La diva del jazz nos recibe en París para desnudar su nostalgia y hablar como nunca de la reciente muerte de su padre y del poder sanador de la música.

Mediodía en un lujoso hotel de los Campos Elíseos. Cortinajes de terciopelo adamascado, largos sofás de flores, lámparas de bohemia... El refinamiento se respira incluso en el ascensor que nos lleva a la habitación de la gran dama del jazz, Diana Krall, que está en París promocionando su último álbum 'Walflower', un recopilatorio de canciones clásicas del pop que transmite una renovada melancolía. Pero la suntuosidad rococó de la suite donde esperamos se desvanece de repente ante la presencia sencilla y amable de esta mujer, que aparece con unos jeans, una blusa negra y unos botines de tacón cuadrado.

Mujerhoy. Parece un lugar evocador, rodeado de una grandiosa naturaleza. Algunas de las canciones que interpreta en su nuevo disco tuvo que oírlas durante la infancia. Usted vivió hasta los 17 años en Nanaimo, en la isla de Vancouver.

Diana Krall. Sí, conservo una imagen romántica del Nanaimo de mi infancia, que sigue y seguirá siempre presente en mi memoria, pero lo cierto es que la ciudad ha cambiado mucho. Está repleta de gigantescos centros comerciales por todos lados. El Nanaimo de mi infancia era muy diferente; allí mis abuelos montaron un 'diner' (un restaurante cafetería, muy habitual en EE.UU. y en Canadá), que llegó a ser muy conocido. Todo el mundo iba allí, no importaba la clase social a la que se perteneciera: abogados, obreros... todos comían juntos.

MH. Su abuelo era un hombre de origen popular, que se había hecho a sí mismo y que tenía un gran tesoro: un piano con el que solía animar las reuniones familiares.

DK. Era todo un personaje. Con 13 años, emigró de Eslovaquia a Nanaimo para trabajar en las minas del carbón. Eran tiempos muy duros, siempre soy consciente de dónde vengo. El piano estaba en la sala de estar, era el centro de la familia. Nos reuníamos los domingos para tocar y cantar juntos. Discúlpame un segundo...

Diana salta del sofá como si volviera a ser una niña, abre una sencilla mochila que está junto a una cómoda y saca un móvil. Mientras lo enciende, continúa con su relato: "Mi padre grabó muchos de estos encuentros familiares. Los he transferido a este móvil que uso únicamente para guardar aquello que no quiero perder del pasado". Una canción interrumpe sus palabras, se escuchan voces diferentes cantando al unísono y, a lo lejos, un piano. "Es una grabación de 1966 en la casa de mi abuela –afirma–. La que toca el piano soy yo con 12 años. Eres la primera persona a la que se lo muestro...."

MH. Así que la música era... 

DK. Nuestra forma de entretenernos, nuestra manera de pasárnoslo bien, de vivir en familia, de vivir el hogar.

MH. Usted y su marido, Elvis Costello, ¿mantienen todavía esa tradición familiar?

DK. Claro que sí. Siempre nos reunimos en Navidad toda la familia, reparto cancioneros para poder cantar y tocamos todos juntos. En vez de quedarnos enganchados con la televisión, disfrutamos de la música en familia. Para mí, la música es el auténtico hogar. Mis gemelos también comienzan a cogerle el gusto: uno le da a la batería y el otro, a la conga.

MH. ¿Vuelve mucho a Nanaimo?

DK. Tengo una casa al norte de la ciudad. Mi padre vivía allí, murió hace un mes y medio.

Se hace un silencio y se le humedecen los ojos. La muerte de su padre aconteció justo después de que la artista padeciera una larga neumonía, que la obligó a posponer el lanzamiento de este disco. Está pasando por un periodo difícil de su vida. "Es terrible, pero tengo que volver al trabajo. Por ahora, mi hermana está ayudando, pero volveré en cuanto tenga un hueco –cuenta con nostalgia–. Tenemos una cabaña entre el bosque y el mar, a 20 minutos de Nanaimo. A mis hijos les encanta ir. Lo llaman su 'happy place' (el lugar de la felicidad). Una vez les pregunté si les gustaría vivir allí. Siempre me contestan que no, para ellos es su refugio, su lugar soñado, no se imaginan yendo allí a la escuela. Pero sí puedes ver a las águilas sobre tu cabeza, contemplar a las ballenas, quedarte absorto mirando el firmamento."

