Las "conquistadoras" de América, por Cristina Morató

DESDE TIEMPOS remotos, las mujeres han protagonizado hazañas que han caído en el olvido. Sus nombres nunca aparecen en los libros de Historia, ni un monumento ni una triste placa las recuerda en sus lugares de nacimiento o en los escenarios donde llevaron a cabo sus proezas. Nos han hecho creer que la conquista de América fue empresa exclusiva de aguerridos y barbudos soldados: Cortés, Pizarro, Valdivia… El cronista de Indias Bernal Díaz del Castillo escribió: "La conquista, después de Dios, se debe a los caballos". Olvidó narrar en sus famosas crónicas del Nuevo Mundo que tras las huellas de Colón partieron miles de españolas, en su mayoría extremeñas y andaluzas, en busca de poder y fortuna. Tranquilas amas de casa, viudas, puritanas solteronas, aventureras y damas de alcurnia cansadas de esperar el retorno de su príncipe azul se embarcaron en Cádiz o en Sevilla rumbo a lo desconocido. Algunas llegaron a virreinas, almirantes, adelantadas y gobernadoras, ocupando cargos de responsabilidad impensables para una mujer del siglo XVI en Europa.

ESTAS MUJERES de armas tomar demostraron al mundo que con valor, fe y una inquebrantable fuerza de voluntad también podían hacer las Américas. Porque había que tener mucho coraje para embarcar a bordo de fétidas naos que tardaban largos y penosos meses en cruzar el océano. Hacinadas, sin intimidad, todas sufrieron hambre, sed y enfermedades, sin contar las tempestades y tormentas, los naufragios y los ataques de piratas. A bordo, compartieron las mismas penas y miserias que ellos y, una vez en tierra firme, descubrieron que Eldorado era un infierno: marchas interminables por la jungla, ataques de indios y fieras, hambrunas –en ocasiones tuvieron que practicar la antropofagia– y un clima hostil. Nada las asustó y, si hubo que combatir, empuñaron la espada y muchas murieron en la batalla. Ya era hora de que salieran a la luz las gestas femeninas en la conquista de América. Una magnífica exposición titulada "No fueron solos", en el Museo Naval de Madrid, aborda por primera vez este tema y hace justicia a tantas heroínas anónimas.

EN SUS SALAS descubrimos historias fascinantes; como la de Mencía Calderón, que, en 1550, al frente de 50 mujeres, atravesó 1.600 kilómetros de selvas, ríos y montañas rumbo a Asunción, en una expedición que duró seis años; el genio y figura de Isabel Barreto, la primera y única almirante de la Armada, que lideró en 1595 la expedición más larga de aquella época a través del Pacífico; o la epopeya de Ana de Ayala, esposa del explorador Francisco de Orellana, que compartió con él 11 dramáticos meses por el Amazonas y acabó enterrándole a orillas del gran río. Exposiciones tan reveladoras como esta deberían servir para revisar la Historia y colocar a estas mujeres en el lugar que les corresponde; para reconocer, de una vez por todas, no solo su audacia y determinación, sino el papel tan importante que desempeñaron en la conquista y colonización del Nuevo Mundo.

P. D.: Más de un siglo antes de que 18 mujeres inglesas embarcaran hacia América del Norte en el legendario Mayflower, 30 españolas anónimas acompañaron a Cristóbal Colón en su tercer viaje a las Indias Occidentales. Ellas fueron las auténticas pioneras en el Nuevo Mundo.