 euros. La fascinación por "Il Duce" supone para estos comerciantes una prueba de ingenio, pues aparte de las típicas camisetas o banderas, su clientela puede hacerse con el perfume "Nostalgia". Su frasco, con la silueta de un Mussolini que, brazo derecho en alto, saluda a la manera fascista, es uno de los nuevos productos con los que los asiduos a estos sitios pueden hacer sun particular acto de "exaltación". Los calcetines con el perfil del dictador o con una cruz céltica a la altura del tobillo son los artículos con más aceptación, pues son los únicos que están agotados. La sede de algunos de estos comercios en línea está en Predappio, localidad de la región oriental de Emilia-Romaña, en cuyo cementerio está el mausoleo de la familia Mussolini, donde centenares de personas se concentran cada 28 de abril, fecha del fusilamiento del dictador. Precisamente es en esta fecha cuando los vendedores ambulantes que aún no se anuncian por Internet se dan cita en ese lugar para comerciar con objetos de la parafernalia del periodo fascista italiano, conocido como "Ventennio" (1922-1943). Más allá del simple objeto decorativo, la figura del "Duce" es también una fuente de inspiración culinaria, como demuestra el restaurante "Il federale" que en Artena, a unos cincuenta kilómetros de Roma, ofrece un menú "mussoliniano". Entre banderas italianas, retratos y estatuillas, el comensal de este restaurante puede degustar una pasta "alla Balilla" -en alusión a las juventudes del movimiento- como primero o un "Medallón del Duce" para acabar la velada. La presencia de Mussolini en el restaurante no se limita a la gastronomía, pues también tiene una selección de vinos "negros" o blancos etiquetados con su imagen que tienen nombres como "El último guerrero". Una botella de vino similar en un restaurante al este del país desató una discusión entre un cliente y el propietario del local que derivó en sendas denuncias, por injurias y apología del fascismo, respectivamente, y que estos días resuelven los jueces italianos. Los inmuebles que pertenecieron a la familia Mussolini son otros reclamos, esta vez turísticos, para los admiradores y curiosos que quieren conocer el estilo de vida de "Il Duce". La Villa Carpena, la casa en la periferia de Forli (noreste de Italia) que perteneció a los Mussolini es buen ejemplo de ello, pues en la actualidad es propiedad de un empresario que transformó sus estancias en un museo de recuerdo al fascismo. No obstante, el esfuerzo que hicieron los italianos tras la Segunda Guerra Mundial por olvidar la dictadura de Mussolini, aún hay quien se empeña en exaltar sus valores, empujado quizá por el dicho fascista "Me tambaleo pero no cejo" ("Barcollo, ma non mollo"), al menos en el terreno comercial.