Elena Sainz-Maza, 31 años. Estilista.
“Después de seis años juntos, me sorprendería si Lauri se negara a ir a cenar a casa de mis padres en fechas señaladas, como los cumpleaños o las navidades. Hasta ahora lo que hacemos es turnarnos. Tampoco sería una tragedia: tengo muy claro que yo me iría a cenar con mis padres; no le obligaría, pero tampoco dejaría de asistir”.

Lauri Gómez, 33 años. Administrativo.
“No es un tema conflictivo, porque hay pocas opciones: o con su familia o con la mía. En alguna ocasión en la que nos hemos planteado este tema, hemos llegado a la conclusión de que lo mejor sería que cada uno pasara este tipo de fiestas con su familia y que después nos reuniéramos para estar también parte de la velada juntos. Pero esto tiene el inconveniente de que estaríamos separados y nos pasaríamos toda la noche pensando en el otro”. 

LA PSICÓLOGA OPINA. 
“Este tema es complejo, porque depende de la relevancia que le dé la pareja a esas reuniones”, explica Vanesa Fernández. “Si existe un acuerdo sobre cómo, dónde y en qué fechas acudir, debe cumplirse. Pero si no existe, es importante valorar el malestar que puede provocar hacer algo que no les apetece. La clave es no sobrevalorar esa situación”, concluye la experta.