¿Quién se anima?

  • Llega el buen tiempo, y con él las revistas inundan sus portadas de atractivas dietas-milagro, parches anticelulíticos, y lo que es peor, modelos delgadas, bronceadas y con un pecho perfecto.

Tengo 23 años, y aunque soy alta y nunca he estado gorda, siempre me ha preocupado un poco mi cuerpo. El otro día, leyendo las cartas de las lectoras, me entró un subidón de optimismo.

Me hicieron pensar un poco y darme cuenta de lo poco que nos queremos a veces las mujeres, y de la esclavitud de las dietas, los gimnasios... más por apariencia que por salud.

Puede que no tenga una melena rubia y rizada, ni las pestañas infinitas, ni una barriga envidiable. ¿Y qué? Trabajo y estudio al mismo tiempo, adoro mi profesión, me encanta hacer deporte, divertirme con mis amigos, tengo un noviete estupendo, una familia genial y creo que la vida me aguarda millones de cosas buenas.

Entonces... ¿por qué me preocupa tanto subirme al peso? El otro día decidí emprender una lucha muchísimo más difícil (y valiosa) que la que cada primavera tenemos con los michelines: empezar a querer mi cuerpo, con sus curvas, alguna cicatriz que otra y otras cosillas que no me gustan.

Así que este verano mi caballo de batalla en vez de los kilos son esos absurdos complejos que nos empeñamos en vernos delante del espejo. ¿Quién se anima?

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