(crónica) Los himnos y marchas del Jemer Rojo en el "hit parade" camboyano

En los puestos de Phnom Penh dedicados a la venta de películas pirateadas, oraciones del Corán y música de las bandas de rock resurge la extraña moda de comprar grabaciones de las marchas triunfales e himnos revolucionarios del Jemer Rojo. Cuando el tribunal internacional auspiciado por Naciones Unidas se prepara para juzgar por genocidio y crímenes contra la humanidad a algunos de los ex líderes vivos de la organización extremista, muchos camboyanos rememoran la insistente propaganda que hizo el despótico régimen, a diario y durante casi cuatro años. "No es lo que más se vende, pero su venta aumenta", explicó Vy, dueña de uno de los numerosos puestos levantados en los mercados de la capital camboyana. Como muchos otros camboyanos, a Vy se le pone la piel de gallina al oír las marchas, himnos y los discursos pronunciados por Pol Pot, el máximo dirigente del Jemer Rojo, pese a que hace ya nueve años que murió sin rendir cuentas ante la justicia. "La escucho un minuto y es suficiente para sentirme aterrada durante tres años", comentó la dueña del puesto. A raíz de la creciente demanda, el precio de los discos compactos que contienen esas siniestras grabaciones que forman parte del legado del Jemer Rojo ha subido un 25 por ciento, por lo que ya cuestan más que cualquier copia de las últimas creaciones musicales de los ídolos mundiales del pop o del rock. El Angkar (organización), como se hacía llamar el Jemer Rojo, tenía una especial devoción por los himnos triunfales, que ordenaba sonaran por los altavoces instalados antes de cada reunión en los comedores comunales, en los campos de cultivo y mientras millones de personas eran forzadas a trabajar hasta desfallecer. Entre los temas musicales más populares está aquel mediante el que el Jemer Rojo ordenaba a los camboyanos mantener la guardia y denunciar a los enemigos de la revolución, otro que recordaba que había que obedecer de forma incondicional al Angkar, y uno que se ponía muy a menudo para exaltar el honor de morir de agotamiento en los campos de trabajo. "No compramos esta música porque apoyemos a aquel régimen. La compramos para intentar entender la razón por la que aquella gente hizo lo que hizo, y que pensaban", señaló Khieu Bunna, de 42 años y quien se considera una víctima de aquel régimen. Cerca de dos millones de camboyanos perecieron a causa de la hambruna, las enfermedades y las purgas llevadas a cabo por el Jemer Rojo, desde que en abril de 1975 tomaron el poder y hasta que enero de 1979 huyó a las junglas del oeste del país para escapar de las tropas vietnamitas que invadieron Camboya. A pesar de que en los medios de comunicación locales abunda la información sobre los crímenes del Jemer Rojo y los preparativos para poner en marcha el tribunal internacional, en las escuelas del país se sigue ignorando ese capitulo de la historia de Camboya, y muchos camboyanos consideran que disponen de poca información acerca de lo que sucedió. El tribunal internacional citó a finales del pasado octubre a sus tres primeros testigos, todos ellos personas que trabajaron o pasaron por el centro de torturas de Toul Sleng, donde murieron o se ordenó ejecutar a unas 14.000 personas. La ONU participa en la organización y celebración de este juicio en Phnom Penh, que cuenta con un presupuesto de unos 56 millones de dólares, que sufraga en su mayor parte la comunidad internacional. Se espera que el juicio comience el año próximo.