Entrevistamos a Estrella Morente en el 'backstage' minutos antes de un recital de arte que ofrece, dentro del ciclo 'Cómplices de Mahou', en la sala Joy Eslava de Madrid. Es un concierto íntimo, en familia y sin cobertura. Como los de antes. De los que emocionan y ponen los sentimientos a flor de piel. Porque Estrella Morente es sentimiento, es una mujer a corazón abierto, es serena, transmite paz, y los ojos le brillan constantemente, pero de un modo muy especial cuando habla de su padre. ¿Saben lo que es el 'duende' del que hablan los flamencos? Yo tampoco lo sabía hasta que la conocí.

Nuestra conversación apenas dura 10 minutos, pero es tiempo suficiente para que Estrella Morente me cautive. Es una de esas personas que te atrapa con sus enormes ojos oscuros y te tranquiliza el alma al hablar. Porque incluso cuando habla, parece que hace música. "Transmites paz", le digo, y sonríe ruborizada mientras me devuelve, por cortesía, un halago. Tiene magia, un 'ne sais quoi' con acento de 'graná' que es puro arte.

Asegura que "el flamenco es verdad, es sentimiento, es pureza. Y eso es lo que hay que cantar y que contar para que se te meta directamente en la piel. Es una música del alma, de la raíz y de la tierra. Es sincero porque es espontáneo". Y ella lo lleva en las venas. Eso sí, nunca le han 'obligado' a dedicarse a esto que tanto le apasiona. "En mi casa nunca nos han obligado a escoger la rama del arte, pero al final todos la hemos elegido en algún momento. Lo importante es seguir este camino con mucho respeto, honradez y cariño. E igual que hicieron conmigo, haré yo con mis hijos si un día me dicen que quieren dedicarse a esto".

Hija de cantaor y bailaora, toda su estirpe es flamenca y, como si de un poema de Lorca o un cuadro de Julio Romero de Torres se tratara, Estrella Morente está casada con el torero Javier Conde, con el que tiene dos hijos. ¿Cómo ha influido esto en su carrera?, le preguntamos. "Ser hija de Enrique Morente es lo mejor que me ha podido pasar. Morente es sinónimo de bondad, de cultura. De arte. Ha sido alguien mágico, y solo ha traído cosas bonitas. Todo el mundo me habla de él como alguien inigualable, pero no podemos olvidar que la vida sin exigencia ni responsabilidades no tiene chispa."

Cuando habla de su padre le brilla aún más la mirada, y se lo digo. "Y no lloro porque tengo que dejar de llorar ya", sentencia. Y es que Estrella es pasión en estado puro, y asegura que "el flamenco me sirve para transmitir cualquier sentimiento, es mi mejor manera de comunicar".

Si le preguntamos si este arte está lo suficientemente reconocido en nuestro país, lo tiene claro: "el flamenco nunca debería haber sido una música de minorías, pero todo tiene su momento y su lugar. Ha evolucionado mucho y ahora suena en los mejores escenarios del mundo. He tenido la suerte de ver a mi padre en los mejores teatros del mundo, de Madrid a Nueva York, a Londres... He visto como Leonard Cohen iba al camerino a darle un abrazo. Ahí te das cuenta de que el flamenco es algo muy grande. Dentro y fuera de España he tenido la suerte de vivir flamenco de primera categoría, y también se vive muy bonito en reuniones en peña". Pero, ¿cómo lo vive ella desde el escenario? "Siempre actúo con el alma, a ciegas".

Y su mirada vuelve a brillar empañada al reconocernos que "sueño con volver a compartir escenario con mi padre, eso seguirá siendo un deseo imposible mientras viva. Y al terminar, brindaría con él (con una Mahou fresquita como la que tiene en las manos mientras charlamos)".

Si esto no es tener duende, que alguien nos expliqué qué es.