Gracia Querejeta: "Los jóvenes no pueden soñar. Lo que ven a su alrededor es aterrador"

  • Paro, educación, violencia, soledad... son los ingredientes con los que la directora ha elaborado su última película, “15 años y un día”, y de los que habla sin censura en esta charla.

A Gracia Querejeta su padre la obligó a estudiar una carrera universitaria antes de ponerse detrás de una cámara, que es lo que a ella le gustaba, y se licenció en Historia Antigua. Ser la hija de uno de los productores de cine más importantes de este país la ayudó. De hecho, sus seis películas anteriores han sido coguionizadas y producidas por él. Pero, por primera vez, Elías no ha tenido nada que ver en esta última producción: “15 años y un día”. El título de la película, que responde a la edad del protagonista, suena sin embargo a condena y, en el fondo, lo es: la que tienen que pagar hoy día las madres de adolescentes para educar a sus hijos, mucho más si están solas y, peor aún, si no tienen trabajo.

La historia es redonda –pocos personajes muy bien definidos– y el guión, ambicioso: problemas laborales, educación deficiente, el recurso de los abuelos, emigración precaria, jóvenes sin alicientes, divorcio, soledad, violencia...
El resultado, de momento, no ha podido ser mejor. “15 años y un día” se ha estrenado en el Festival de cine de Málaga y ha obtenido la Biznaga de Oro a la mejor película, además de la de Plata al mejor guión, a la mejor banda sonora y el premio de la crítica. El estreno en los cines será el próximo 14 de junio.

Mujer hoy. ¿Será esta la primera entrevista que le hagan sin que le pregunten por su padre, Elías Querejeta?
Gracia Querejeta. Supongo que sí. [Risas]. Además, ya hemos contado los dos cincuenta mil veces cuál era nuestra relación profesional y personal.

P. Hablemos entonces de su madre, diseñadora de vestuarios: ¿qué tal adolescencia le dio?, porque de adolescentes tremendos va esta película.
R. ¡Uy! Durante algún tiempo fue una relación muy conflictiva, nos juntamos niña brava y madre brava, y ahí había sus más y sus menos; pero fue más una primera adolescencia; luego, a partir de los 15 o 16 años, la cosa ya se encarriló poco a poco.

P. Es que, nunca como ahora, ha durado tanto la adolescencia… La idea de esta historia está basada en una experiencia personal, ¿su hijo vengó con generosidad a la abuela?
R. No, la verdad es que mi hijo es un niño cariñoso y muy cercano, y a él no le pasó nada de lo que ocurre en la película; pero es verdad que todo partió de un día que íbamos los dos por la calle y hubo un cruce de miradas muy peligroso entre él y un grupo de chavales, con el que yo me quedé espeluznada.

P. ¿Dedujo que se conocían?
R. Se conocían, pero él no actuó como si fuera así; y los otros, tampoco, aunque era obvio que sí y que habían cruzado más de una palabra. Eran una mezcla de españoles y sudamericanos de aspecto agresivo y chulesco. Me dio mucho miedo porque eso coincidía también con que él, en el cole, se estaba empezando a juntar con lo mejorcito del lugar; y de ahí nace esta película.

P. ¿Su hijo la ha visto?
R. Sí y se ha reído porque reconoce algunas de las expresiones, pero no te creas que ha comentado mucho más.

P. ¿Cómo es su relación con él?
R. La verdad es que nos llevamos muy bien y me siento muy afortunada. Nos gritamos tres o cuatro veces al día a causa de su desor-den y ya sabe que no le planchamos más la ropa porque sigue metiendo las cosas echas un “burruño” en el armario. ¡Un clásico!

P. En su última película ha abierto muchos frentes. Vamos por partes: la educación en el colegio.
R. La secuencia de quitar las bisagras de la puerta para que el profesor, al abrirla, se pegue un leñazo ya la hice yo en el colegio; pero no teníamos la agresividad que hay ahora y, al mismo tiempo, éramos muy buenos estudiantes y los profesores recuperaban enseguida la autoridad porque había unos límites muy claros. Ahora hay chavales que pegan a los profesores y padres que, agobiados por la situación, acaban pegando también a los profesores.

