Los otros vendedores, por Julia Navarro

  • Se acercan las navidades y tenemos que decidir donde comprar, pues hay dos caras en el mundo de los negocios.

Ya estamos en vísperas de Navidad y, nos guste o no, es tiempo de compras. Vaya por delante que me gusta regalar, que disfruto pensando el regalo que voy a hacer a mi hijo, a mi marido, a mis primos y al resto de la familia. Y, por supuesto, a los amigos. Normalmente, opto por libros y dedico unas cuantas horas a hojear en las librerías novelas, ensayos, poesía... imaginando qué le puede gustar más a cada destinatario. Pero también hago otros regalos, claro.

Hace unos días, entré en una tienda de bolsos del centro de Madrid. Antes, tuve que abrirme paso entre la fila de manteros que ocupaba la calle, casi impidiendo llegar hasta los comercios. Buscaba un bolso para una amiga que, coincidiendo con la Navidad, cumplirá 60 años. Me gustaron dos o tres y pregunté el precio a la vendedora. No sé cómo, pero terminamos entablando conversación, mientras me envolvía el bolso elegido.

- Es usted la escritora, ¿verdad? -me preguntó-. He leído algún libro suyo, pero sobre todo no me pierdo sus artículos en Mujerhoy, así que voy a pedirle un favor.

Me quede desconcertada, preguntándome qué sería.

-Ya ha visto cómo está la calle, llena de manteros... ¿Sabe lo que eso supone para el pequeño comercio? Pues nuestra acta de defunción. No podemos competir con sus precios. A la gente no parece importarle que los bolsos sean de mala calidad, ni que vengan de fabricas donde se explota a los trabajadores. Tampoco que sean copias que ocasionan pérdidas a las marcas. Mientras los comercios compran la mercancía a fábricas legales, hay una mafia que gana dinero vendiendo esos bolsos, que no paga impuestos, ni luz, ni tiene a sus trabajadores en la Seguridad Social.

La mujer hizo una pausa, nerviosa, preocupada por el efecto que me pudiera causar sus quejas.

- Antes, en esta tienda trabajábamos dos empleadas. Con la crisis, despidieron a mi compañera. Ahora las cosas van mejor, pero la competencia de los manteros puede hacer que mi jefe piense que no merece la pena seguir pagando impuestos y decida cerrar. Sé que usted es de las que creen que los manteros son la parte débil del negocio, pero ¿qué pasará conmigo si cierra la tienda? Yo le digo a mi jefe que deberíamos escarmentar al Ayuntamiento y que todos los comerciantes tendrían que sacar su mercancía a la calle. ¿Qué cree que pasaría? Seguro que nos multarían. Hay dos varas de medir. Quienes cumplen las leyes, pagan impuestos y crean puestos de trabajo, se ven impotentes ante esa competencia. Hacer las cosas bien no resulta rentable. Esta calle parece un mercado al aire libre...

La vendedora parecía no atreverse a pedirme el "favor", que para ese momento yo ya me imaginaba.

- Debería escribir sobre esto en Mujerhoy -dijo por fin, con un suspiro.

Le prometí que lo haría y aquí está este artículo. Ella creía que puede servir para algo. Yo, sinceramente, tengo dudas. Vivimos en una sociedad en la que nadie escucha a nadie.