Aislados del mundo, por Cristina Morató

EN JAPÓN utilizan el término "hikikomori" para referirse a los adolescentes que un buen día deciden abandonar la vida social y recluirse tras las cuatro paredes de su habitación. En realidad, se trata de una grave enfermedad que afecta cada vez a más jóvenes, víctimas de la competitividad y la presión social. Solo en el país nipón se estima que hay más de un millón, aunque la cifra puede ser mucho mayor, ya que la mayoría de familias mantiene en secreto el problema por vergüenza. Son jóvenes sensibles, tímidos, que apenas tienen amigos y la relación con sus padres no es buena. Pueden encerrarse en sus dormitorios durante largos períodos de tiempo, incluso años. Están solos, no hablan y no salen de su cuarto ni para comer. Se sienten agredidos por el mundo exterior y algunos llegan incluso al suicidio.

OÍ HABLAR de los hikikomori en un reciente viaje a Japón donde mi anfitriona, Elena Gallego, profesora de la universidad Sophia de Tokio, me puso al día de esta "nueva especie humana", como así la catalogan. Se trata de jóvenes inadaptados que tienen fobia a la comunicación y están peleados con el mundo. La mayoría no tiene amigos, duerme a lo largo del día, y ve la televisión o juega al ordenador durante la noche. Su aislamiento es gradual, primero se sienten tristes, deprimidos, pierden sus amigos, se vuelven inseguros y cada vez hablan menos. Un día se convierten en objeto de burla en el colegio y este es el detonante para cerrar con llave la puerta de su habitación. Durante su confinamiento abandonan su higiene personal, se rodean de basura y se vuelven violentos. Solo mantienen contacto con el exterior a través del ordenador, la televisión y los videojuegos. Como en Japón la educación del niño corre a cargo de la madre, esta se muestra sobreprotectora con su hijo alargando así su reclusión.

NO HEMOS LLEGADO en nuestro país a estos extremos pero sin duda algunos síntomas de los hikikomori nos suenan: adolescentes que pasan cada día más tiempo encerrados en su habitación frente al televisor o conectados al ordenador, sintiéndose fracasados por no poder cumplir con las expectativas académicas y con la autoestima por los suelos.

"HIKIKOMORI" es también el título de un interesante y emotivo cortometraje que acaba de ver la luz. No se anuncia en las carteleras ni se estrenará en los cines (pero puede descargarse en www.lachispaescueladecine.com) porque es el trabajo de fin de curso de los alumnos de la Escuela de Cine de Juventud de Boadilla del Monte (Madrid). Una escuela, única y ejemplar, formada por prestigiosos profesionales del medio volcados en transmitir su entusiasmo y buen hacer a un puñado de adolescentes enamorados del cine. Aprenden a trabajar en equipo, a ganar confianza en sí mismos y a asumir un compromiso. Iniciativas como esta, que cuenta con el apoyo de la Consejería de Juventud, son el mejor antídoto contra el aislamiento y la desidia. Porque lo que de verdad necesitan nuestros jóvenes es seguridad, confianza, cariño y la posibilidad de hacer realidad sus sueños.