Morir por ser princesas, por Cristina Morató

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La pesadilla de Lídia comenzó hace un año, cuando descubrió que su hija sufría anorexia. La primera señal de alarma fue su repentino cambio de carácter y su desinterés por la comida. Nadia era una joven de 14 años risueña y sociable que comenzó a mostrarse enfadada e irascible. Cada vez comía menos y en solo dos meses perdió 14 kilos. Un día su madre encontró en el baño un vómito y se confirmaron sus sospechas.

Aunque su hija nunca le contaba nada, acabó por confesarle que había buscado en internet “cómo vomitar fácilmente” y encontró “trucos” para perder kilos en unas páginas llamadas “pro-Ana” (pro anorexia) y “pro-Mía” (pro bulimia). Lídia no sabía de su existencia y, cuando leyó su contenido, se indignó tanto que inició una campaña de recogida de firmas para exigir el cierre de estas webs que incitan a la anorexia y ponen en serio peligro la vida de los jóvenes. En nuestro país estas páginas son legales, pero en Francia sus responsables se enfrentan a tres años de prisión.

“Mejor morir con un cuerpo de princesa que vivir con sobrepeso”, “Recuerda que la obesidad es asquerosa”, “Come hielo si sientes mucha hambre” son algunas frases que aparecen en estas páginas dirigidas, por su estética y contenido, a adolescentes. En ellas se dan consejos de cómo engañar a los padres para vomitar, dietas exprés, competiciones para perder peso y hasta mandamientos para alcanzar el cuerpo perfecto. Para hacerlas más atractivas anuncian resultados milagrosos de hasta ocho kilos en una semana, sin mencionar los riesgos para la salud.

A quienes siguen las estrictas y dañinas normas que en estos foros se publican se las conoce como princesas. La mayoría son niñas de entre 14 y 16 años que están en una edad difícil en la que son más vulnerables a la opinión de los demás. Además de consejos para perder peso, hay webs que les enseñan técnicas para autolesionarse con el objetivo de quemar calorías y reforzar el autocontrol. Así mismo, se intercambian nombres de medicamentos, diuréticos, adelgazantes y se fomenta el empleo de cocaína, alcohol y anfetaminas para disminuir el apetito.

Lídia lleva más de un año luchando contra una enfermedad que ha destrozado a su familia. Su hija estuvo 51 días en una unidad de recuperación psiquiátrica, una parte de ellos aislada, sin poder verla ni abrazarla. Ahora sigue en un centro especializado en trastornos alimenticios y de conducta, y puede verla los fines de semana. Sabe que es difícil retirar de la Red estas páginas, pero pide al Gobierno que actúe con firmeza para cerrarlas o bloquear los contenidos. No entiende que se persigan las páginas de descargas de películas y estas, que ponen en riesgo la salud y la vida de menores de edad, estén al alcance de cualquiera. Os animo a sumaros a esta petición en Change.org, donde se han recogido más de 200.000 firmas para poner fin a estas webs que incitan a niñas a jugar con sus vidas.