(crónica) El alce, el mamífero más grande de Europa, se "exilia" a Alemania

El alce, el mamífero salvaje más grande de Europa, retorna al oeste del viejo continente, por primera vez en siglos, en busca de un "exilio" en los bosques alemanes, a salvo del acoso de los cazadores de Polonia y Bielorrusia. Con hasta 800 kilos de peso y una cornamenta con forma de palas que puede alcanzar el tamaño de una cama de matrimonio, el alce es el mayor de los cérvidos y habitualmente habita en los bosques de Escandinavia, el norte de Rusia y los países del este ribereños del Báltico. Extinguido desde la Edad Media en Alemania, el enorme herbívoro, con una alzada de hombros de hasta 2,5 metros, retorna ahora por problemas de superpoblación en Polonia y huyendo de los cazadores en el país vecino. Prueba de ello es que las emisoras de alerta de tráfico en el este de este país advierten cada vez con más frecuencia de la peligrosa presencia de alces en carreteras y autopistas, mientras los buscadores de setas se los encuentran por sorpresa en los bosques de Brandeburgo y Antepomerania. Dirk Treichel, jefe del Parque Nacional del Bajo Oder, ha confirmado que la presencia de alces en la región alemana fronteriza con Polonia ha dejado de ser esporádica para convertirse en permanente y que este otoño pueden incluso oirse los berridos de los machos en celo buscando pareja. Ya se han visto alces aislados en los bosques de Potsdam, a las puertas de Berlín, en cuyos barrios periféricos campan a sus anchas jabalíes y corzos, por lo que no se descarta que cualquier día algún vecino se encuentre un cérvido gigante en el jardín. Lo que más ha sorprendido a los expertos es que los alces utilizan ahora las mismas vías y caminos que usaron sus antepasados hace varios siglos en el este de Alemania, como si dispusieran de una cierta memoria genética. La explosión demográfica de la especie en Polonia, donde en los últimos siete años su cifra ha aumentado de 2.000 a 7.000 ejemplares, es el motivo principal de su paulatina, pero imparable, migración hacia occidente, toda vez que en Alemania se encuentran protegidos y no pueden ser cazados como en el país vecino. Los expertos calculan que no menos de un centenar de alces frecuentan ya las regiones alemanas fronterizas con Polonia y subrayan que se trata de un animal flemático y tranquilo, en absoluto peligroso para el hombre, excepto si se les provoca en la época de celo, única fase en la que son irritables. La mayor concentración de alces se ha registrado en la región de la Schorfheide, al norte de Berlín, el paraíso natural mas grande de Alemania, con una reserva protegida en su núcleo que cuenta con un bosque cerrado de 200 kilómetros cuadrados. En esa zona, pantanosa en parte, sembrada de lagos y atravesada únicamente por una pista de uso exclusivo de los guardas forestales, se presume por lo menos un rebaño estable de cérvidos gigantes, que comprende entre cinco y diez animales. Treichel considera que el retorno del alce es un signo inequívoco de que las condiciones medioambientales han mejorado en el este de Alemania desde el colapso de la industria de la extinta RDA tras la reunificación. Es más, un estudio de expertos por encargo del Parlamento de Brandeburgo recomienda fomentar con primas el abandono de pueblos y aldeas sin posibilidades de existencia en la región, eliminar esos pequeños núcleos urbanos y recuperar en su lugar praderas, bosques y pantanos. "Esa iniciativa no tiene como fin facilitar que los alces se instalen. Pero si llegan de manera natural, podrán quedarse", señaló Treichel recientemente a la prensa.