La llamada de África, por Cristina Morató

  • Mary Slessor fue una pionera en el voluntariado en África, en el libro 'Todos los caminos llevan a África' (Casiopea), de Loreto Hernández y Pilar Tejera, puedes leer los los testimonios conmovedores de 40 mujeres.

En 1875, una joven misionera escocesa llamada Mary Slessor llegaba a la costa occidental africana dispuesta a mejorar la vida de los nativos. Esta audaz religiosa, de pequeña estatura y cabello pelirrojo, fundó iglesias y escuelas en una región olvidada de la actual Nigeria donde los sacrificios humanos y los asesinatos de gemelos por pura superstición estaban a la orden del día.

La señorita Slessor cautivó a los africanos porque vivió como ellos en una choza de barro, aprendió a escuchar y a no imponer sus ideas en una tierra marcada por la violencia y la brujería. Fue una pionera en el voluntariado en África que supo ganarse el respeto y el afecto de su pueblo.

Al igual que aquellas primeras viajeras solidarias, otras mujeres se han comprometido con un continente que a nadie deja indiferente. El libro 'Todos los caminos llevan a África' (Casiopea), de Loreto Hernández y Pilar Tejera, recoge los testimonios conmovedores de 40 mujeres (20 españolas) que dejaron atrás el confort para contribuir al progreso de una región castigada por guerras, sequías y hambrunas. Una lectura amena e inspiradora porque sus logros nos demuestran la importancia de los pequeños gestos.

Las protagonistas de este libro emprendieron un viaje a África que les cambió la vida. Más allá de los safaris, las puestas de sol y su imponente naturaleza, descubrieron un lugar donde la muerte, el hambre, la violencia y la corrupción siguen enquistadas. Mujeres jóvenes y maduras, profesionales de éxito, deportistas, empresarias, azafatas, misioneras o aventureras que un día dejaron atrás sus países, trabajos y comodidades tocadas por una realidad que no les dejó indiferentes. Mujeres luchadoras y valientes que, con escasos medios, han puesto en marcha escuelas, hospitales, orfanatos y proyectos para luchar contra la ablación o la explotación sexual.

Historias como la de Verónica Hormaechea, que dejó su trabajo de auxiliar de vuelo y desde hace cuatro años gestiona un centro educativo en Gambia. Al principio aprovechaba su trabajo en una compañía aérea para ir cargada de medicinas que ella misma distribuía en las aldeas. Pero un día decidió que su hogar estaba aquí y fundó la ONG 'Sunu Buga Buga', que en 'wolof 'significa 'lo que nos gusta'.

O la de las oftalmólogas Blanca García Sandoval y Ester Ciancas, que gracias a las operaciones quirúrgicas que realizan cada año en Turkana junto a su equipo devuelven la vista y la esperanza a cientos de personas condenadas a la ceguera debido a la terrible enfermedad del tracoma.

África te atrapa y lo sé muy bien porque en mi juventud tuve el privilegio de vivir y trabajar como cooperante en este continente infinito, hermoso y cruel. En mis viajes conocí a mujeres como ellas: emprendedoras, obstinadas, fuertes y comprometidas, dispuestas a cambiar el mundo. Mujeres que, pese al clima insalubre, las dificultades y la soledad, sienten que están donde deben estar.