Uñas pintadas de negro, anillos de plata en cada dedo de la mano, sombrero de fieltro, foulard al cuello… un envoltorio peculiar para un artista cuyas canciones arrebatan a todos los públicos. Coti consigue lo más difícil: decir mucho con pocas palabras. Seis meses en la carretera y más de 50 conciertos son el balance de la gira española de su último disco “Gatos y palomas”, que Coti cerró el pasado 10 de octubre con un concierto muy especial en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. Ahora, el músico inicia su gira por Suramérica. Quedamos por la mañana para hablar de su trabajo, pero hay hueco para su tía solterona, sus hijos gemelos, su debilidad por las mujeres y las ciudades. Todo un personaje deliciosamente irónico, con experiencia y sin prisa. Tienes más información en www.cotisorokin.com.

MUJERHOY. Es decir tu nombre y todo el mundo sabe de qué hablamos…

COTI. En realidad, me llamo Roberto Fidel Ernesto.

MH. ¡Toma ya! Como el protagonista de un culebrón.

C. Mi familia quiso quedar bien con todo el mundo.

MH. Eres padre de dos parejas de gemelos, ¿cómo se hace eso?

C. Todo “power natural” [se ríe]. Es alucinante, pero de momento no tengo más, ¡por si acaso!

MH. Tu último disco tiene un lado gatuno y otro volador. ¿Tú también?

C. Ambos conviven. El volador tiene que ver con la fantasía, las ilusiones y los sueños; y el felino es más medido, observador, tramposo y con doble sentido. Yo fomento los dos. En mi disco hay canciones gato, que tienen que ver con la noche y las alcantarillas, y otras voladoras, con más luz. Me faltarían los emigrantes, las putas y los revolucionarios.

MH. ¿Eres animal de ciudad?

C. 100% urbano. Adoro tener el lío cerca, pero no vivir en él; no me gusta sentirme “outside”. Necesito vivir en una ciudad grande y lo logró a “full” en Madrid, igual que en Buenos Aires o Bogotá. Las grandes verdades se cuecen ahí.

MH. Tus canciones dicen mucho con pocas palabras.

C. Gracias, es el mejor piropo. Cuando uno trata de que cada palabra que elige tenga un por qué, lo que dices me halaga especialmente. Luego para hablar me cuesta resumir. Así de contradictorios somos los artistas.

MH. Has tenido que vivir mucho para poder escribir cosas tan bonitas como “tuve un diamante y lo perdimos…”.

C. Es una necesidad. Poco tendrán para escribir aquellos que viven en casa con sus padres, que no se han pegado cabezazos contra la pared, que no han vivido lejos de su tierra, que no han sufrido desengaños o no han tenido miedo. Veo que los nenes que empiezan en el mundo de la música son “niños de mamá”, quieren vivir pocos riesgos.

MH. Eso es muy masculino…

C. No, creo que más bien es cobardía. Yo con 17 años me fui a vivir a 500 km de mi ciudad. El miedo estaba presente y tengo una hermana que es todo lo contrario.

MH. Cómo explicarías la pasión que sientes por la música.

C. Es como un orgasmo cuando estás enamorado. Un subidón que va más allá de lo mental y lo espiritual, que tiene que ver con algo físico que uno siente. Es una ilusión, un enamoramiento adolescente y también tiene que ver con la ingenuidad. Es volver al amor de los 17 años, como decía Violeta Pardo.

MH. ¿Cómo detectas que estás enamorado?

C. Enseguida. Con cinco años me encantaban las mujeres 30 años mayores que yo. MH. Eso es imposible. C. ¡Lo juro! Yo alucinaba con mi vecina, era mi amor platónico. Soy de los que me subo a un metro y me enamoro.

MH. Sí, claro. Y, por supuesto, te desenamoras nada más bajar en tu parada.

C. Exacto (risas). Yo soy así.

MH. Y tu mujer, ¿qué dice?

C. [Con acento agudo, muy argentino] Seguro que lo sabe. Se trata de algo fantasioso.

MH. ¿Lo has hablado con otros artistas?

C. ¡Qué va! Entre nosotros hablamos de gilipolleces, a menos que nos emborrachemos y nos pongamos así, como sensibleros.

MH. En tus días grises, ¿qué es mejor hacer contigo?

C. Mi mujer está acostumbrada y me entiende, de eso trata la convivencia. Puedo estar 24 horas viviendo un mundo irreal, pensando en una canción que no sale. De pronto, me estoy duchando o durmiendo y aparece esa palabra. Cuando andas empeñado en buscar es porque sabes que en algún lugar está esa frase. Es algo que se puede encontrar.

MH. Como la vida: si te conformas con lo primero, mal vamos...

C. Si sabes que hay algo mejor, hay que ir a por ello. Puede ser una chica o una casa. Mira, éste es buen tema para una canción.

MH. Paulina Rubio y Julieta Venegas colaboraron en tu anterior trabajo. ¿Es difícil trabajar con mujeres?

C. Conozco mucho mejor a Julieta; pero lejos de cualquier machismo, las mujeres son conflictivas por naturaleza y no lo digo por ellas. Un artista-estrella que sea mujer es lo más terrible. Madonna ya lo decía: “Es peor que cualquier terrorista”.

MH. El ego debe ser muy grande…

C. Exacto, el choque de egos se produce a diario. Por eso, como en cualquier convivencia, la educación es la clave. No somos como nos mostramos. Julieta o yo parecemos tranquilos, pero no lo somos. La clave es saber cuál es tu sitio. Las peores personas para trabajar y vivir son los inseguros.

MH. Y los malos, que encima son tontos.

C. [Risas] Me gusta eso.

MH. Cuando se habla de espacio en la pareja, ¿qué interpretas?

C. Una cosa es ser independiente y otra cosa es ser solitario. Por mucho que necesitemos espacio, hay que poner un límite si no quieres quedarte solo y pobre en afectos. Eso lo tengo muy trabajado.

MH. Coti,me has convencido de tu “natural power”…

C. Ja, ja, ja, vísteeeeee.

LAS MUJERES DE SU VIDA

Mi madre. “Siempre me decía: “Ten cuidado”. Desde chiquito, tuve afición por la música y no les quedó otra”.

Mi abuela Felisa y mi tía "La negra". “Vivían juntas, eran cuñadas y cuando íbamos a Rosario me quedaba en su casa. Mi abuela era total, la vieja murió con noventa y tantos. Decía verdades absolutas y me encantaban sus dichos. Mi tía era una solterona típica”.

Mi mujer. “Ha aprendido a vivir con mis manías de artista y cuando estoy componiendo sabe que ando como loco en mi mundo. Tiene mucha paciencia”.