El pasado domingo fue San Martín. La fecha que, como dice el refrán, le llega a cada cerdo. Aunque la tradición es sólo un recuerdo.

• Dice el saber popular que del cerdo nos gusta todo, hasta sus andares, pero habría que añadir, “sin abusar”. Disfrutados en su justa medida, pueden formar parte de cualquier dieta. Además, si se trata de cerdo ibérico de bellota, su carne es una delicia y su grasa no es perjudicial para la salud.

• Los filetes de babilla de cerdo son excelentes para prepararlos empanados o como escalopes. Sus solomillos, asados o a la plancha, se usan para elaborar platos de alta gastronomía.

 Con la paletilla se pueden hacer asados, fiambre casero –bridándolo para que no pierda forma– o ragut. La pierna de cerdo fresca se puede preparar entera y asada al horno si hay muchos comensales, o cocerla y luego brasearla.

Las manitas de cerdo, antes despreciadas, han dado el salto a las grandes mesas. Su carne gelatinosa, una vez deshuesada, sirve para preparar platos jugosos y suaves.

• Si quieres preparar un sofrito especial, añade unos trocitos muy pequeños de tocino entreverado, que le aportarán un sabor muy agradable. Para tenerlo siempre disponible, puedes comprarlo, cortarlo en trocitos y congelarlo.

• La carne de cerdo picada es también estupenda para preparar hamburguesas, albóndigas, lasañas o salsa boloñesa. Si lo prefieres, puedes mezclarla con carne de ternera en la proporción que desees.