(crónica) El "Síndrome de Jerusalén" transforma a visitantes en Mesías o seres bíblicos

En la Ciudad Santa no hay estatuas que recuerden a personajes del pasado, pero cada tanto aparecen en sus calles personas que cambian sus vestidos o dicen ser seres de la Biblia y a quienes los médicos atribuyen el "Síndrome de Jerusalén". "Soy descendiente del rey David y vine a Israel para recordarle a los judíos que deben seguir los mandatos de Dios y no olvidar las palabras de los profetas. Sólo así llegará el Mesías", dijo a Efe, Michael, un estadounidense que asegura haber llegado a Israel para "cumplir una misión de dos semanas". De pie junto al Muro de las Lamentaciones y vestido con una túnica morada, dice que gracias a una "investigación propia" descubrió su "herencia real" y cuenta que aunque es cristiano "combina la prácticas del judaísmo con las enseñanzas de Jesús". Al igual que Michael, son varias las personas que al llegar a Jerusalén se visten con atuendos especiales para asemejarse a los personajes bíblicos, realizan baños de purificación, rezan o recorren los lugares santos a horas inusuales. Otros gritan mensajes con contenido religioso, cantan o recitan en voz alta salmos de la Biblia. El primero en identificar clínicamente el "Síndrome de Jerusalén" fue Yair Bar-El, ex director del hospital siquiátrico de Kfar Shaúl, en el que han sido atendidas muchas de las personas que manifiestan fuertes cambios en su conducta al llegar a la Ciudad Santa. Bar-El comenzó a investigar el fenómeno a finales de los años 70, cuando se percató de que muchos pacientes que llegaban a su centro hospitalario eran turistas que padecían una serie de características comunes y que sólo se producían en la Ciudad Santa. Según el psiquiatra argentino José Itzikson, "la atmósfera que rodea a la ciudad provoca la aparición de síntomas místicos y mesiánicos a ciertas personas con predisposición". A una pregunta de Efe sobre la diferencia entre un eventual arrebato religioso y la adquisición del síndrome, Itzikson respondió que si la emoción de la persona "se transforma en algo delirante o salido de lo común, podría definirse como algo patológico". La calle peatonal Ben Yehuda, en el centro de Jerusalén, ha sido punto de predicación de personas con mensajes religiosos o que dicen tener una relación directa con la Biblia. "Hasta hace poco vi a una mujer que caminaba con una túnica blanca con letras brillantes, se identificó como la hermana del Mesías y dijo ser cristiana pero estar en contra de los cristianos", cuenta Yndi, un ucraniano que trabaja como vigilante en esa calle desde hace varios años. Este hombre de simpatía evidente y que parece estar acostumbrado a estas historias, dice que la última vez que vio a la mujer, "apareció montada en un burro y sorprendió a todas las personas". El vigilante también recuerda al hombre de barba y cabellos blancos que explicó a los transeúntes por qué "Jesús es el verdadero Mesías". "La última vez que lo vi discutió en la calle con unos judíos ultra-ortodoxos que lo acusaron de misionero y casi acaban a golpes", cuenta Yndi con una sonrisa. Para los judíos creyentes, el Mesías será descendiente del rey David, traerá la justicia y el orden al mundo, la protección de los judíos y la prosperidad a la tierra de Israel. En la historia del judaísmo algunos hombres se proclamaron el Mesías pero fueron catalogados como falsos porque no cumplieron con la promesa bíblica. Uno de los más conocidos fue Shabetai Zvi, un hombre que nació en 1651 y que fue un destacado estudiante de la Biblia y de la Cábala, la doctrina mística judía. Zvi se convirtió al Islam después de que el sultán del imperio turco, cansado de sus excentricidades, le pidiera escoger entre la muerte o adoptar la religión de Mahoma. Los judíos de Jabad Lubavitch (movimiento ortodoxo), que esperan al Mesías con ansia, tratan de llevar una vida recta porque creen que éste llegará para acabar con todos los males de la tierra y cuando las personas alcancen un grado alto de santidad. En la Ciudad Vieja hay una puerta que permanece cerrada hasta que el Mesías llegue, otros judíos aún sueñan con ser enterrados en el Monte Sión para ser los primeros en resucitar, como marca la leyenda, y otros tratan de establecer el orden en Israel. Uno de ellos es Moti Maimón, un judío israelí que se llama a sí mismo el Mesías, acusado de incendiar hace varias semanas en Netania una tienda que vendía cerdo, alimento impuro para el judaísmo.