La humildad no es sólo síntoma de un notable en ética o de ceder “por cumplir” el asiento. Esa preciada virtud reside en aceptarnos, y, orgullosos de quienes somos, valorar lo que otros nos ofrecen.

La propia naturaleza nos lo muestra...la amalgama de flores y árboles visten a una fría montaña que contrasta con la seca pero cálida costa...un abismo sensitivo las diferencia, pero ello no les impide convivir, coexistir y respetarse.
 
¿Por qué somos tan complejos los humanos? ¿Por qué desde pequeños debemos cumplir una serie de requisitos no sólo físicos si no inclusive psicológicos y comportamentales para ser aceptados?

Que a un chiquillo no le interese el fútbol, o que en una cena de empresa no se beba...y, como esos, infinitos ejemplos. Aquél o aquélla que no es socialmente considerado "normal", bajo el juicio de unos pocos, no se salva del juicio.

"La mirada del otro" en las palabras de Lourdes Ortiz, suponen un apoyo a la humildad frente a la arrogancia que impera en nuestro día a día.
 
Juzgamos al diferente al menor rasgo distintivo que detectemos, que a veces es más que suficiente para sentirnos amenazados.

Tan maravilloso debería ser compartir aficiones como el permitirnos recibir de los demás. Una mente abierta es una baza a nuestro favor que no comporta el dejar de ser nosotros mismos, y "ese otro" no es un "bicho raro"-dejemos de ofender a la naturaleza con el término- sino alguien de quien , posiblemente, podamos aprender.

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