¿Pueden dos países tan antagónicos convertirse en aliados tras décadas de hostilidades? La misión está en manos de dos hábiles diplomáticas. Descubre por qué.

En conflicto internacional de más de 50 años empieza a diluirse. El pasado diciembre, Barack Obama y Raúl Castro declararon, casi a la vez, que intentarían llegar a un acuerdo para restablecer las relaciones diplomáticas rotas desde 1961. Terminadas las declaraciones, y fuera de los focos, empezaba (o continuaba) el duro trabajo de los negociadores, sus 'sherpas' (como se conoce en la jerga de las bambalinas diplomáticas) obligados, entre otras cosas, a bajar el tono de la retórica grandilocuente, propia de enemigos irreconciliables, para avanzar.

Curiosamente, ambas partes han coincidido en una cosa: encargar a mujeres la solución de un conflicto marcado por grandes egos masculinos. De un lado, Fidel Castro; del otro, los 10 presidentes que han pasado por la Casa Blanca en los últimos 56 años.

EE.UU. ha confiado en Roberta Jacobson, secretaria de Estado adjunta para Latinoamérica. Una diplomática que quiso ser bailarina y acabó en el Departamento de Estado por no ser suficiente buena para el ballet clásico. Los cubanos han escogido a Josefina Vidal, una diplomática de carrera, experta en EE.UU. y con gustos refinados y burgueses.

Jacobson, la representante americana, que nació el año que empezó el embargo de Estados Unidos a Cuba (1960), ha sido la número dos de la embajada estadounidense en Lima, habla un español fluido, tiene dos hijos y cuenta a su favor, según declararon a la BBC varios diplomáticos, "su calidez y su sentido del humor".

La cubana Fina Vidal pertenece a una clase media-alta habanera. Terminó su doctorado en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú y domina a la perfección ruso, francés e inglés. Es considerada, incluso por la diplomacia norteamericana, una de las expertas más agudas y preparadas en Estados Unidos, y es reconocida por su gran habilidad discursiva.

La 'trinchera de la revolución'

Fiel servidora del régimen de Castro, ella y su marido, José Anselmo López, dirigieron la Oficina de Intereses de Cuba en Washington, considerada por La Habana como 'la primera trinchera de la revolución'. Conseguir ese destino presupone ser personal de alta confianza y tener una brillante hoja de servicios en los órganos de la Seguridad del Estado. De hecho, en 2003 George W. Bush declaró persona 'non grata' a 14 diplomáticos cubanos por presuntas 'actividades hostiles a la seguridad nacional'. Entre ellos se encontraba el marido de Josefina, pero ella no. Todos fueron expulsados del territorio estadounidense y, aunque ella no estaba incluida en esa lista, también acabó volviendo a su país.

Por su parte, Roberta Jacobson, la negociadora estadounidense, llevaba una vida más o menos anónima hasta que en 2012 la prensa publicó las fotos de la fiesta de cumpleaños de Hillary Clinton en Cartagena de Indias (Colombia). En la fiesta, Hillary y Roberta bailaban salsa y se lo pasaban fenomenal. Nada justificaba la alaraca de la prensa conservadora de Estados Unidos... salvo que el local de la celebración, llamado Café Havana, era un sitio de orígenes sospechosamente cubanos.

Detrás de las cámaras

En los últimos años Jacobson se involucró en las gestiones por la liberación de Alan Gross, el contratista estadounidense preso en Cuba por distribuir teléfonos móviles y cuya liberación fue el pistoletazo de salida para el inicio de las negociaciones. Ella sirvió de enlace con la familia y habló con las partes implicadas. "Hizo mucho detrás de las cámaras", dijo el secretario de Estado John Kerry.

Josefina, con una retórica más dura, tiene también mano izquierda y suficiente desparpajo para desdecirse si es necesario. En 2013, durante una conferencia en la Universidad de Columbia, aseguró: "Cuba ha cambiado más en los últimos tres años que en los 20 anteriores. EE.UU. parece ignorar estas transformaciones". Y añadió un aviso para navegantes: "Se están desperdiciando oportunidades de negocio".

El 20 de enero, puntualmente a las nueve de la mañana, comenzó en el Palacio de Convenciones de La Habana la primera ronda de negociaciones entre las dos delegaciones. Las conversaciones se prevén largas e intrincadas, pero esa noche Josefina y Roberta cenaron juntas en casa de un diplomático norteamericano que vive en la isla. Y es que en esta relación parece que el hielo ha quedado solo para los mojitos.

 

¿Negocian ellas mejor que los hombres?

Un análisis publicado por la Asociación Americana de Psicología (APA) sostiene que sí. Pero las mujeres tienen un problema: buscan el beneficio de otros y no el propio. Para llegar a esta conclusión, los investigadores examinaron 51 estudios de varios países, y encontraron que los resultados dependían de la situación y la persona involucrada.

Las mujeres que negocian en nombre de otra persona son mejores que ellos. ¿Por qué? Tal vez porque los estereotipos de género, dicen los autores, crean expectativas en la otra parte. De los hombres se esperan actitudes más agresivas; de las mujeres, un trato más cordial, flexible y centrado en el bienestar de los demás. Virtudes que, sumadas a su paciencia, hacen de ellas eficaces negociadoras.