P. Además, nuestro sistema educativo es de los más caros de Europa y tenemos, casi, el peor nivel de todos, con diferencia.
R. Somos de los países con más fracaso escolar. Tendría que haber una clara voluntad política de lograr un gran pacto entre partidos.

P. Esto, que parece obvio, resulta imposible en España: llevamos seis presidentes de Gobierno y ocho leyes de educación distintas.
R. La política educativa en este país es un despropósito total: es auténico un caos, porque no se pueden estar cambiando las leyes cada cuatro o cada ocho años. Es una vergüenza. También hay padres maltratados por sus hijos que recurren a los responsables de la comunidad autónoma para que se los lleven porque no pueden vivir con ellos. ¡Es un horror!

P. Algo falla, está claro, cuando tantos niños están medicados por déficit de atención a los ocho años y cuando van al psicólogo antes de cumplir los 10.
R. Ahora se dramatiza demasiado con muchas cosas. Mi hijo era muy, muy movido, ¡movidísimo!, y nunca se me pasó por la cabeza medicarlo. Si empiezas así, con 12 o 13 años, ¿cómo vas a acabar? No caí en esa dinámica. Lo que hice fue cambiarlo a un colegio más pequeño. Al principio estaba muy cabreado y lo pasó mal, pero a los cuatro meses empezó a despegar.

P. Maribel Verdú da vida a una viuda joven, que no tiene problemas económicos, pero está sin trabajo y su hijo la desborda.
R. Es un personaje de una fragilidad tremenda en el que, pese a que le dejaron la vida resuelta, se une un pasado complicado y la frustración de no trabajar. Pero se va liando un problema con otro y con otro, y ella no sabe cómo encauzarlos. Se desborda con poco, está claro, porque hay gente que tiene muchos más problema, muchos más hijos y menos dinero.

P. Otro de sus personajes plantea el divorcio después de los 60 años.
R.
Es que se tiende a pensar que, cuanto más tarde, es más complicado rehacer tu vida, sentimentalmente hablando; y no tendría por qué ser así, porque el amor puede aparecer a cualquier edad. Aunque de casi todo se recupera uno, las separaciones tardías son muy devastadoras, especialmente para las mujeres; porque, nos pongamos como nos pongamos, desgraciadamente para nosotras, no es lo mismo un tío de 60 que una tía de 60.

P. Tampoco ha dejado de lado el problema de los inmigrantes y el trato que dan muchos de ellos a sus mujeres.

R. En el grupo de violentos de la película hay tanto españoles como sudamericanos; es una fusión extraña y casi una bomba de relojería. He contado lo que he visto y no voy a ser políticamente correcta: el trato que dan los ecuatorianos a las mujeres es muy agresivo. Sin querer decir que todos los ecuatoriano sean violentos y agresivos, he contado una realidad que estamos viviendo, aunque también hay chavales jóvenes españoles violentos.

P. Resulta dramático que dos de los chicos se pregunten el uno al otro qué quieren ser de mayores y los dos digan que ¡nada!
R. Son muy sinceros. Y no quieren ser nada porque no están motivados. En mi época tampoco había muchos niños de 15 años que tuvieran una vocación definida.

P. A lo mejor a esa edad no teníamos vocaciones claras, pero sí la ilusión de ser médicos, bailarinas, monjas, futbolistas…
R. Sí, efectivamente, teníamos ilusiones; ahora, hay un desencanto social general que, evidentemente, está influyendo en la gente más joven. Si nuestros hijos adolescentes nos ven a nosotros agobiados, atacados, intentando mantener un trabajo como buenamente podemos, viviendo situaciones laborales muy complejas... ellos se retraen, porque sus sueños quedan cercenados. Los jóvenes no pueden soñar porque lo que ven a su alrededor es demasiado complicado y aterrador.

P. La madre desesperada, viendo la deriva de su hijo, decide mandarlo con el abuelo, que es militar, vive solo, está jubilado y divorciado, pero al que cree con autoridad suficiente para enderezar al niño.
R. Sí, luego el niño le da sopas con ondas y, al final, el que cambia es el abuelo. El adolescente está colocado al borde de la muerte, en un abismo total, y eso hace que todo se sacuda a su alrededor.

