(crónica) Dos vascos hacen un alto en Praga en su trayecto ciclista a Pekín

El vitoriano Arturo Martínez, de 31 años, y el bilbaíno Diego Errandonea, de 46, han hecho un alto en Praga tras 2.700 kilómetros de trayecto en bicicleta desde España, y a la espera de recorrer otros 7.000 kilómetros hasta Pekín. "No perseguimos ningún récord, sólo hacer un llamamiento en favor del uso de la bicicleta", explicó Martínez, que controla la calidad en una fábrica de pilas, y ha tardado dos años en organizar este proyecto. Con Errandonea partió de Vitoria el pasado 5 de abril y esperan llegar a Moscú el 1 de agosto, alcanzar la frontera china el 23 de septiembre, y culminar el viaje en Pekín a fin de año. "Después de un tiempo buscando viajes, me encontré con la oferta de Arturo por internet", recuerda Errandonea, dedicado a la compra-venta de obras de arte, y que aunque no había cogido la bici en catorce años, le tentó la propuesta. El proyecto "Subete a la bici" es un compromiso para reducir las emisiones de CO2 y promover el ciclo-turismo, y tiene un presupuesto de 9.000 euros, con el material aparte. A este tour sobre ruedas se sumaron luego otros cinco ciclistas para trayectos intermedios, el que une París y Luxemburgo, y luego el donostiarra Miguel Soroa durante un mes desde Praga en adelante. A base de 60 o 70 kilómetros al día, y con un viaje en tren de 4.000 kilómetros desde Moscú al Lago Baikal, los dos pilares de la expedición salvarán la distancia de 9.500 kilómetros que separa Euskadi de China. Las pernoctaciones se apalabran de antemano a través de la tupida red de hostales del Hospitality Club y la plataforma en internet "Couchsurfing", que les ha dado un buen resultado. El trayecto atraviesa Francia, Luxemburgo, Alemania, República Checa, Eslovaquia, Polonia, Bielorrusia, Rusia, Mongolia y China, aunque "no vamos a los juegos olímpicos", precisó Martínez en declaraciones a Efe en la capital checa. Los patrocinadores "nos cubren los equipos hasta Polonia, pero luego hay que seguir, no sé cómo, pero seguir", dijo envalentonado el vitoriano. Además del aparato de navegación GPS, disponen de un panel de electricidad foto-voltaico para cargar el teléfono celular, el "navegador" y la cámara de fotos. También disponen de una conexión a internet gratuita durante todo el recorrido, y través de cual mandan información cada noche puntualmente a su "blog" de noticias y fotografías. Tras las semanas iniciales, ambos han constatado "la calidez y buen trato de los habitantes del sur del Francia", así como el "excelente estado de las infraestructuras ciclistas" y el alto concepto de este medio de transporte en Alemania, según Martínez. "Nos ha extrañado lo poco que hay de carriles bicicleta en la República Checa. Incluso hay uno marcado en zonas adoquinadas", dijo el vitoriano. Además, y a diferencia de los galos y germanos, "con los checos no se regatea", constató con cierto enojo, después de haber sido convidados en muchos lugares en aras de la solidaridad con el ciclista. Coinciden en que "lo peor del viaje son las despedidas", en las que no pocas veces se saltan las lágrimas, dijo Errandonea, como en Saint Foyl la Grande, pasado Bourdeaux. Otro grato momento fue cuando se quedaron sin agua en Francia y apareció para socorrerles el "buen samaritano galo" Xavier, en las proximidades de Meaus. También les dejó un buen sabor de boca la pernoctación en un campo hippy en Amstadt o una boda greco-turca en Laudenbach, a la orilla del río Main, cuando al llegar en su atuendo ciclista se convirtieron en centro de las miradas de los convidados y de la pareja contrayente.