Acaba de salir de la ducha. Se ha levantado tarde por trabajo y quedamos a tomar un café. Su voz suena increíblemente sexy cuando habla, algo rota, profunda, pausada. A ratos tímido, por momentos gamberro, aunque mucho menos de lo que imaginamos, Manuel Quijano vuela en solitario. Y, entre cigarro y cigarro, cuenta cómo está siendo este viaje. “Vidas y venidas” es su primer álbum con su propio sello discográfico, Rebels Music. Está escrito y producido por el propio Manuel y parte de sus ventas se destinará a la Fundación Carriegos, de León, dedicada a la rehabilitación de discapacitados mediante terapias ecuestres.

MUJER HOY. ¿Como te llaman?

MANUEL QUIJANO. Manolo y Manuel.

MH. ¿Qué tal tu paso por Estados Unidos?

M.Q. Ha sido un descanso largo entre Miami y Los Ángeles… Pues la verdad aquello es para pasar temporadas. Luego me encanta volver a León o a cualquier otro sitio de España.

MH. Ahora, en solitario, ¿echas de menos a tus hermanos?

M.Q. Lo teníamos clarito los tres. Es cuestión de mentalizarse y de hacer las cosas bien. Es lo que toca en este momento y cada actuación no puede convertirse en una jornada nostálgica.

MH. El escenario, ¿tiene poder con lasmujeres?

M.Q. Creo que exageran… Algunas lo pasan realmente bien. Luego, cuando estoy en mi cuarto del hotel, me miro y pienso: “¿Cómo es posible que pase lo que me está pasando?”. Pero forma parte de este circo.

MH. Escriben de ti: canalla, seductor, un tipo con clase... ¿Es una pose?

M.Q. Nunca he buscado en el diccionario la palabra canalla, no me hace gracia especialmente… Lo deben decir por lo de la moto: soy “harlista” (conduce una Harley Davidson) y motero desde hace 20 años, me gusta y disfruto con ello.

MH. Bueno, esa imagen es muy seductora…

M.Q. Supongo que igual lo han escrito por eso, ¡ja, ja, ja!

MH. ¿Fue difícil decir adiós a “Lola”?

M.Q. Es como cuando cumples años, son etapas. Nunca le he dicho adiós, la sigo cantando desde que la escribí en 1998 y forma parte de mis conciertos y de mi historia como compositor.

MH. ¿Es lamujer quemás satisfacciones te ha dado?

M.Q. Me ha dado todas las alegrías del mundo, muchas y muy diversas. “Lola” es una seña de identidad en mi vida profesional. En el otro sentido, debo reconocer que lo que he ido recibiendo de las mujeres, a lo largo de la vida, han sido todo satisfacciones. No tengo ninguna recriminación que hacer a ninguna.

MH. ¡Anda ya!

M.Q. Es cierto, y lo he comentado con amigos. He sido muy afortunado y con la canción “Lola”, también.

MH. ¿Le pondrías el nombre de Lola a una hija?

M.Q. Me gusta, no me importaría.

MH. ¿Te cuesta terminar las relaciones?

M.Q. Mucho, pero todo está marcado por los momentos. Y después vienen otras, en el trabajo y en las relaciones de amor. A veces, no sabes terminar una relación no por cobardía sino porque eres buena persona y duele hacer daño.

MH. Tocas la guitarra y escribes poesía desde que eras niño. ¿Siempre has sido tan precoz?

M.Q. Muy precoz [con voz guasona], pero luego me estanqué. Mi padre era profesor de guitarra y ahí se quedó. Una canción no es el estándar de poesía, pero para mí, en cierta manera, lo es.

MH. “Amar con fallo”, reza una de tus últimas canciones…

M.Q. Nunca he tenido problema en reconocer mis errores y mis carencias.

MH. ¿Por qué se quejan tanto las mujeres de sus parejas?

M.Q. Los hombres, con frecuencia, tienden a mostrar un cierto descuido hacia la relación y, como consecuencia, a las señoras. Se acomodan…

MH. Se acusa en la convivencia, con la llegada de los hijos. ¿A quién echamos la culpa?

M.Q. ¡Al “empedrao”! [risas]. La culpa la tiene la monotonía; el no buscar fórmulas para hacer, al menos cada mes, algo diferente. Hay que dar con nuevos estímulos.

MH. Y tú, ¿cómo te organizas?

M.Q. Cuando estoy con alguien, busco el “fifty fifty”. Disfruto igual o más haciendo disfrutar a mi pareja. No me cuesta ningún trabajo, trato de acercarme a esa persona, saber qué le gusta y proporcionárselo. Y además, así, también te cuidas a ti mismo.

MH. ¿Te cuesta verbalizar que estás enamorado?

M.Q. ¡Qué va! Lo cacareo sin problema, ojo, a quien se lo tengo que contar. Vamos, que no voy por la calle con un cartel.

MH. ¿Qué te notas distinto?

M.Q. Con los años, me he vuelto más vulnerable. Te das cuenta del trabajo que cuesta encontrar ciertas cosas, así que, cuando logras ese estado de felicidad tan especial, tienes miedo a perderlo. Esos picos de felicidad se pueden esfumar; lo sabes y te da miedo.

MH. ¿Te gustaría envejecer con la persona a la que amas?

M.Q. Por supuesto. Cada vez que estoy con alguien, no pienso en que es para una temporada… Soy tradicional y romántico, en contra de lo que la gente pueda pensar por mi imagen.

MH. Entonces, de golfo nada…

M.Q. Pues no, la verdad es que nada. Y canalla, tampoco.

MH. ¿Hay que saber mucho de amor para escribir canciones como las tuyas?

M.Q. No, con ver algunas “pelis” basta [con ironía].

MH. ¿Eres llorón, como tu “Magdalena”?

M.Q. Pues sí, lloro.

MH. ¿Y te curas rápido?

M.Q. Depende, de alguna no. Hay cosas que no se curan y que cuesta olvidar. Se quedan escondidas, pero están.

MH. ¿Qué música se escucha en tu casa?

M.Q. La mía, no. Me gusta el cortejo, la seducción y, para ser sincero, no escucho mucha música. No creo que la lenta sea siempre lo ideal. Igual una sardana es la bomba, según el momento.

LAS MUJERES DE SU VIDA

Mi madre: “Siempre quiso tener niñas, pero con el cuarto hijo se plantó. Menos mal que es tan guapa...”.

Mis amigas: “Tengo muchas, no puedo decir una concreta, pero mi suerte es que me dicen lo que piensan y me critican de una manera sincera. Si me ven hecho un payaso, me lo dicen y me dan caña”.

Mis abuelas: “Rosario y Secundina eran como de cuento, unas santas. Las recuerdo como unas excelentes cocineras. Íbamos los fines de semana a su casa a montar el número todos los hermanos”.