(crónica) Los bolivianos celebran con calaveras fiesta censurada por la Iglesia

Los cementerios del área andina de Bolivia se llenaron hoy de calaveras, coca y flores, en una tradición precolombina de adoración a los muertos que se mezcla con la fe cristiana y que desaprueba la Iglesia Católica. Los fieles acudieron desde primera hora a los camposantos, pertrechados con los cráneos de familiares fallecidos o de desconocidos, para montar allí unos pequeños altares en los que tampoco faltó el tabaco, las flores y la música. A las calaveras se les da de fumar, se les sirve alcohol, se les canta y se les piden deseos y favores, como salud para los seres queridos o éxito en alguna empresa. El Cementerio General de La Paz amaneció lleno de devotos de los cráneos y vendedores ambulantes, a los que fueron sumándose a lo largo de la mañana periodistas y turistas. El camposanto paceño, como el resto del país, es una ciudadela de contrastes, en la que ricos panteones conviven con muchísimos paupérrimos nichos en los que sólo un escueto grabado, hecho sobre el cemento mientras permanecía fresco, recuerda a quien allí fue enterrado. Aunque se desconoce con exactitud el origen de la tradición de rendir culto a las calaveras, se cree que comenzó siglos atrás en la época precolombina, en la zona andina, para evitar la llegada de las lluvias, según algunas versiones. Otras atribuyen a las "ñatitas" poderes para proteger viviendas, razón por la cual las familias las colocan en altares en sus hogares, les ponen un nombre y hasta les buscan una pareja. Con motivo de la fiesta de las "ñatitas", también se desplegó allí un gran contingente policial que buscaba, además de mantener el orden, decomisar todo el alcohol que llevaban los creyentes para dar de beber a sus calaveras. Los cráneos suelen ser de familiares desenterrados, pero también pueden ser de desconocidos, como por ejemplo la que pertenece a Carmen Vogth, que la recibió hace seis años como regalo y a la que disfraza de "rockerita". Vogth dijo a Efe que la conserva en su casa con velas en un altar junto a sus "demás santitos". "Esta es una fiesta ancestral que se estaba perdiendo pero ahora ha vuelto con fuerza", dijo Vogth, quien además relató cómo sus amigos se acercan a su casa a pedirle cosas a su calavera y le pagan los favores con misas. Este resurgimiento lo explican los antropólogos por la migración interna hacia la ciudad desde el campo, desde donde los campesinos indígenas lo han llevado a La Paz. El día comenzó con una ceremonia oficiada en la capilla del cementerio paceño por el sacerdote Juan Fernández, calificado por la jerarquía de la Iglesia de "rebelde", al que todo el mundo presenta sus cráneos para que reciban una bendición que siempre otorga a regañadientes. Otro párroco de la zona, Edgar Mena, en conversación con Efe, mostró su "total desacuerdo" con la fiesta de las "ñatitas" y calificó la celebración de "superstición" que se "desvía del sentimiento religioso" y que "afecta al culto al verdadero Dios". "No tiene nada que ver con la fe", agregó el sacerdote, y calificó a su compañero que oficia las abarrotadas ceremonias que se celebran cada hora en la parroquia del cementerio de "rebelde que está desobedeciendo las órdenes del arzobispo". Mena dedicó la mañana a pasear por todo el cementerio, que además de estar repleto de fieles estaba lleno de periodistas, para entregarles a éstos un "comunicado" del arzobispado en el que se señala que los buenos cristianos no "adoran a los difuntos porque creen en la resurrección al final de los tiempos". A partir de las doce, todos se trasladaron a los "prestes", que son fiestas, donde abunda el alcohol y las intoxicaciones etílicas son comunes, y que cierran la celebración dedicada a las calaveras. Un taxista contó a Efe que alrededor de las cinco o seis de la tarde comienza la "verdadera farra" (una gran fiesta) en la que la "gente borracha" se acaba olvidando de las calaveras y empiezan las peleas. El degradado entorno urbano del cementerio, lleno de carteles de "prohibido orinar y echar basuras", da una idea de cuál suele ser el final de las fiesta en el entorno del lugar.