MH. ¿Todo tiempo pasado fue mejor?

DK. No, no estoy de acuerdo con esa idea. Creo que sucede como en la película de Woody Allen, 'Midnight in Paris'. La imagen que tenemos del pasado es siempre más bella y evocadora de lo que realmente fue la realidad. Imagínate lo que sería retroceder al tiempo de mis abuelos y conocer la dureza de sus vidas, lo que debía suponer el hecho de no poder tener antibióticos, por ejemplo. En realidad, lo único que se debe mantener del pasado es el recuerdo. Tengo en casa un cuadro del pintor canadiense E.J. Hughes de 1969, que representa la bahía de Nanaimo. Sé que es una imagen romántica, pero creo que es así como debe existir en la memoria.

MH. ¿Esta dimensión romántica y melancólica de la que habla se puede encontrar también en su música?

DK. Sí, la música te hace comprender realmente qué es lo que sigue dentro de ti, pero también lo que has perdido. Por eso llevo siempre encima la grabación que te mostré antes. Siempre he creído que la música puede hacerte sentir que estás en tu hogar, aun estando muy lejos de él.

MH. Hablemos de la mujer y de la industria de la música. ¿Cree que, a diferencia de a los hombres, a las mujeres se les exige en este sector ser siempre jóvenes, sexys y provocativas?

DK. Creo que la cuestión no se debe plantear como una comparación entre hombres y mujeres, sino en si controlas o no aquello que quieres expresar. Lo importante, como mujer artista, es poseer un discurso que quieres defender y que, aunque tenga un fuerte componente sexual, si es propio, hay que ser capaz de pelear por él. No creo que ningún hombre le haya dicho a Nicki Minaj lo que tiene que cantar o lo que tiene que hacer en un videoclip. Lo mismo sucede con Lady Gaga o con Madona son mujeres muy poderosas que se expresan por sí mismas.

MH. ¿Pero cree que se mide con la misma vara a hombres y mujeres en la industria musical?

DK. Ciertamente, si eres mujer es mucho más difícil que te reconozcan por tu trabajo, por lo que haces. Björk ha publicado un artículo muy interesante sobre este tema. De alguna manera, en este mundo es fácil que el trabajo de una mujer acabe siendo controlado por los hombres. Por esa razón, es importante luchar por tener siempre el control de tus propias decisiones y, además, tener el coraje de expresar lo que piensas.

MH. He leído que le encanta España.

DK. Sí, claro. He estado muchas veces. Conozco Vitoria, Granada, Madrid, Bilbao, Barcelona... Me encanta San Sebastián. En Cambrils hice uno de mis conciertos más bellos, a la orilla del mar y con un cuarteto de jazz. Fue maravilloso.

MH. ¿Y qué es lo que la cautivó de nuestro país?

DK. La sensualidad que está presente en todo. La comida, el arte, poder salir y disfrutar de la vida en la calle. Me gusta España. Es un lugar donde puedo relajarme. Además, te vas a reír, pero una de las cosas que más me gusta es el vinagre español. Desde que lo probé, no he dejado de utilizarlo. Cada vez que salgo de España me tengo que llevar en la maleta todas las botellas de vinagre que quepan y que me dejen. También me encantan el jamón ibérico y el vino tinto. 

 

Flores pop con alma de Jazz 

-Diana Krall es la única cantante que ha situado ocho de sus álbumes en lo mas alto de la lista de jazz de la revista Billboard. Además, ha recibido cinco premios Grammy y ocho premios Juno, nueve discos de oro, tres de platino y siete de multiplatino.

-Su nuevo álbum, 'Wallflower' (Universal), contiene clásicos de Bob Dylan, Elton John, The Mamas and the Papas, y una nueva composición de Paul McCartney.

 

Las autoras frente a la industria musical (y su rollo masculino...)

"En este mundillo, todo lo que dice un chico una vez tú tienes que decirlo cinco para ser escuchada". Björk, en la revista Pitchfork.

"Me parece insultante que alguien como yo no pueda tener ideas propias si no son respaldadas por algún rubio de ojos azules". M.I.A., en Pitchfork.

"Encuentro decepcionante cuando me presentan como la «musa vocal» de mi música cuando fui yo quien o coescribió cada una de las putas canciones". Solange Knowles, en Twiter.

"Todas mis batallas fueron contra egos masculinos. Busco equidad, no dominacion". Joni Mitchell, en New York Mag.