(crónica) El Palacio del Parlamento sigue siendo el símbolo de la paranoia de Ceausescu

El desmesurado edificio que domina el nuevo centro de Bucarest -el actual Palacio del Parlamento-, sigue siendo hoy en día para los rumanos el símbolo de la opresión comunista y de la paranoia megalómana de Nicolae Ceausescu, fusilado el día de Navidad de 1989. Los rumanos a la hora de valorar las posibles siete maravillas arquitectónicas nacionales en una campaña de la prensa, han excluido la concebida como "Casa del Pueblo" con su mastodóntico tamaño, únicamente superado en el planeta por el Pentágono (EEUU). Inspirada en los modelos asiáticos del régimen comunista de Corea del Norte, tiene 1.100 habitaciones dispuestas en 12 plantas y ocho más en el subsuelo, con un total de 2.550.000 metros cuadrados, resultando mayor que la pirámide de Keops. "La Casa del Pueblo, proyecto piramidal nacido de la imaginación enfermiza de un dictador megalómano, narcisista y paranoico, es el símbolo de la voluntad de éste de instituir para siempre el control absoluto sobre una nación humillada, oprimida y aterrorizada", señaló el escritor Vladimir Tismaneanu. Ceausescu empezó a construir esta "catedral del comunismo" en 1983, cuando su tiranía y locura sometía a la población al exterminio por hambre y frío, a increíbles privaciones y atropellos de los derechos humanos. Para erigir su sueño destruyó el centro histórico de Bucarest de unas 450 hectáreas, del tamaño de Venecia, con palacetes elegantes de principios del siglo XX, borrando "todo un archipiélago de recuerdos y esperanzas", como destacó Tismaneanu. La avenida más ancha del país que conducía al megalito, flanqueada por edificios con destinos administrativos y para viviendas, pero nunca ocupadas entonces, recibió el glorioso nombre de "Victoria del Socialismo", a lo que la gente añadía con sorna, "contra los rumanos". Más de 20.000 obreros trabajaron en tres turnos 24 horas diarias, muchos de ellos dejaron su vida en las obras, para materializar el sueño del que se creía el "Genio de los Cárpatos", el líder providencial, el "Conducator" que nace una vez cada 500 años. La curiosa forma de patriotismo que afectaba al tirano le determinó utilizar sólo materiales rumanos, desde el millón de metros cúbicos de mármol, las 7.000 toneladas de acero, 5.500 toneladas de cemento, 200.000 metros cúbicos de vidrio hasta las alfombras inmensas y las tapicerías hechas por las monjas para el ateo máximo. Nunca se supo cuanto costó este palacio que hubiera debido ser inaugurado con un discurso del Conducator desde el balcón de la gigantesca Sala de la Unión para celebrar en 1990 su 25 aniversario de dominio absoluto sobre Rumanía. La gente comenta hoy que si hubiera conseguido instalarse en el edificio con todo el centro de su poder, nada y nadie lo habría podido sacar y que el tributo de sangre de los que derribaron el comunismo habría sido mucho mayor. Toda clase de historias han circulado sobre el laberinto de túneles con instalaciones completas para poder sobrevivir durante largo tiempo a cualquier avatar y por las que se podía circular con vehículos hacia salidas secretas en caso de catástrofes o rebeliones. Después de 1990, un cuatro por ciento de este gigantesco edificio se dio por terminado y alberga el Parlamento de Rumanía. Con lujosas aulas revestidas en mármol con adornos esculpidos, con la "Galería de honor" de 150 metros de larga y 18 de ancha, la mayor de Europa, arañas de cristal fabulosas, escaleras grandiosas, el Palacio del Parlamento es también utilizado para organizar reuniones internacionales. Los rumanos que vivieron la llamada "Época de oro" lo siguen odiando, mientras que los jóvenes lo ven con recelo, pero como un mal que debe ser asumido, buscándole una utilización adecuada, para lo que las ideas no faltan, entre ellas un posible "DisneyLand del comunismo". "Para mí solo es una ´inmensa tarta con velas´ que reluce en la noche, vista desde el balcón de mi apartamento", dijo a Efe Anca Tarcus, una joven que tenía siete años cuando cayó el comunismo.