Esta carta es para ti, maltratador

  • No te has equivocado, no hace falta que mires el sobre. Es para ti. ¡Sí! Eres tú mi maltratador.

Haciendo un símil con la sabana tú eres un leopardo. Cuando decides ir a por una presa, miras, observas y eliges. Normalmente te gustan las gacelas jóvenes. Pero están protegidas por su familia. Y como buen leopardo tienes que esperar el momento oportuno para separarla del rebaño y hacerte con ella. No te importa cuánto tiempo esperarás hasta atraparla.

En tu caso, te gustaba tanto que decidiste no comértela. Quisiste dominarla. Ella se cautivó por tu piel hermosa. Por tu fuerza y por tu bravura. Pasaba el tiempo y acotabas con más fuerza el terreno de tu presa. Marcabas el terreno como buen felino. Ella empezó a querer salir pero se lo impedías. Primero rugías, cuando viste que no hacía efecto diste el primer zarpazo.

Ella se asustó, nunca había visto eso en sus cortos años de vida y decidió no enfadarte. Pero tenía poco sitio para moverse, para comunicarse con gente de su especie y se sentía sola. Sus patas empezaban a perder fuerza, se sentía débil. Reclamaba más espacio para fortalecerlas y tus enfados aumentaban, así como tus zarpazos y golpes. Cuanto más la golpeabas más débil y triste se encontraba. Empezó a pensar en huir pero la tenías demasiado controlada.

Un día en que la viste queriendo saltar el cerco la golpeaste hasta dejarla medio muerta. Estuvo días sin comer, inmóvil y tomando su propia decisión. Y cuando se sintió fuerte con firmeza y valentía se encaró a ti y dijo “me voy”. Su mirada había dejado de ser inocente y había en ella tal decisión que no supiste detenerla.

Corrió y corrió por la sabana y nunca más la volviste a ver. Supongo que buscarías nuevas presas pero tanto a la gacela como a mí poco nos importa lo que hiciste a partir de que huimos de ti.

Han pasado muchos años desde que huí. He tenido miedo a encontrarte. Aún sueño con los golpes que dabas en mi alma. Los físicos no se recuerdan, pasan rápidamente. Ahora ya no te tengo miedo. En mi mundo no cabe nadie como tú. 

Quiero que si hay alguna mujer que pueda leer esta carta, entienda que “El primer golpe, es culpa de él, el resto tuyo, por no huir”.

No te fijes en la piel del leopardo, ni en los te quiero de después, ni que el alcohol tiene la culpa. Mentira. No hay excusa para que ninguna persona menosprecie, a otra. la humille y la haga convertirse en culpable como para que acabe diciéndose “me lo merecía”.

Me despido para siempre de ti. Como lo hizo la joven gacela. Mirándote a los ojos y diciéndote: “espero que no hayas buscado nuevas presas, que hayas aprendido la lección, ni te odio ni te quiero, simplemente no existes”.

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