Bárbara Goenaga: "A veces pienso que debería ser más actriz"

Bárbara Goneaga habla de su carrera con la revista Mujer Hoy La actriz luce blusa estampada de flores y pantalón gris, ambos de Dolce&Gabbana; y la chaqueta con solapas ...

Es la nueva protagonista de 'Amar es para siempre', pero la popularidad no le asusta, porque la disfruta (y padece) desde la infancia gracias a su trabajo en la televisión vasca. Hija, nieta y sobrina de artistas, dice que en su familia no son bohemios, sino disciplinados.

Bárbara Goenaga (San Sebastián, 1982) es menuda y discreta. Habla con naturalidad y sentido común, con una dulzura y una modestia que cautivan. Es la chica de al lado, con la cabeza muy bien amueblada. Sin divismos, ni salidas de tono, desgrana recuerdos y razones, hasta que sus palabras, su tono suave y su risa se quedan grabados en la memoria.

La nueva etapa de su carrera, lentamente ascendente, es la de protagonizar una de las series más populares de sobremesa: 'Amar en tiempos revueltos', que en su reedición en Antena 3 se va a llamar 'Amar es para siempre'. Goenaga va a interpretar a Inés, una joven abogada que, a principios de los años 60, se ve obligada a luchar con todos los prejuicios de la época para salvaguardar su independencia.

Bárbara sabe que su vida va a cambiar. Pero lo asume con tranquilidad. Ya tiene mucha experiencia en series populares: empezó su carrera en 'Goenkale', uno de los hitos de Euskal Telebista, que seguía el devenir del imaginario pueblo de Arralde.

Entonces Bárbara tenía solo nueve años y la gente la paraba por la calle y la abrazaba. “Era una locura, la mitad del País Vasco la veía”. Su madre tiene ascendencia filipina y griega, pero toda su familia vive en San Sebastián. Una familia enorme, en la que todos se han dedicado de una manera u otra al arte, al cine o a la interpretación: su abuela paterna es actriz de cine y televisión; su tía, Aitzpea Goenaga, guionista y directora; y su padre, Juan Luis Goenaga, es pintor. “Por eso, él siempre dice: “Pero, ¿cómo no le íbamos a dejar a nuestra hija ser actriz, si a mí ya me han dejado ser pintor?”.

Vivían en la calle Urbieta de San Sebastián, donde sus abuelos paternos tenían un restaurante. “Hemos crecido como en la Rue del Percebe –cuenta entre risas–, arriba y abajo... Éramos cada día como mínimo 15 a la mesa”. Tras terminar, hace ya meses, su relación de varios años con el actor Óscar Jaenada, padre de su hijo Aran, que el 14 de febrero cumple dos años (“me puse de parto la noche de los Goya”), vive en Madrid. Y estudia durante horas los guiones de 'Amar es para siempre'. 

 Mujer Hoy. ¿Cómo es Inés, su personaje?

Bárbara Goenaga. Ha estudiado Derecho, algo muy poco frecuente al comienzo de los años 60, y una decisión que marca su personalidad. Tiene un vocabulario muy especial, profesional, que domina perfectamente. Todo el mundo a su alrededor piensa que ser abogada es una chaladura de ella y que en algún momento lo tendrá que dejar para formar una familia, pero ella tiene clarísimo que va a seguir trabajando. Es muy idealista y, a la vez, muy realista. Está lejos de mí, pero la admiro mucho.

P: Ya tiene experiencia de lo que es la popularidad, porque empezó siendo muy niña en una serie de la televisión vasca muy popular. Es un poco como volver a sus orígenes…

R: Empecé en “Goenkale”, una serie que tenía en su momento casi 40% de audiencia. Cuando en la calle me reconocen, yo casi no me doy cuenta, porque antes era tan exagerado que esto de ahora me parece muy llevadero. Tenía nueve años y no entendía nada.

P: Su carrera fue muy precoz. Empezó a trabajar con tres años...

R: Sí, haciendo cosas muy pequeñitas, porque mi tía trabajaba en ETB, como actriz, primero y como guionista y directora después, y necesitaban una niña. Yo era siempre la payasa de casa, era algo que me encantaba, me volvía loca, era un juego precioso para mí. Yo no jugaba con muñecas, hacía teatros, imitaba a todo el mundo. A mí no me llevaron a un “casting” hasta los 14 o 15 años en Madrid, y fue porque lo decidí yo. Mis padres me decían: “¿Por qué no lo dejas y lo retomas más adelante?”. Y yo, ni hablar. Ellos eran los que me frenaban, y yo era la que quería seguir en esto. Entendía perfectamente lo que era actuar, porque lo hacía en casa, era muy consciente, y me gustaba mucho. Este es un trabajo que he hecho cuando he querido y lo dejado también por mis estudios cuando he querido.

P: ¿Y en qué momento toma la decisión consciente y adulta de que esa iba a ser su profesión?

