María Antonieta, Sissi, Alejandra Romanov... Conocemos su leyenda negra, pero fueron mucho más. La escritora y columnista de Mujer hoy las retrata en su nuevo libro, “Reinas malditas”.

Viajera impenitente, Cristina Morató nos tenía acostumbrados a sus libros de mujeres trotamundos: “Viajeras intrépidas”, “Las reinas de África”, “Damas de Oriente”, “Cautiva en Arabia”... “Comencé a viajar muy joven –asegura–. Y, para mí el viaje ha sido una escuela de vida”. Sin embargo, en 2012 publicó “Divas rebeldes” y ahí empezó a picarle el gusanillo de indagar en las luces y sombras de mujeres tan célebres como mal entendidas. “Cada vez me atrae más entrar en las fisuras de estos personajes tan biografiados –reconoce–. Es lo que las humaniza: al ir más allá de la leyenda negra, descubres que no eran más que mujeres de carne y hueso”. 

Con este mismo espíritu ha escrito su nuevo libro, “Reinas malditas” (Plaza&Janés). Y nos convoca en la Suite Real del hotel Ritz, refugio de Noor de Jordania, Gracia de Mónaco o Diana de Gales, entre otras, para hablarnos de sus protagonistas: Sissi, María Antonieta, Cristina de Suecia, Eugenia de Montijo, Victoria de Inglaterra y Alejandra Romanov, todas ellas monarcas desgraciadas y denostadas por la historia. 

“De algunas de estas mujeres tenemos la imagen que marca Hollywood –asegura la autora–. Sissi es Romy Schneider y Cristina de Suecia, Greta Garbo. En otros casos, seguimos los clichés de una historia que las ha maltratado: a Eugenia de Montijo la culparon de la caída del II Imperio francés, nada menos, y Sissi ha pasado a la historia como una extravagante. Yo he intentado abordarlas de otra manera, más allá de palacios, vestidos maravillosos y pelucas empolvadas”. 

Mujer vs. reina 

La distancia entre el retrato oficial y el íntimo da resultados sorprendentes. “Victoria de Inglaterra, la reina puritana, la madre del Imperio Británico, fue una joven apasionada, que disfrutaba del sexo, que cuenta su noche de bodas a su primer ministro en una carta que no tiene desperdicio. En cambio, no soportaba a los bebés, a los que llamaba “renacuajos”. ¡Y eso que tuvo nueve! El “victoriano”, el puritano, era su marido, Alberto, del que estaba locamente enamorada. 

Y luego tienes a Sissi, que en el fondo de su corazón es republicana y está casada con un monarca absolutista, que quería pasar a la historia como poetisa, y que en realidad era una mujer muy enferma. Y Eugenia de Montijo, a la que se conoce como una arribis arribista, frígida, frívola, inmoral... pues también fue una pionera del feminismo que luchó por la educación de las niñas”. La mayor sorpresa del libro, sin embargo, es la reina Cristina de Suecia: “Era fea, desgarbada, poco aseada, vestía como un hombre, blasfemaba... y aun así toda Europa admiraba su brillante erudición. Apoyó a intelectuales y fue una gran mecenas. 

De todas las monarcas del libro, era la más preparada para ser una gran reina. Pero su vida fue un escándalo: se negó a casarse, abdicó para ser libre y dilapidó su fortuna viviendo a lo grande en el exilio”. ¿Y la más difícil de escribir? “Quizás la zarina Alejandra Romanov. Es un personaje muy complejo, que no cae bien por su carácter reservado, sus torpezas políticas y su frialdad. La culparon de influir negativamente en su esposo, el zar Nicolás ll, y de dejarse manipular por el siniestro Rasputín, al que ella consideraba un santo y el único capaz de curar a su hijo, que padecía hemofilia”. 

Retrato íntimo

Pero, ¿cómo se llega a la intimidad con estos personajes? “El mío ha sido un acercamiento femenino (porque esa es mi mirada) y basado, sobre todo, en sus cartas personales. Muchas están publicadas y las de Eugenia de Montijo se encuentran en los archivos de la Casa de Alba. También he recurrido a sus diarios y, aunque son algo más subjetivas, a las memorias de sus damas de compañía. María Antonieta escribía cada semana a su madre, la emperatriz María Teresa de Austria. La reina Victoria llevó, desde muy jovencita, un diario personal, aunque antes de su muerte pidió a su hija Beatriz que lo censurara.

