(crónica) Tango, un baile de hombres

Un tango suena como cada miércoles en la milonga "La Marshall" mientras se forman las parejas y un grupo de hombres, sin quererlo, rememora los inicios de este baile, en el que las mujeres "decentes" estaban prohibidas y lo único importante era saber cómo mover los pies al ritmo del 2x4. "Tanto en las clases como en la milonga, hay gente grande y joven, hombres y mujeres, turistas y locales. Puede venir quien quiera. Eso sí, avisamos que es homosexual para que los que vienen sepan lo que hay y estén a gusto", puntualizó hoy a Efe Augusto Balizano, profesor y uno de los creadores de la primera milonga gay de Buenos Aires. En la pista las luces rojas recortan las siluetas de las parejas: hombres con hombres y mujeres con mujeres se desplazan al ritmo de la música en directo con total desinhibición, mientras que en las mesitas los asistentes observan atentos cada paso de los bailarines. Un rápido vistazo basta para observar la diversidad de público: estadounidenses, japoneses, italianos y brasileños de diferentes edades se codean con el más marcado de los porteños. Unos con pareja; otros esperan a que alguien los saque a bailar. "En una milonga tradicional el hombre se acerca a la mesa y saca a bailar a la mujer por cuatro tangos para luego llevarla de nuevo hasta su sitio. Aquí cada uno saca a quien quiere", explicó Miguel Moyano, otro de los profesores y pareja artística de Augusto desde hace tres años. Entre los tangueros hay quien asegura que "el que conduce es dueño del espacio, mientras que el conducido es dueño del tiempo". En "La Marshall" las parejas se ponen de acuerdo antes de empezar el baile en quién llevará y quién se dejará llevar. No hay roles. Entre los alumnos que se desplazan por la pista destaca una pareja de estadounidenses que se esfuerza por seguir el ritmo y no pisarse. Es su primera clase. "Sentados parece muy fácil, pero cuando empiezas a bailar se complica", se ríen Gary y Thomas, y afirman: "De todas formas queríamos intentarlo porque nos pareció muy interesante que pudieran bailar hombres con hombres y mujeres con mujeres sin que hubiera ningún problema". Los dos profesores aseguran que el ser una pareja de baile "no tradicional" a veces ayuda porque "los alumnos se animan más a preguntar, ya que les parece todo más relajado y menos protocolario". Augusto y Miguel, que en diciembre viajarán por tercera vez a Alemania, Italia y Suecia, para llegar a Inglaterra en febrero, coinciden en señalar que a veces trabajar en el extranjero es "más sencillo" porque allí el tango "no tiene historia" y "no está marcado por la cuota sexista o machista". "Lo que más nos sorprendió fue el caso de Inglaterra, donde la gente tiene fama de tradicional y protocolaria, pero nuestros alumnos heterosexuales no dudaron en bailar entre ellos sin ningún problema", destacó Augusto. Las leyendas sobre los orígenes del tango son diversas y contradictorias. Unas afirman que el tango se formó en los arrabales de Buenos Aires en una confluencia de culturas provenientes de la inmigración y que fue desempeñado por hombres ya que la práctica de este baile estaba mal vista en las mujeres por sus connotaciones sexuales. Otras aseguran que fueron las prostitutas las que iniciaron el 2x4 en los burdeles para matar el tiempo y los hombres lo practicaban entre ellos para poder sacarlas a bailar. Augusto afirmó rotundo: "La parte gay de los orígenes del baile no ha sido muy contada por los historiadores y la mayoría la descarta, pero claro que la hubo. No todos bailaban entre ellos por bailar simplemente".