R: Creo que fue con 14 años, ya llevaba unos seis años haciendo la serie 'Goenkale' y quería abrirme un poco más, hacer cosas distintas, y en esa época además la popularidad se me hizo muy dura. Empiezas a salir con los amigos y vayas donde vayas te reconocen y no sabes por qué han venido a hablar contigo. Era complicado. Y entonces quise venir a Madrid, por el anonimato y para empezar desde cero.

P: ¿No le parece que fue una decisión muy arriesgada para una chica tan joven?

R: Sí, es cierto. Había terminado los estudios en el instituto y me vine sola, pero en realidad siempre estaba con alguien, con mi madre o con mi padre, o estaba mi abuela o mi tía. He tenido mucha suerte en eso, porque ninguno de los dos tenía un horario fijo y me han podido acompañar a todo. Y me iba parte de la semana a San Sebastián. Así hasta los 18 años, cuando ya empecé a estar en Madrid sin trabajar y buscando castings, en mi apartamento. Pero desde que era pequeña he tenido muy claro lo que quería, quiero decir que no me sentía pérdida. Yo entiendo que mis padres tuvieran mucho miedo, porque al final no era más que una chica de 15 años, pero también confiaban mucho en mí, y ahora que soy madre, les agradezco que lo hayan hecho tanto. Pero nunca he sido una loca, era muy consciente de lo que estaba haciendo. Mucha gente confunde el ser actor con ser bohemio y titiritero, con no dormir nada, salir a todas horas... Pero es todo lo contrario, yo en casa he visto que mi padre pintaba desde las ocho de la mañana hasta las 12 de la noche, sin horario fijo, pero con una disciplina absoluta. Y yo sabía que si quería seguir en esto y llegar a algo, tenía que tener una disciplina enorme con todo.

P: Y, a parte de esa disciplina esencial, ¿qué más ha aprendido de su padre artista para su profesión?

R: Es verdad que en casa siempre lo más natural ha sido que nos dedicáramos a algo relacionado con este mundo. Lo difícil ha sido cuando ha salido una ingeniera. [Risas] Yo, personalmente, lo que he aprendido de mi padre es esa disciplina absoluta. Y luego el respeto hacia el trabajo y el esfuerzo, y hacia el arte en general.

P: ¿Y qué supone Madrid respecto a la vida que llevaba en Donostia?

R: Imagino que lo que cualquier joven puede sentir cuando se va fuera: aprendes a valerte por ti misma, empiezas una nueva vida, se te abre la mente, conoces a gente muy diferente.

P: Lo que destacan de usted los directores y los compañeros es una gran naturalidad y una gran habilidad para transmitir el personaje con mucha facilidad y ligereza.

R: Confieso que se me hace muy difícil hablar de mi trabajo, de hecho es algo en lo que no soy nada objetiva. Hago lo que sé, lo que creo que está bien, y luego se lo dejo a los directores, para que me manipulen como ellos crean. A veces me han dicho algo que no sé si es un piropo o es el “antipiropo” absoluto: que soy la “anti-actriz”. ¿Y eso es bueno o es malo? No lo tengo muy claro. No sé cómo trabajo. A veces pienso que debería ser más actriz. [Risas].

P: ¿Y planifica su carrera?

R: Me resulta muy complicado, me doy cuenta que cuando llegas realmente a una tranquilidad es cuando dejas que todo fluya. Y desde luego, has de ser muy consciente de que un día estás arriba, y al siguiente, abajo. Esa inestabilidad la vas a tener siempre, aunque llegues muy alto. Puedes decidir lo que no quieres hacer, pero no lo que quieres, aunque puedes intentar seguir un camino.

P: ¿Y qué es lo que no quiere hacer?

R: Me gustaría poder creer siempre en los proyectos que hago, y no perder la ilusión, me agobia pensar que me pueda ocurrir.

P: Ha trabajado fuera y en varias lenguas. Pertenece a esa nueva generación de actores que tienen una trayectoria más internacional, para los que ya no hay tantas fronteras.

R: Sí, es cierto, hay mucha más movilidad. Si quieres, tienes oportunidad de trabajar fuera, aunque yo tampoco he hecho un esfuerzo especial. Y hay muchas coproducciones.

P: ¿Le tienta la idea de una carrera internacional o en Hollywood?

R: Hollywood para mí es un elemento más, pero también está Francia, está Europa, está Latinoamérica, que está haciendo un cine espectacular. Está nuestro cine, está la televisión, está el teatro… Quiero decir que Hollywood para mí no es una meta, es verdad que allí se hacen cosas muy buenas, pero aquí también.

P: ¿Cuál es el proyecto en el que más ha aprendido?

R: Las tablas que cogí en “Goenkale” nunca las hubiera podido adquirir de otra manera. Tenías que salvar todo en un segundo… También recuerdo mucho mi trabajo con Gonzalo Suárez [con el que hizo “Oviedo Express”, 2008]. Y Nacho Vigalondo [que la dirigió en “Cronocrímenes”], que es de otra generación, y que como espectadora me encanta. A nivel personal, la historia de la cárcel de Saturrarán [que se cuenta en “Izarren argia (Estrellas que alcanzar)”, sobre los hijos robados a las presas políticas durante el franquismo] también me marcó mucho. Creo que tengo mucha suerte de poder saber de primera mano cómo ha sido nuestra historia, o partes de ella, no desde la política, porque si antes me aburría, ahora no te cuento, pero sí desde el punto de vista humano. Tuve la oportunidad de hablar con gente que lo había vivido en primera persona.