Esto pasaba mucho: la imagen que tenía que perdurar era la regia, no la de la mujer de carne y hueso. Sissi mandó quemar sus diarios y Alejandra Romanov destruyó muchas cartas íntimas a su adorado esposo, el zar Nicolás II”. Tras acceder a la documentación, es fundamental intentar comprenderlas sin juzgarlas. “Hay que entender el tiempo que les tocó vivir y, sobre todo, que ellas ni eligieron su destino ni tuvieron muchas posibilidades de cambiar las cosas. Eran princesas rehenes que, separadas de sus familias muy jóvenes, llegaban solas a cortes perversas, como Viena o Versalles, llenas de corte cortesanos aburridos con mucho tiempo para criticarlas. 

Es muy interesante, para comprenderlas, analizar su infancia. Cristina de Suecia fue una mujer llena de trastornos... porque había padecido malos tratos por parte de su madre, una mujer desquiciada. Y si descubres que Sissi en realidad era casi una campesina, de origen noble, sí, pero que calzaba zuecos y vivía ajena a cualquier tipo de etiqueta, entiendes el cambio abismal que fue para ella ir a la corte pomposa, ultraconservadora y estricta de Viena. Había sido una niña muy sana, pero tras casarse empezó a enfermar; padeció anorexia y bulimia”. 

Cortes tóxicas 

La de Sissi fue una enfermedad doblemente lamentable por innecesaria, según la opinión de la escritora. “El emperador se casó con la hermana equivocada –asegura–: debió hacerlo con la mayor, Nené, que era a la que su madre había preparado para emperatriz. Dicho esto, Francisco José amó a su esposa hasta el final de sus días”. Pero Sissi no fue la única en padecer males psicosomáticos. “Todas enfermaron. Por la presión, la angustia de no poder dar un heredero al trono, la falta de amor, el hostigamiento de la corte y los problemas conyugales. En sus diarios, todas mencionan sus problemas de salud: crisis nerviosas, depresiones...”. 

Y el desequilibrio las llevaba, en ocasiones, a la extravagancia: Sissi gastó auténticas fortunas en caprichos y viajes; tanto ella como Eugenia de Montijo se aficionaron al espiritismo; Alejandra Romanov dio su confianza al siniestro Rasputín; Victoria, tras la muerte de su esposo, ordenó que cada día se llenara de agua su lavamanos y que se dispusiera ropa limpia para él... durante 40 años. 

Ayer y hoy

Morató eligió a estas seis reinas porque “fueron rompedoras: cometieron muchas torpezas, pero ninguna se limitó a ser lo que se esperaba de ellas, un mero objeto decorativo y reproductor. No fueron reinas moldeables ni ñoñas. Además, fueron testigos del fin de sus dinastías, de sus imperios, hasta del Antiguo Régimen. Después de ellas, ya nada fue igual. La monarquía, hoy, es otra cosa”. ¿También las reinas lo son? “Sí. Hoy, muchas se casan por amor. Y no escandaliza que sean de origen plebeyo. Pero hay cosas que no cambian. Mira a Masako, la esposa del heredero al trono de Japón, educada en las mejores universidades americanas y deprimida y enferma por no haber dado un heredero varón a su país”. 

¿Y en España? “No creo que Sofía sea una reina “maldita”, aunque puede que aún se sienta extranjera y quizá ha tenido que pagar un alto precio por su corona. Tampoco creo que la historia la maltrate: es muy profesional, reina 24 horas al día. Con Letizia, por otra parte, veo un curioso paralelismo con Sissi: ambas detestan la etiqueta y son mujeres cercanas al pueblo, educadas con otros valores. Se la juzga con demasiada severidad. El día que hable y opine, muchas cosas cambiarán”. Históricamente, ¿ha existido en España alguna “reina maldita”? “Quizás la más desdichada e incomprendida haya sido Victoria Eugenia, la esposa del rey Alfonso XIII. El día de su boda sufrió un brutal atentado, su vida en la corte de Madrid fue muy dura y siempre se sintió una extranjera. 

Además su matrimonio fue muy infeliz: amaba a su esposo, pero este no le correspondía y le era infiel. También se la culpó de transmitir la hemofilia a dos de sus hijos”. Todo un personaje, tal vez, para un próximo libro. Pero, de momento, Morató vuelve a sus queridas viajeras: “No puedo contar nada todavía sobre mi nuevo libro. Solo que tratará sobre una trotamundos, muy conocida por sus contemporáneos y olvidada por la historia”. Al desnudo La emperatriz Sissi, María Antonieta, Cristina de Suecia, Eugenia de Montijo, Victoria de Inglaterra y Alejandra Romanov protagonizan “Reinas malditas” (Editorial Plaza&Janés), ya a la venta.