P. Su hijo ahora tiene 18 años, ¿y padre en casa?
R. No, yo me separé de mi exmarido cuando mi hijo tenía dos años.

P. ¿Escribe este tipo de guiones para quitarse de encima alguno de sus miedos?

R. Sí, totalmente, para exorcizar los miedos y porque es una manera de sacarlos fuera y de que no se cumplan los terrores.

P. ¿Funciona esta terapia?
R. No sé si funciona o no, pero a mí me deja mucho más tranquila.

P. A quien no va a tranquilizar nada es a las madres de adolescentes que vayan a ver la película.
R. No les estoy contando nada que ellas no sepan. Seguro que habrá mucha gente que se reconozca en alguno de los papeles.

P. Con este panorama que nos pinta, ser madre de adolescente hoy requiere de un esfuerzo titánico.
R. Sobre todo si además no tienes trabajo y en tu familia hay miembros en paro. Ser madre de adolescente casi siempre va a ser complicado, pero en una situación de crisis como la que estamos viviendo, lo es todavía más. A mí me hace mucha gracia eso de que “el dinero no da la felicidad”, porque lo cierto es que el dinero resuelve muchos problemas; a lo mejor no todos, pero no me cabe la menor duda de que resuelve unos cuantos; y el que diga lo contrario será porque nunca ha tenido “falta de” o porque a su alrededor no ha visto “falta de”...

P. La cifra es demoledora: el 55% de los jóvenes está en paro.
R. ¡Es una barbaridad! ¿Qué ilusión pueden llegar a tener los adolescentes? ¿En qué van a soñar si su hermano de 22 años no encuentra trabajo ni a tiros? Ellos, con 15 años, piensan que se van a quedar igual, en su casa a verlas venir. ¿De dónde pretendemos que saquen la energía, la motivación, las ganas de...? No es nada fácil con el panorama que tenemos.

P. Los recortes también llegan al cine, los costes y la crisis obligan a rodar películas en cuatro o cinco semanas.
R. Se están haciendo con presupuestos ínfimos. No es que sean películas “low-cost”; es que son “no-cost”. No se puede pensar que la industria va a funcionar así porque, entonces, no podremos vivir y yo aspiro a poder pagar las facturas con mi trabajo.

P. Su relación con Maribel Verdú va más allá de la de directora y actriz, ¿qué le parece la polémica surgida a raíz de sus palabras en la última gala de los Goya?

R. Fue totalmente injusta. Maribel y yo somos amigas y sé cuál era su intención al decir eso. Lo que ocurrió es que en la plataforma de los Goya, que destila glamour y éxito, no se interpretó bien por lo que envuelve la papeleta. La gente de la calle también debe saber que nosotros estamos sufriendo un paro bestial. Ese oropel de la gala de los Goya es así porque se trata de una fiesta, también para la televisión, pero por debajo de ese brillo hay mucha gente en paro o trabajando precariamente. Están despareciendo salas de cine cada día y la piratería nos hace un daño enorme.

P. ¿Alguna vez se ha bajado una película gratis de internet?

R. ¡Nunca! ¡Jamás de los jamases! Pero seguro que mi hijo lo ha hecho alguna vez y sus amigos, también. Entiendo que no se gasten el dinero en algo que pueden bajarse gratis si, encima, tienen tan poco. Eso está clarísimo y se entiende muy bien, pero al final es una cuestión de educación. Esta generación ya está perdida, esperemos que la siguiente entienda que hacer eso es como entrar en un establecimiento y robar dos botellas de whisky. ¡No se puede!

P. Por cierto, ¿le impresionó cumplir los 50?
R. En todas partes ponen eso de “Madrid, 1962” [Risas]. ¡No hay manera de engañar! Aunque si me lo preguntan digo que 48, por si cuela. Está claro que los 50 no se cogen de la misma manera que los 40. Los 40 se cogen como Dios y los 50... con miedo. Y los 60... ¡Échate a temblar! Para los 60 todavía me quedan… Esto de la edad me impresiona mucho, ¡para qué lo voy a negar!