P: ¿Está pendiente de la actualidad?

R: Sí, evidentemente no puedes estar al margen de lo que pasa, pero es verdad que siendo una actriz y joven, no me siento capaz de hablar de cosas sobre las que no sé toda la verdad ni sé todas las razones. Yo tengo mis opiniones personales, algunas equivocadas, otras acertadas, pero me cuesta mucho hablar de ellas en público, porque tienes que estar muy seguro, y que lo que digas sirva de algo, para empezar.

P: ¿Qué tipo de actriz le gustaría ser, en qué carrera o actriz se mira?

R: Intento verme siempre en la mía propia, pero desde luego hay actrices que me encantan. Isabelle Huppert me fascina siempre, me gusta el tipo de carrera y de cine que han hecho las actrices francesas. Luego están Meryl Streep, Kate Winslet, que me encantan. Pero no me veo reflejada en ellas.

P: ¿Y entre las españolas?

R: Ahí hay un montón, y además amigas. Aitana Sánchez-Gijón, que para mí siempre ha sido la reina. Con ella hice mi primer papel protagonista en “Mi dulce”. Y fue muy impactante para mí. Y me encanta Maribel Verdú, que con lo joven que es, es historia viva del cine español, ha trabajado con todos. Pero nunca me he puesto metas, ni en películas, ni en personajes, no soy nada fanática, siempre dejo que me sorprendan cuando me llegan guiones. Veo siempre la posibilidad de crear un universo nuevo.

P: ¿De qué manera le ha cambiado la maternidad como actriz?

R: Es un tópico tan grande, pero es real, que te das cuenta muy bien de aquello a lo que sí tienes que darle importancia y de lo que no tiene ninguna. Como ya tienes menos tiempo para todo: para arreglarte, para estudiar, para salir, todo lo que sobra, sobra de verdad, todas las tonterías sobran muchísimo, y supongo que trabajando también se transmite.

P: ¿Le ha dado una mayor sensibilidad o una mayor cercanía a cosas que antes no tenía?

R: No, porque yo siempre he tenido un sentimiento maternal muy a flor de piel. En casa de mi familia lo más importante siempre han sido los niños. Somos 15 primos y todo giraba a nuestro alrededor. Yo soy la mayor de todos y siempre he crecido ayudando en lo que hiciera falta, desde cambiar los pañales a los más pequeños a darles de comer. Les he criado a todos. Supongo que gracias a esa experiencia tengo más seguridad.

P: Y como buena vasca, le encantará la cocina, sobre todo, teniendo tus abuelos un restaurante...

R: Bueno, como me gusta comer, me gusta cocinar, aunque no sé si lo hago tan bien. Hago lo que haga falta, unas lentejas, un pollo al curry, un pescado al horno. Y me paso mucho tiempo, me lo trabajo. El comedor en casa era una cocina abierta con una mesa gigante. En el País Vasco es verdad que todo pasa alrededor de una buena mesa. Las discusiones, las alegrías, los cumpleaños.

P: ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

R: Pues ahora mismo no me dan las horas, la verdad, hay un proyecto con Carlos Saura, “33 días”, que se está retrasando un poco por fechas de los actores principales, y luego una producción internacional española, para el verano que viene. De momento es complicado compatibilizar la serie con otros proyectos. Me tengo que pasar el día estudiando.

P: “La vida tiene sentido si eres feliz y consciente de la suerte que tienes”. Es una frase que ha dicho en una entrevista reciente.

R: Yo creo que las cosas te van pasando –y lo que tiene que ser va a ser– y es mejor tomártelo con alegría. Si eres positivo, todo va un poco más a tu favor. Y tienes que ser consciente. Esa es otra de las cosas que me han enseñado mis padres y mi familia. Tienes que ser consciente de lo que tienes.

P: En su familia los artistas no son atormentados.

R: Ah, no, no a mí no me va nada. Yo creo que hay un mito muy grande con esto de sufrir para crear. Mi familia es una familia muy alegre, pero muy realista a la vez, y muy consciente de la suerte que tenemos. Es imposible decir lo contrario. Me parecería una absoluta falta de respeto.

P: ¿Hubo algún momento en que pensara tirar la toalla?


R: Bueno, esto es algo que llevas dentro y que sabes que lo vas a llevar dentro toda la vida, pero no puedo negar que sí ha habido algunos momentos de desánimo, difíciles, a lo mejor el pensar que deberías tener otra cosa, algún trabajo que dependa de mí, en el que se pueda decidir. Los actores dependemos de no se sabe muy bien quién. Es esa inestabilidad de la que hablaba antes. Tienes que estar muy estable en esta profesión para llevarla bien y no caer. Si no estás bien de cabeza y con las cosas muy claras te puedes marear absolutamente. n