Quién le iba a decir a Alejandro Sánchez Pizarro cuando recorría los bares de Madrid con su guitarra al hombro haciéndose llamar Alejandro Magno, que algo más de veinte años después, sería reconocido como “Español Universal” por su “inconmensurable contribución al arte”…

Ya han pasado muchos años, muchos discos y muchos premios, desde que un muchacho casi imberbe cantara a los primeros amores de juventud e hiciera llorar con sus letras a miles de adolescentes. Luego llegó el “Corazón Partío” y el mundo se rindió a sus pies. A partir de ahí, la carrera al éxito internacional fue imparable. De un estilo de ídolo juvenil romanticón, sus letras poco a poco fueron evolucionando y creciendo con el artista, volviéndose cada vez más comprometidas, maduras e intensa. Dos Grammys, 15 Grammys Latinos y más de 20 millones de discos vendidos en todo el mundo avalan su trayectoria.

Se codea con los grandes de la música y ya tiene autoridad para hablarles desde la experiencia. Con Shakira forma un tándem musical y solidario que le ha llevado a participar como ponente en la mismísima Cumbre Iberoamericana para defender el derecho a la educación de los pequeños con menos recursos; y el propio Rey de España ha declarado en alguna ocasión que es fan del madrileño.

Desde las calles del madrileño barrio de Moratalaz, previo paso por su Cádiz de adopción para tomar el pulso a las corrientes flamencas de su maestro Paco de Lucía que tanto definen su estilo desgarrado, puso mar de por medio para afincarse en tierras americanas, donde es considerado un ídolo de multitudes. Es precisamente allí, en Miami, donde le ha sido concedido el reconocimiento de Español Universal por la Cámara de Comercio Española de la ciudad donde reside “por su extraordinaria contribución profesional y artística como españoles en Estados Unidos”, que le será entregado oficialmente el próximo 13 de noviembre.

Para más inri, en ocasiones ha declarado que su carrera “no ha hecho más que empezar”. Ahí es nada…