(crónica) Vendedores inmigrantes convierten en un bazar la Via della Conciliazione

Bolsos de marca y relojes de lujo, todos rigurosamente falsos, pañuelos de supuesta sedas y elefantes de madera se venden en las mantas esparcidas por la Vía della Conciliazione, la calle ancha que desemboca en el Vaticano y que los inmigrantes ilegales han convertido en un bazar al aire libre. Desde hace meses las decenas de miles de turistas, fieles y romanos que caminan diariamente por ella tienen que sortear las mantas, todas en fila, en las que los vendedores ambulantes ilegales, en su mayor parte africanos y asiáticos, exponen sus productos, que intentan meter por los ojos a los eventuales compradores, a los que abordan en todos los idiomas. Lo que en un principio pudo parecer como el lugar de venta de unos cuantos "vu cumprá" -como son llamados con tinte despectivo en Italia los vendedores ilegales africanos- con el paso de los días ha aumentado, hasta el punto que la persona que se acerca desde el "lungotevere" (la orilla del río Tíber) hacia el Vaticano por la Vía della Concliazione sólo ve a un lado y otro de la calle una inmensa manta llena de bolsos y cinturones. Ante esta "invasión" que aumenta día a día, la junta romana de distrito de la zona en la que está enclavado el Vaticano ha pedido al Gobierno que intervenga, a la vez que la Iglesia ha criticado la situación creada, que desvela las condiciones en las que viven los inmigrantes. "Esta no es la acogida que la Iglesia promueve. Permitir que la Vía della Conciliazione se llene de pobres y desesperados, sin la capacidad de gestionar los flujos migratorios y sin ofrecer concretas posibilidades de integración, no es el camino justo para gestionar la integración", ha afirmado el arzobispo Angelo Comastri, arcipreste de la basílica de San Pedro. Hasta ahora, los puestos-mantas de los inmigrantes ambulantes ilegales se circunscribían al cercano Castel Sant´Angelo y al puente adyacente. Pero el aumento de turistas que desde el Jubileo del Año 2000 registra Roma ha ido acompañado del aumento de vendedores ilegales, que al no tener ya espacio en la plazuela del Castel Sant´Angelo, el que fuera mausoleo de Adriano, han tenido que dar un paso hacia el Vaticano, llegando prácticamente hasta la Columnata de Bernini, que circunda la plaza de San Pedro. De camino hacia el centro del catolicismo, los fieles y turistas sortean a los ambulantes que vocean en los principales idiomas bolsos, relojes, gafas de sol, cinturones o plumas estilográficas, todos de marcas prestigiosas, de modelos exclusivos, de última moda... y todos falsos. Los vendedores, muchos de ellos con trajes típicos de su países, proceden del África negra y juntos a ellos muchachas orientales venden mecheros, pañuelos de falsa seda y otros utensilios de escaso valor, y otros inmigrantes trípodes para cámaras de fotos, caballos y elefantes de madera y otras piezas de decoración. De vez en cuando la policía hace una "incursión" y todos los inmigrantes huyen con la mercancías al hombro, dejando la zona "liberada", pero pocos minutos después otra vez están allí con sus bolsos, cinturones, gafas, etc. Ante esa situación, Antonella De Giusti, presidente de la Junta de Distrito de Vía della Conciliazione, ha escrito sendas cartas a los ministros de Interior, Giuliano Amato, y de Solidaridad Social, Paolo Ferrero, para que se asigne a la zona una policía fija para impedir la venta. De Giusti, según ha dicho a los medios locales, ha recordado que existe ya una normativa que establece que toda la zona alrededor del Vaticano debe estar tutelada por las fuerzas del orden, las únicas que pueden hacer frente a unos ambulantes "que no tienen miedo a nada" y que cuando ven a los policías "salen huyendo tropezando y arrastrando a las personas". Según De Giusti, todos los días recibe decenas de llamadas telefónicas de los comerciantes de la zona que están "desesperados" ante el comercio ilegal. De Giusti ha agregado que es necesario "rigor" y ha justificado la carta al ministro de Solidaridad Social porque de su departamento depende la gestión de los inmigrantes. Además de Comastri, por parte de la Iglesia también ha hablado el arzobispo Giafranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, que en declaraciones a los medios romanos dijo que se trata de un "problema" que hay que resolver, porque se invade un área "que tiene una dimensión universal y simbólica". Ravasi pidió "comprensión y equilibrio", admitió que es un fenómeno de difícil solución y que es prácticamente imposible que se pueda suprimir del todo.