Los nuevos modelos de paternidad están en las antípodas del tradicional cabeza de familia. Descubrimos a los “stay-at-home dad” y a los cuidadores.

"Ahora paso mucho más tiempo en casa. Cuando no trabajo, estoy con mi hija y es maravilloso porque lo pone todo en perspectiva. Dejas de estar pendiente de tu ego y necesidades, y te das cuenta de que lo que realmente importa es ella. Todas las pequeñas cosas que antes me estresaban ahora son irrelevantes”. La confesión de Chris Hemsworth, marido de Elsa Pataky, a la revista Hoy Corazón, condensa el sentimiento de una nueva generación de papás para quienes es prioritario el tiempo que pasan con sus niños. 

Él es el amo de casa 

Y es que en Hollywood, como en el resto del mundo, prolifera el “houseband” o “stayat- home dad”, el padre que se queda en casa con los niños mientras la madre trabaja. 

Algunos equilibran sus agendas con sus estelares compañeras, como el propio Hemsworth, Ben Affleck y Brad Pitt (quien declaraba, sobre su relativa ausencia en la cartelera para cuidar a sus hijos: “Mamá ha trabajado más y, francamente, yo lo he disfrutado mucho”); y otros van más allá, como el escritor Andrew Upton, que ha elegido vivir a la sombra de su esposa Cate Blanchett, lo mismo que hace Gavin Rossdale con Gwen Stefani. 

El sociólogo Santiago Pardilla (ssociologos. com) cree que este cambio beneficia al padre, a la madre, a los hijos e, incluso, a la sociedad: “Se logra la socialización del niño en la igualdad de género si, desde pequeño, ve al padre y a la madre trabajar fuera del hogar y participar en su cuidado”, dice. 

Pero, ¿cómo es posible que en solo unas décadas se haya transformado así la figura paterna? No hace tanto, tutear al padre en nuestro país era ciencia ficción. El sociólogo señala que es la consecuencia lógica de la planificación familiar (los hijos se tienen cuando se quieren) y la inserción femenina en el mundo laboral: en España, un 36% de las mujeres de entre 25 y 49 años trabajaba en 1990; en 2010 eran el 63%. La española se ha ido convirtiendo en una sociedad de dos empleos y dos ingresos, tendencia que se mantiene a pesar de la crisis. Y para mantener el nivel de vida, hemos dejado atrás el tradicional tándem proveedor-cuidadora. 

Así, cada vez más hombres se movilizan por un mayor reconocimiento de los derechos del padre, como los de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) y la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPIINA). Estos colectivos reivindican que el 19 de marzo se convierta en el Día del Padre Igualitario y otros cambios en las políticas nacionales, como más escuelas infantiles públicas y la racionalización de los horarios laborales. Pero su caballo de batalla es la equiparación de los permisos por el nacimiento de un hijo. 

En España, el permiso de maternidad es de 16 semanas y el de paternidad, solo de dos. Eduardo Bogino, antropólogo, trabajador social y miembro de AHIGE y PPIINA, explica que “ese permiso de dos semanas, aunque simbólico, ha hecho que se empiece a hablar de que los hombres deben ser corresponsables en el cuidado de los hijos. Pero el desequilibrio entre el tiempo de maternidad y el de paternidad supone para los hombres la privación del derecho a asumir esa crianza; para las mujeres, discriminación en el empleo; y para los niños, la carencia de la mejor escuela de igualdad”. Aun así, hay indicadores demográficos que reflejan una tendencia a la equiparación. 

Según Pardilla, “se ha presentado en estos últimos años un nuevo fenómeno social: entre 2005 y 2010, la monoparentalidad masculina (hombres que cuidan de sus hijos, sin la presencia materna) ha crecido en España un 28%, a un ritmo superior al de sus homólogas femeninas”. 

Y hay más: los hombres dedican a tareas domésticas y cuidado de personas dos horas y 32 minutos diarios, una hora más que en 2003, según la encuesta de Empleo del Tiempo realizada en 2013 por el INE. Eso sí, las mujeres dedican cuatro horas y 29 minutos diarios. 

Un modelo emergente 

La transformación sigue siendo tímida; y, de hecho, según el INE, el 90% de los hogares monoparentales siguen sustentados por mujeres. Para Bogino, se debe a que “aún se percibe como normal el modelo patriarcal de división sexual del trabajo, que instaura privilegios a los hombres y, a su vez, idealiza la maternidad como destino para las mujeres. Es necesario un cambio de mentalidad: ambos necesitan trabajo remunerado y ser corresponsables en casa”. 

Algunos estudios demuestran que los modelos de paternidad corresponsables repercuten positivamente en la salud, en las competencias socioemocionales y en el compromiso escolar de los niños. “Además, depositar la responsabilidad del cuidado en la madre es agotador para quien lo ejerce –dice Bogino–. La rutina de la crianza se hace llevadera si es compartida. El padre igualitario es un modelo emergente”.